OXÍGENO
OXÍGENO Francia, Estados Unidos,
Título original: Oxygène
Dirección: Alexandre Aja
Guión: Christie LeBlanc
Producción: Alexandre Aja, Grégory Levasseur, Vincent Maraval, Brahim Chioua, Noëmi Devide
Música: ROB
Fotografía: Maxime Alexandre
Duración: 101 min.
IMDb:
Reparto: Mélanie Laurent (Elizabeth «Liz» Hansen); Mathieu Amalric (M.I.L.O.); Malik Zidi (Léo Fergusdon).
Comentarios de: Jorge Armando Romo

La ciencia-ficción francesa en formato cinematográfico sigue teniendo un gran atractivo. Si bien su llegada a plataformas resulta por demás esporádica, una vez que aparece una nueva expresión del género proveniente del país galo, resulta por demás interesante echarle un vistazo y disfrutar de una buena propuesta. Aunque hay que señalar que este cine no es para todo público debido al condicionamiento que nos ha llegado de los blockbusters estadounidenses. Y así pues, para el caso que nos ocupa, OXÍGENO (2021) se presenta como una cinta que aprovecha su bajo presupuesto para lucirse de la mejor manera posible.

Liz es una mujer que de pronto despierta en un ambiente cerrado. Rápidamente se deshace de una membrana que la envolvía por completo y descubre que se encuentra en una especie de cápsula tecnológica, misma que posiblemente está enterrada en algún lugar desconocido. Apenas y le queda una hora de oxígeno, por lo que debe buscar sobrevivir a como dé lugar. M. I. L. O. es la inteligencia artificial que la acompaña, misma que no siempre es cooperativa e intenta más de una vez hacer dormir de nuevo a la mujer o de plano practicarle la eutanasia. El tiempo corre y Liz comienza a recordar quién es mientras utiliza sus conocimientos científicos para tratar de sobrevivir.

La producción se presenta como un thriller de ciencia-ficción en el que el ambiente claustrofóbico se mantiene todo el tiempo. Dicho ambiente se consigue gracias al bajo presupuesto y la actriz francesa Mélanie Laurent, en quien recae prácticamente toda la película. Con el tiempo encima para la protagonista, la historia se convierte en un festín de sorpresas y giros de tuerca en los que no todo es lo que parece: los intentos de rescate de Liz, la naturaleza de su tumba tecnológica, y su verdadero origen garantizan que el televidente se mantenga anclado al sillón frente a cada descubrimiento.

El ambiente claustrofóbico también se resalta gracias a la banda sonora. A veces misteriosa y desesperante, y por momentos muy atmosférica, la música consigue disparar en el espectador un nuevo sentido de la maravilla luego de tanta fórmula de las producciones estadounidenses. Asimismo, dicha música cambia constantemente: desde provocar desesperación en la protagonista hasta hacerse mucho más apabullante luego de que se han revelado todos los secretos.

En su momento, la producción sufrió una serie de reveses y cambios de casting que, muy probablemente, permitieron que el guion de la historia se puliera y que los franceses tomaran el control total de la cinta. El cambio de actriz principal de Anne Hathaway a Noomi Rapace y finalmente a Mélanie Laurent ayudó a que la película tomara una dirección menos estadounidense y con un toque más experimental. Del mismo modo, el paso de varios directores en la producción hasta que el propio productor Alexandre Aja tomara la batuta como director de un proyecto que se estaba complicando ayudó de forma sustancial al desarrollo del planteamiento y el tono de la historia.

La relación con la Inteligencia Artificial, en un momento donde no existían los grandes modelos de ahora, resulta curiosa y por demás relevante para nuestros tiempos. M. I. L. O. se presenta como una máquina que automatiza y toma aparentemente decisiones sobre todos los sistemas, todo ello en un sentido por demás lógico y amoral. Pero es la presencia humana representada por Liz la que guía la ética que corrige a la IA, la que modifica sus parámetros para asegurar el buen funcionamiento de la cápsula y la que realmente maximiza las opciones para tratar de garantizar la sobrevivencia.

Luego de incontables finales felices, el cine y la literatura han buscado en las últimas décadas finales más oscuros y pesimistas. El regreso a los finales esperanzadores no apunta de nueva cuenta al final feliz más clásico, pero sí al más esperanzador. En esta línea, OXÍGENO se adhiere al movimiento narrativo del hopepunk en donde Liz, su protagonista, pese a los errores cometidos en el pasado, mostrará un verdadero deseo de supervivencia gracias al reconocimiento de sus defectos y su empatía con otros seres humanos.

En definitiva, un thriller de ciencia-ficción a la francesa muy bien logrado que hace mucho con pocos recursos. Repleto de sorpresas que solo aumentarán el interés del espectador, se trata de una curiosa cinta cuya dirección lleva la historia a sus límites y la rescata de convertirse en una película estándar más producida por la maquinaria hollywoodense.

© Jorge Armando Romo,
(737 palabras) Créditos