—Hay una cosa que me preocupa un poco —comenzó el anciano mirando con ojos perspicaces al doctor—. Quizá le parezca una pregunta un tanto infantil pero la preocupación de este anciano son... las golondrinas.
—¿Las golondrinas?
—Eso es. Todos los años llegan las golondrinas al alero de mi casa y anidan allí. Desde hace ya veinte años. El año pasado vinieron en mayo e hicieron su nido, pero, por algún motivo, en julio se marcharon. Dejando allí sin empollar los huevos que acababan de poner. Y este año ya no han venido. En todo el vecindario sucede lo mismo. ¿Cuál cree que es el motivo?
Sinopsis
Una serie de terremotos sacuden Japón con más frecuencia de lo habitual a lo que se suman elevadas temperaturas que han provocado ya numerosas muertes. Mientras los políticos tratan de paliar los daños los científicos buscan la causa de las perturbaciones.
La Tierra está viva
—Onodera, este es el profesor Tadokoro.
Onodera asintió.
—Oh, el experto en vulcanología submarina.
Una serie de ingenieros y científicos se agrupan para estudiar el origen de las anomalías y procuran hacerlo de la manera más discreta posible para no alarmar a la población. Tendrán el apoyo del gobierno y explorarán el fondo submarino con un batiscafo pero pronto se darán cuenta que necesitan muchos más recursos cuando recopilen datos sobre sucesos geológicos a todas luces increíbles.
(...) Además, la llanura central del sudeste chino se volverá de clima continental y se desertizará.
—¿Y quién va a ser el juez del resultado de dicha apuesta?
—Pues los humanos de dentro de diez millones de años.
Una buena parte del libro son conversaciones científicas sobre el mar, la tierra, las eras geológicas, el clima, los terremotos, los tsunamis, los desplazamientos de población, las corrientes submarinas, etc., es una novela que se asienta sobre un cambio radical en la Tierra y el proceso es descrito con el máximo rigor que permite una obra de ficción.
—Si la isla hubiera reventado en una explosión volcánica y hubiera muertos, daría para un artículo más espectacular. Pero que en esta zona remota de los mares del sur se haya hundido una islita sin nombre en completo silencio quizás sea algo que no dé para mucho.
Todo tipo de personas, todo tipo de profesiones, todo tipo de actitudes se ven reflejadas en esta obra y la del periodismo es una más. En la escena de la que forma parte este comentario un periodista joven se embarca la fuerza en una de las primeras expediciones científicas y queda patente la frivolidad con la que trata el suceso a cubrir.
Esas chicas tan jóvenes y tan bonitas, de mirada vacua, inmersas en esta bulliciosa vida nocturna, ¿qué veían, qué deseaban, qué soñaban? Bañadas por una luz azulada como la del fondo del mar, evolucionando ondulantes entre las lamparillas rojo pálido de las mesitas, esquivando a sus compañeras como unos peces a otros (...).
En un bar de chicas de compañía Onodera, el piloto de las naves submarinas, ve la vida terrestre y la compara a la submarina. Se compadece de las chicas del bar al que le ha llevado su jefe y a lo largo de la historia reflexiona sobre la vida y el destino que les aguarda.
—Imagino que también las obras del tendido del nuevo tren expreso se volverán a retrasar con esto, ¿no? —preguntó el ministro de Industria y Comercio.
La reunión de ministros y directivos de empresas clave no tiene desperdicio pues uno a uno confrontan sus opiniones desde su zona de responsabilidad. Las ayudas que se deberán prestar por los repetidos terremotos, el avance o retraso de las obras, la reacción de la población y de los medios de información que en muchas ocasiones se nutren de achacar todas las culpas al gobierno y su falta de previsión.
(...) Este enorme planeta —que, sin embargo, es como un grano de arena comparado con la totalidad del espacio— ha estado creando seres vivos durante cientos de millones de años a partir de los oceános y de la atmósfera hasta dar a luz al género humano. Y el ser humano, a pesar de deberle la vida, no ha parado de infligirle daños por doquier.
Bombas atómicas, vertidos en ríos, contaminación atmosférica, una larga lista de daños a la Tierra que, a su manera, reacciona. El doctor Tadokoro reunirá los datos que le llevarán a afirmar que Japón se va a hundir, pero no es alguien bien visto en la comunidad científica por sus modales y su excentricidad. Y aquí se muestra una vez más la humanidad tal como es con esa visión afectada en la que prima la preferencia de lo aparente sobre la profundidad del contenido.
EL HUNDIMIENTO DE JAPÓN es una obra inmensa sobre unas personas que tratarán de llevar a cabo la enorme tarea de salvar a cuantos de sus congéneres puedan para convertirse quizás en otro pueblo errante. ¿Quién les acogerá? ¿A dónde podrán ir los millones de personas que viven en esas tierras que se van a hundir? ¿Cuantos de ellos serán sacrificados por falta de recursos o por la lentitud de unos organismos demasiado rígidos para reaccionar con la eficacia requerida? ¿Tendrán las mismas posibilidades una familia de un pueblo aislado de montaña que la familia imperial? ¿Tan alejada está la humanidad de la naturaleza de la que forma parte que no ha sabido leer los signos preliminares del desastre que se avecinaba?
Científicos, políticos, hombres de negocios, chicas de compañía, jóvenes de la élite que no han conocido las penurias que sus padres y abuelos sufrieron, mujeres que cada vez con más frecuencia ocupan lugares que antes eran exclusivamente ocupados por hombres y que con ello han cambiado la sociedad y un anciano que desde su mansión dirige en la sombra los hilos de un país. Un mosaico de personajes que construyen una historia increíble que el autor hace creíble.
La edición
Shinji Higuchi firma un prólogo en el que comenta que el autor recopiló información durante nueve años para escribir esta obra y afirma que, si llegara a ocurrir una catástrofe de tal magnitud, las decisiones no las tomarán personas con conocimientos y capacidades tan excelsas.
El volumen se completa con una fotografía del autor y una breve biografía y un mapa de Japón y los mares que le rodean.
La novela ha tenido diversas adaptaciones la primera de las cuales fue la película dirigida por Shiro Moritani.
Sakyo Komatsu (小松左京)