LA ACOMPAÑANTE
LA ACOMPAÑANTE EE. UU.,
Título original: Companion
Dirección: Drew Hancock
Guión: Drew Hancock
Producción: Zach Cregger, Roy Lee, J.D. Lifshitz
Música: Hrishikesh Hirway
Fotografía: Eli Born
Duración: 97 min.
IMDb:
Reparto: Sophie Thatcher (Iris); Jack Quaid (Josh); Lukas Gage (Patrick); Megan Suri (Kat); Harvey Guillén (Eli); Rupert Friend (Sergey); Jaboukie Young-White (Teddy); Matt McCarthy (Sid)

Supongo que en alguna ocasión habrá pasado un fin de semana de parejas en alguna ciudad coqueta y turística o una casa rural. No piense cochinadas, estamos hablando de amigotes que, al cabo de los años, se han emparejado y la pandilla se ha convertido en un grupo de parejas, y que ahora hacen cosas más tranquilas. Y en pareja.

Vale, LA ACOMPAÑANTE va de eso, de un grupo de parejas que acuden al llamado de un amigo al que la vida le ha ido muy bien para pasar unos días agradables en su lujosa casa de campo. Empezamos de la forma más empalagosa posible. Nos presentan a Iris (Sophie Thatcher) y a Josh (Jack Quaid) tonteando en un supermercado. Flechazo instantáneo, enamoramiento express y sin más preámbulos (que los habrá, eso por descontado) nos encontramos en la finca con lago de Sergey (Rupert Friend), el colega millonario al que los asuntos turbios sobrevuelan como un nubarron. El ambiente es puro postureo: copitas, ji-ji, jaja, chistes y un poquito de incomodidad porque Iris parece un pelín torpe socialmente y vive pegada a su chico.

Todo muy idílico.

En un momento determinado Sergey, al que suponemos mafiosote al uso, intenta propasarse con Iris, y ahí se acaba la comedia rosa y empieza el thriller salvaje, revelación asombrosa mediante: Iris no es una chica tímida e insegura, ¡es un robot de compañía de última generación! Toda esa dependencia enfermiza que mostraba con Josh no era amor, era simple programación.

A partir de ese momento todo se sale de madre, Iris descubre su verdadera naturaleza y toma consciencia de si misma. Nada de jugar con la ambigüedad de cara al espectador, eso queda para los primeros diez minutos, En lugar de imitar a EX MACHINA o M3GAN, estirando el misterio de si ¿es o no es un robot?, tenemos a Terminator con aspecto de dulce muchachita del Medio Oeste Americano, y vemos que ocurre cuando las dinámicas de poder giran 180º. Descubrimos que Josh, que parecía el novio perfecto y también un tanto torpe, es un tipo asqueroso que compró a su pareja ideal y manipuló su sofware usarla para sus retorcidos fines. Si, también para esos.

La película es un sin vivir. No hay escenas de relleno ni largos parlamentos. El ambiente es aún más inquietante puesto que la mansión de Sergey es de revista de decoración, nada de cabañas desvencijadas ni mansiones góticas, así que las barbaridades que vamos viendo desfilar por la pantalla se hacen extrañamente cotidianas, como si estuviéramos en un Ikea del horror. El protagonismo de Iris es todavía más inquietante puesto que al tratarse de un androide no cuenta con la pesada losa de la educación que cualquier humano al uso ha sufrido a lo largo de su vida. Lo que haya que hacer se hace y punto. Ni leyes de Asimov ni niños muertos, que hay que sobrevivir.

Esto contrasta con los demás androides que aparecen en la película, como Patrick (Lukas Gage) el novio cibernético de Eli (Harvey Guillén) otra de las parejas. En este caso, como su programación no ha sido manipulada, se comporta como lo que cree ser: el amoroso compañero de sus respectivo novio, demostrando incluso más humanidad que el malvado Josh.

Por supuesto, nos encontramos ante una comedia sangrienta, así que quienes vayan buscando rigor científico o tecnológico que lo busquen en otro lado. No se profundiza en el la tecnología de los androides más allá de lo que la trama exige, ni hay sesudas reflexiones sobre lo que supone el advenimiento de las Inteligencias Artificiales, esto no es UNCANNY, o THE ARTIFICE GIRL, esto es una comedia excesiva y descacharrante, en realidad la principal motivación de Drew Hancock es presentarnos una sátira sobre la posesión, el machismo y lo tóxico de muchas relaciones cuando una de las partes quiere moldear a la otra a su medida.

Como en toda comedia que se precie, si los actores no se creen sus papeles las situaciones, no necesariamente cómicas, no harían la menor gracia. Sophie Thatcher está genial, haciendo creíble su transición desde la vulnerabilidad sumisa a la furia desatada, mientras que Jack Quaid construye su personaje que navega entre el patetismo y ruindad más absoluta.

La película, es un producto irreverente y con muy mala leche, con el que pasar un rato agradable. Aún siendo impactante, no va a cambiar la vida de nadie, aunque no es en absoluto un espectáculo descerebrado y da de rondón algunas lecciones morales.

© Francisco José Súñer Iglesias,
(748 palabras) Créditos