ASIMOVīS, Enero 2011
Asimovīs, Enero 2011 Varios
Título original: Asimovīs Science Fiction
Año de publicación: 2011
Editorial: Dell Magazines
Colección: ---
Traducción: Sólo en inglés
Edición: Enero 2011
ISBN:
Precio: 4,99 USD
Comentarios de: Rafael Ontivero

En el editorial de este número, Sheila Williams reconoce la labor de Martin Gardner en relación a la matemática recreativa (y a su propia carrera personal) y como mención póstuma vuelve a publicar THE BACKWARD BANANA, uno de los relatos con puzle que solía escribir, años ha, en su sección de la revista. Dado mi pobre entendimiento del inglés, apenas he entendido nada del cuento, aunque luego, en medio de la revista, se publica la solución al mismo...

En las Reflections Silverberg hace un homenaje a los poemas que describen o tienen que ver con las ruinas, citando el primero de todos en lengua inglesa: THE RUIN. También relaciona dichos poemas con las novelas de ciencia-ficción en las que aparecen.

La tercera sección de la revista, On the net, menciona cómo Internet cambia el mapa de nuestro cerebro y nuestra inteligencia, y hace que las personas puedan fijar menos la atención.

Este número trae dos poemas que no he leído. Sí que he leído INTERLOPER de Ina McHugh, pero como si no lo hubiera hecho, porque no me he enterado de nada. Hay un grupo de gente que va realizando algún tipo de actuación por las ciudades (supuestamente en una civilización post-apocalipsis) y salvando de no sé qué a algunos.

La novella de este número, que ocupa casi la mitad del mismo, titulada KILLER ADVICE y escrita por la habitual de la revista Kristine Kathryn Ruth es, creo yo, un homenaje al género policíaco de ciencia-ficción que Asimov puso de moda. Tras tres asesinatos y un incendio dentro de una nave espacial, ésta tiene que atracar en una estación de mala muerte en medio de ningún lugar. Pero las muertes siguen sucediendo, y uno de los pasajeros, junto al dueño del sórdido hotel donde se han alojado, resuelven el caso. Ni se dan todas las pistas para que el lector lo resuelva por sí mismo ni el relato tiene mucho valor extrínseco, pero entretiene.

TWO THIEVES (Chris Beckett) lleva su acción en un mundo post-apocalipsis en el que los reos son llevados a una isla para que realicen trabajos forzados. Nuestros dos hampones son asignados a una excavación, durante la cual consiguen abrir un portal interdimensional, al que saltan por huir de su prisión, llegando a un mundo desierto en el que encuentran unos diamantes. Atiborrados con ellos vuelven a saltar por otro, llegando al centro de una ciudad completamente desconocida de la que ni siquiera entienden el idioma, y son perseguidos para robarles las joyas. Poca enjundia tiene, pero, como la anterior, entretiene.

DOLLY, DE ELIZABETH BEAR sí que tiene su cosa. Un personaje famoso y rico es encontrado muerto en su casa, junto a su chacha y esclava personal, un robot de compañía de ultimísima generación capaz de realizar las tareas de la casa... y otras cosas. La memoria está medio borrada, pero la investigadora no se engaña y llega a la conclusión de que el asesinato es llevado a cabo por la propia voluntad del robot, que muestra cierto grado de autoconsciencia...

Argumento aparte, es una amarga reflexión sobre las relaciones interpersonales y cómo la tecnología puede llegar a separar a la gente. El golpe final viene cuando la investigadora, al llegar a casa, intenta que su robot propio coja personalidad.

VISITORS (Steve Rasnic Tem) es otro de esos relatos casi kafkianos que dejan más descolocado que cualquier otra cosa. En el que nos ocupa, unos padres van a visitar a su hijo, que se encuentra en muerte suspendida porque es un criminal. Apenas pueden verlo unos minutos, lo que sirve para ciertas reflexiones sobre la sociedad descrita...

ASHES ON THE WATER, de Gwendolyn Clare es una clara advertencia ecológica para todos nosotros. La acción se lleva a cabo en una India con severísimas restricciones de consumo de agua en la que los ríos son bienes nacionales protegidos con toda la fuerza posible, incluso mortal. Tras la muerte de su hermana, le es negada la autorización para echar las cenizas al río que pasa por donde viven. La chica, que quiere ver cumplida la voluntad de la difunta, tras un par de intentos infructuosos de acercarse al río, decide viajar en dirección al mar e intentar arrojarlas en algún otro sitio. Ardua tarea que la lleva hasta la misma costa, en donde consigue, al fin, su objetivo... y también algo de perspectiva para la zona en donde vive. Es una tierna historia de voluntad, tesón y esperanza.

© Rafael Ontivero, (744 palabras) Créditos