La época de oro de la ciencia-ficción Latinoamericana, 31
ANTOLOGÍAS ARGENTINAS DE CIENCIA-FICCIÓN
por Gastón Germán Caglia
NUEVOS CUENTOS ARGENTINOS

Una característica distintiva de la ciencia-ficción en la literatura latinoamericana fue su desarrollo y posterior consolidación gracias al esfuerzo de las revistas especializadas y de sus propios autores, muchas de las veces con resultados económicos negativos, en particular a mediados del siglo XX.

Gracias a este esfuerzo, la literatura de género pudo ganarse un lugar entre los lectores mientras el canon literario, literalmente, lo ninguneaba relegándolo a un lugar marginal. Sin embargo, pasada la segunda mitad del siglo XX, fueron los mismos autores quienes buscaron difundir sus obras, mayormente cuentos y relatos, mediante la publicación de compilaciones en forma de libros.

En Argentina, este fenómeno no fue menos fecundo, a tal punto que en la década de 1960 se sucedió una serie de publicaciones, dispares, anárquicas, sin un norte común más que el de llegar a los lectores, que ya eran un sector nada desdeñable.

No olvidemos que para esa época ya había visto la luz El Eternauta y, por otra parte, el proyecto editorial de Abril, la revista Más Allá­, duró unos cuatro años y supo dejar una huella, lo que permitió que entrada la década de los 1960 se contara con un corpus de revistas e historietas, algunas de publicación efímera, pero que dejaban entrever que el público estaba allí.

Durante esa década, y en poco menos de cinco años, se sucedieron en Argentina una serie de publicaciones que dan fundamento al título del artículo y que describo brevemente a continuación.

Ecuación fantástica. 13 cuentos de ciencia-ficción por 9 psicoanalistas

Dalmiro Sáenz
Dalmiro Sáenz

En 1966 Editorial Paidós convocó a un grupo de psicólogos para escribir cuentos de ciencia-ficción. Cuanto menos suena como una idea bastante novedosa y extraña. Con presentación de Dalmiro Sáenz y prólogo de Emilio Rodrigué, se publicaron, entre otros, los siguientes relatos: LAS DOS CHICHARRAS y EL CAMBIO, ambos de Marie Langer. LA FIESTA, de Raúl J. Usandivaras. EL AMOR DE LOS TERRÁQUEOS, de Alberto J. Campo. LA SUSTANCIA, de León Grinberg. ENROCANDO, de Emilio Rodrigué o LA ESPERA, de Jorge M. Mom.

Dijo Sáenz en la presentación de la obra:

Suele ocurrir que el científico, el filósofo o el técnico salten del marco de su disciplina y del rigor de su vocación para dar libre juego a su imaginación creando perspectivas fantásticas para su ciencia o para el mundo. Los ejemplos abundan, siendo los más conocidos los del astro-físico Hoyle (LA NUBE NEGRA), el físico atómico Zilard (LA VOZ DE LOS DELFINES) y el padre de la cibernética Norberto Wiener (DIOS Y EL GOLEM). Lo mismo no ha ocurrido en el terreno de las Ciencias del Hombre, lo que no deja de ser un fenómeno significativo. ¿Estará la imaginación más trabada o comprometida en este campo? Antes de contestar este interrogante conviene leer esta serie de cuentos donde un grupo de psicoanalistas calificados también rompen el contexto de la situación analítica para hilar en la trama del juego maravilloso de las fantasías. Ellos les hablarán del futuro y de muchas otras cosas; del recuerdo de la magia perdida por el conocimiento, de la magia recobrada como anticipo de lo que vendrá. Y los lectores determinarán el porvenir de estas creaciones en el inconmensurable espacio intra y extragaláctico así explorado. Ediciones Hormé les da la bienvenida...

Sáenz fue muy elocuente, se preguntaba por qué se establece una distinción entre escritores provenientes de las ciencias duras y los científicos sociales. En este caso, los psicoanalistas abandonaron sus divanes para adentrarse en la materia.

Memorias del futuro

En 1966 Eduardo Goligorsky y Alberto Vanasco publicaron por Minotauro una compilación de relatos breves de su autoría. Fue un compendio de relatos breves de 200 páginas de lo mejor de ambos autores.

Cuentos argentinos de ciencia-ficción

CIENCIA-FICCIÓN, Editorial Merlín

En 1967 acontece la primera publicación, propiamente dicha, de una antología de ciencia-ficción de escritores enteramente argentinos; recordemos que la antología anterior correspondía a psicoanalistas y no necesariamente escritores.

Publicado por Editorial Merlin en diciembre de 1967, se presenta como la primera selección argentina de ciencia-ficción. Se lee en la contratapa a falta de un prólogo:

Los doce autores que confluyen en este tomo originan, con él, la primera selección argentina de ciencia-ficción. Uno de sus encantos consiste en lo improbable de la mezcla: narradores, poetas, cineastas, un humorista...

Para luego hacer toda una declaración de intenciones respecto a la salud o autonomía del género, en Argentina, respecto al fantástico:

...No importa tanto si el género es una mera especie —‍perecedera, según Borges ‍— de la literatura fantástica, o si a partir del casi monopolio con que lo beneficiaron los anglosajones desde la última guerra mundial adquirió suficiente autonomía...

El libro recopila doce relatos breves escritos por destacados autores nacionales de la época, entre los que se incluyen obras de Juan Jacobo Bajarlía, Adolfo Bioy Casares, Marco Denevi, Eduardo Goligorsky, Alfredo Julio Grassi, Narciso Ibáñez Serrador, Pedro Orgambide, Carlos Peralta, Emilio Rodrigué, Dalmiro Sáenz, Alberto Vanasco y Alejandro Vignati.

¿Qué significa esto?que, junto a escritores vinculados con lo fantástico y la literatura de ideas, como Bioy Casares y Denevi, aparecen autores específicamente relacionados con la ciencia-ficción como Goligorsky, que también nadó en las aguas del policial, Orgambide y Vanasco.

Los relatos recorren la exploración espacial, el viaje en el tiempo, la tecnología, la mutación, la vida extraterrestre y los futuros posibles, pero el verdadero objeto es el presente y una crítica a la sociedad consumista y a la fe ciega en el progreso infinito de la ciencia.

Juan J. Bajarlía abre el libro con LA CIVILIZACIÓN PERDIDA. Luego le siguen: LOS AFANES, de Adolfo Bioy Casares; LAS ABEJAS DE BRONCE, de Marco Denevi; ACLIMATACIÓN, de Eduardo Goligorsky; MENSAJE A LA TIERRA, DE Alfredo Julio Grassi; LA META ES EL CAMINO, de Dalmiro Sáenz; PARANOIA, de Alberto Vanasco, entre otros.

Ciencia-ficción. Nuevos cuentos argentinos

Juan Jacobo Bajarlía
Juan Jacobo Bajarlía

Un año después, en 1968, Editorial Calatayud-Dea, con prólogo de Alfredo Grassi y Alejandro Vignati, presenta once relatos que se encuentran más orientados hacia lo que en la lengua inglesa se denominó New Age, pues los relatos apuntaban más a lo psicológico de los personajes y al entorno social o a la impronta que dejaban en la sociedad los cambios tecnológicos.

Asimismo, Grassi y Vignati plantean una sencilla historia de la ciencia-ficción argentina, desde la ciencia-ficción inconsciente (Holmberg, Lugones, Quiroga), pasando por una ciencia-ficción extraplanetaria (Oesterheld, Seymour), hasta la magia-ficción de Borges.

Una característica digna de destacar es que, en un amplio porcentaje de los relatos, sus tramas acontecen en territorio argentino, algo que años atrás hubiera sido impensable, en particular por esa idea imperante en todo el subcontinente de que en tierras en donde no ha avanzado la ciencia no puede haber ciencia-ficción y, por lo tanto, tampoco son creíbles tramas en que los hechos ocurran en estas tierras. Cosas que se pensaban.

Componen esta edición obras de Juan Jacobo Bajarlía (MAC CAIN), Eduardo Goligorsky (EL ESPÍA), Alfredo Julio Grassi (LOS HEREDEROS­), Héctor G. Oesterheld (DOS MUERTES), Marco Denevi (BOROBOBOO), entre otros. Como verán, empiezan a repetirse algunos nombres que luego serían señeros en la ciencia-ficción argentina.

Finalmente, ese mismo año, 1968, se publica LOS ARGENTINOS EN LA LUNA por Ediciones de la Flor.

En esta oportunidad la antología fue compilada y prologada por Eduardo Goligorsky, quien aplica una lógica bastante sencilla y clara: abre con un fragmento de la obra de Eduardo Holmberg, VIAJE MARAVILLOSO DEL SEÑOR NIC-NAC, de 1875. Esta es una obra muy propia de fin de siglo XIX .

LOS ARGENTINOS EN LA LUNA

Luego acompañan a Holmberg autores contemporáneos que representan la ciencia-ficción moderna en lo que es una construcción genealógica argentina del género, pues Capanna, Gorodischer, Vanasco, Oesterheld, Goligorsky, entre otros, representan esa ciencia-ficción moderna, que no hace otra cosa que alegorizar su sociedad, conscientemente mediante la sátira utópica o antiutópica o inconscientemente mediante las angustias y los deseos de su época.

Esto es importante de destacar pues la elección establece que la ciencia-ficción argentina no comienza con las revistas especializadas ni con la influencia norteamericana de mediados del siglo XX, sino que reconoce una suerte de prehistoria local, aunque también latinoamericana, de la imaginación especulativa que muchos autores han denominado proto ciencia-ficción, amparada en pseudociencias como el espiritismo o la telekinesis, pero amalgamada con el naciente racionalismo positivista.

Además, hay que tener presente que esta antología se publicó en 1968, en pleno contexto de la dictadura instaurada en 1966 por Juan Carlos Onganía durante la cual el clima cultural estuvo marcado por una fuerte censura.

Algunas conclusiones:

Para Argentina los años 1960 del siglo pasado fueron una época de revolución social y económica, de apertura hacia los autores extranjeros y de consolidación de un grupo de autores que hicieron suyo el género: Capanna, Gorodischer, Vanasco, Oesterheld, Goligorsky, Juan Jacobo Bajarlía, Alfredo Grassi y Alejandro Vignati, entre muchos otros autores que hicieron a un costado sus profesiones para escribir mirando a las estrellas, pero con los pies en la tierra, en esta tierra. Por ello también esta década fue un momento de grandes, y tristes, acontecimientos políticos que no hicieron más que mostrar un adelanto de lo que sería la sangrienta década siguiente.

En la ciencia-ficción argentina de los sesenta, los temas que abordaron los escritores marcaron el extrañamiento de ese presente político e histórico, tanto regional como mundial. En este sentido, los planetas lejanos, las máquinas o las súper computadoras funcionaron como un escenario secundario ante preguntas que tenían más que ver con ese presente y la sociedad en la que estaban viviendo los autores. Recordemos que, por citar algunos casos, como Angélica Gorodischer sufrieron la censura cultural y el aislamiento literario, Eduardo Goligorsky debió emigrar a España y Héctor G. Oesterheld fue desaparecido.


Notas
© Gastón Germán Caglia,
(1.617 palabras) Créditos