MISIÓN: SALVAR LA TIERRA
MISIÓN: SALVAR LA TIERRA EE.UU., 1987
Título original: Star Trek IV: The Voyage Home
Dirección: Leonard Nimoy
Guión: Steve Meerson, Peter Krikes, Nicholas Meyer.
Producción: Paramount Pictures
Música: Leonard Rosenman
Fotografía: Don Peterman
Duración: 119 min.
IMDb:
Reparto: William Shatner (James T. Kirk); Leonard Nimoy (Spock); DeForest Kelley (Leonard McCoy); James Doohan (Montgomery Scott); George Takei (Hikaru Sulu); Walter Koenig (Pavel Chekov); Nichelle Nichols (Uhura); Jane Wyatt (Amanda); Catherine Hicks (Dr. Gillian Taylor); Mark Lenard (Sarek); Robin Curtis (Saavik); Robert Ellenstein (Presidente); John Schuck (Embajador Klingon); Brock Peters (Cartwright)

¿De qué se trata?

¿Hay alguien ahí?
¿Hay alguien ahí?

Mientras los protas gozan de unas vacaciones forzadas en Vulcano, cortesía del Señor Amnesia Spock, la Tierra está otra vez en problemas. Una nueva presencia alienígena capaz de anular todos los aparatos defensivos terrestres, comienza a hervir los mares, amenazando con exterminar a la Humanidad. El almirante Kirk, que pasaba una vez más por ahí con los suyos a bordo de una navecita klingon robada en la entrega anterior, descubre que la nave sonda alienígena está tratando de comunicarse con una especie inteligente que, ¡oh sorpresa! no son los humanos sino las ballenas, y que hierven los mares buscándolas con espíritu de niño desordenado levantando la ropa sucia tirada en el suelo para descubrir su juguete favorito. Por esas casualidades del guión, hay un sistema experimental nunca probado (otro más) para regresar en el tiempo, que permitiría a la tripulación regresar al siglo XX, sacar algunas ballenas y reimplantarlas en pleno siglo XXIII, para que ellas de alguna manera resuelvan el entuerto creado por los mismos humanos al extinguirlas. El resto de la película es ver a los tripulantes del Enterprise haciendo el payaso en San Francisco, 1986.

El espíritu de los tiempos

-¿Klingons? -No, Simpsons
-¿Klingons? -No, Simpsons

En la tercera entrega había quedado casi todo bien amarrado, salvo los eventuales cargos de insubordinación contra Kirk. Ahora podían filmar una historia independiente a la que sacarle jugo. ¡Y de qué manera! La cuarta parte sigue una premisa bien simple: ¿qué pasaría si los adorables personajes de fantasía (¡perdón, del siglo XXIII!) aparecieran en nuestra realidad (¡perdón, en 1986!)? Y le sacan bastante partido a la idea. No hay que olvidar que esta película fue hecha en plena Era Reagan, y es todo lo políticamente incorrecta que puede. Abajo los militares y la Guerra Fría, arriba el pacifismo, el ecologismo y la preservación de las especies, es la consigna. Algo que estaba siempre solapado en la serie, pero que ahora se manifiesta con más crudeza que nunca.

¿Por qué verla?

Me voy a hacer de oro curando catarros
Me voy a hacer de oro curando catarros

Terminan por fin de amarrar todos los cabos sueltos de las dos anteriores, evitando alargar las subtramas pendientes y ahorrándonos más entregas en tono de culebrón. Gracias a Dios.

Los fanáticos pueden estar de plácemes por ver a sus personajes de siempre interactuar con el mundo real. El carácter vulgar y chabacano de Kirk encaja a las maravillas con el San Francisco de los ´80s (la Sodoma de la época y cuna del SIDA, entre otras cosas); no en balde confiesa haber aprendido el estilo de la época en sus grandes clásicos literarios: Harald Robbins, Sidney Sheldon... El misticismo de Spock le hace un buen sucedáneo de adepto a la New Age. El doctor McCoy rabea con lo que para él es el atrasado arte de los matasanos de la época (¿Diálisis al riñón? ¿Qué es esto? ¿La Edad Oscura?) Y así sucesivamente. Es para desternillarse de risa ver al ruso Chejov, con su mejor cara de inocencia, preguntarle a los del FBI por la ubicación de las naves nucleares.

Después de la filosófica Viaje a las estrellas, la operática Viaje a las estrellas II y la mediocremente aventurera Viaje a las estrellas III, ver una entrega con ideas serias, pero elaborada en tono de comedia ligera y con cierto distanciamiento irónico, no puede ser más refrescante. Después de todo, no todas las pastas han de ser acompañadas con salsa boloñesa, ¿no?

La madre del cordero, digooo, del ballenato
La madre del cordero, digooo, del ballenato

La premisa de fondo es escalofriante. ¿Quién dijo que somos la especie más inteligente y digna de atención sobre la Tierra? La sonda llega para conversar con las ballenas, y no sólo ponen en peligro a la Humanidad en conjunto, sino que ni siquiera la consideran a la hora de usar sus más bien expeditos métodos de comunicación. Para colmo, nunca nos enteramos qué clase de inescrutables secretos sobre la vida, la muerte o el universo pueden haber conversado las ballenas con los alienígenas. Tampoco es posible abrir una forma de comunicarse con ellos. Irónico... y terrorífico.

Ideal para: Reírse un rato con los personajes de toda la vida, y entrar en trance ecologista-ambientalista.

© Félix Capitán,
(663 palabras) Créditos Créditos
Publicado originalmente en Cine 9009 como Viaje a las estrellas IV: El regreso a casa