Sinopsis
Sin fecha estelar. En DS9 se encuentra Martus Mazur, un el-auriano al que Odo arresta por estafa. Martus comparte celda con un anciano alienígena llamado Cos, que fallece al poco, pero dejándole al el-auriano un extraño artefacto lúdico que parece traerle buena suerte, pues Odo le pone en libertad cuando la pareja que le acusó retira los cargos en su contra. Con el peculiar dispositivo de apuestas, y utilizando a una mujer bajorana, Martus abre un local de juego, dotado con versiones de mayor tamaño de la extraña máquina que le dio Cos, y empieza a hacerle la competencia a Quark, llegando a conseguir que Rom, harto de la cicatería de su hermano, trabaje para él.
Por otra parte, el jefe O´Brien está muy preocupado por su edad y forma física, que, según él, han quedado en entredicho al ser derrotado fácilmente por Bashir en un partido de racquetball. La rivalidad entre el ingeniero y el doctor de la estación será aprovechada por Quark, para intentar relanzar su negocio.

RIVALES es un episodio intrascendente, sin la menor relevancia en el devenir de la producción, pero moderadamente divertido.
El pícaro Martus tiene cierta gracia, con sus aires de play boy de rebajas de enero y sus intrigantes maniobras. Pero sólo es, a pesar de su indudable apostura física, un triste remedo del inimitable, inigualable e incomparable Harcourt Fenton Harry
Mudd de TOS.
La única función del personaje de Martus parece ser la de cabrear a Quark, y este sí que anima bastante el cotarro. Sobre todo, desde que, a partir de una en apariencia intrascendente conversación con O´Brien, decide aprovecharse de la situación entre el jefe y Julian en su propio beneficio. La interpretación de Armin Shimerman es, con enorme diferencia, lo mejor de capítulo tan mediocre.
Bueno, lo de Miles y el doctor no deja de tener su miga. A lo largo de los episodios y las temporadas, ambos se convertirían en los mejores amigos, pero eso todavía queda un poco lejos en este RIVALES. De manera que O´Brien se muestra no poco mosqueado con el médico, sobre todo cuando descubre que este le ha dejado ganar.

Por cierto, el juego en el que compiten O´Brien y Bashir, el racquetball, no es ninguna ocurrencia de Menosky, Trombetta o Piller, sino un deporte real, inventado en 1950 por Joseph Sobek.
Como había que meter ciencia-ficción por narices, se sacaron del magín lo de los neutrinos dentro de la estación, provocado por las máquinas de apuestas de Martus, y que produce graves alteraciones de las leyes de la probabilidad. El McGuffin, que diría el Maestro Hitchcok, es evidente, porque la verdad es que la explicación científica
de Dax chirría más que una bisagra falta de grasa. Sí, ya sé que, en lo que a ciencia-ficción se refiere, y más si es televisiva, a veces se le dan cien patadas a la ciencia. Pero es que aquí rizaron el rizo de la estupidez. ¿Hay alguien tan idiota para creerse que los accidentes de Kira, o la buena o mala suerte de alguien, pueda deberse a la influencia neutrínica de las dichosas maquinitas de Martus?
No me extraña que la de RIVALES esté considerada como una de las historias más plomizas de la segunda temporada, aunque, repito, este trekkie la encontró moderadamente entretenida. Pero, si alguien no ve este capítulo, no habrá perdido nada, porque su aportación a la continuidad de una serie que todavía no estaba plenamente asentada es nula.
Por suerte, el listón, que en esta ocasión casi rozó el suelo, volvería a alzarse con ALTERNO, donde conoceríamos al científico bajorano que crío
a Odo.
EE. UU.,