Muy bien —dije—. Yo me llamo Conrad Metcalf, y soy un inquisidor privado. Esto ya lo sabías. Lo has leído en alguna parte y te ha hecho concebir esperanzas. Déjame que te diga que mantener viva esta esperanza te costará setecientos dólares al día. Lo que recibirás a cambio del dinero no será tu nuevo mejor amigo. Toco tanto los cojones a mis clientes como a los tipos con los que me enfrento. La mayoría salen de mi despacho sabiendo cosas sobre ellos mismos que preferirían no haber sabido nunca, salvo que se vayan justo después del primer discursito. ¿Ves la puerta?
Sinopsis
Conrad Metcalf es inquisidor, lo que equivale a detective privado en la realidad que al lector le es más cercana. Han asesinado a un antiguo cliente suyo que le hizo seguir a su esposa para saber qué hacía ésta cuando no estaba en casa, Metcalf la siguió tan de cerca que se acostó con ella.
En el mundo de Metcalf cada persona tiene un carné del que se le pueden descontar puntos kármicos si su comportamiento no es el adecuado, no hay niños porque los científicos les aplican un tratamiento para el crecimiento rápido y hay animales modificados, son llamados evolucionados, que pueden andar, hablar y realizar cualquier actividad como lo haría un humano, a veces demasiado parecido a un humano.
Hasta el momento la novela no ha sido traducida al castellano.
Desde los ojos de un inquisidor
La casa estaba suspendida sobre unas rocas, como un pájaro de presa sobre una carcanada fresca
En la narración en primera persona y, como el personaje protagonista de CUANDO ALICE SE SUBIÓ A LA MESA, aquí Metcalf mantiene un tono burlón pero multiplicada en varias unidades. La descripción de su mundo, su trabajo, su despacho compartido con un dentista, sus clientes y los progresos en su investigación son siempre acompañados de imágenes de cómo los ve él. La prosa está repleta de imágenes, referencias y guiños que dan el toque noir clásico de detective que está de vuelta de todo lo que está viendo.
Todo empieza cuando Orton Angwine se presenta en su despacho para contratarle como inquisidor privado en un trabajo relacionado con el asesinato, pero al comprobar Metcalf que el carné de éste está a cero rechaza trabajar para él. Más tarde se arrepiente y decide ayudarle. ¿Podrá hacer algo por él? ¿Envió Angwine realmente una carta de amenaza al ahora difunto Stanhunt?
Por el camino del clásico thriller Metcalf se moverá entre drogas, bebida, mujeres, animales evolucionados, barrios altos, moteles y tugurios intentando averiguar quién asesinó a su antiguo cliente para ayudar al nuevo y por supuesto para averiguar muchas más cosas que lo pretendido y, como todo buen detective, llevarse alguna paliza añadida a la investigación.
Metcalf tiene un profundo conocimiento de las reacciones humanas, de cuándo alguien finge, o miente, o dice la verdad y esta percepción es distinta en las entrevistas que mantiene con los animales evolucionados que adquieren los rasgos del carácter humano, pero no del todo.
Modificando la naturaleza
Como en LA ISLA DEL DOCTOR MOREAU aquí la ciencia dotará a animales de mayor inteligencia, hablarán y vestirán como humanos y se ocuparán de diversas tareas, pero al hacerles a imagen y semejanza de sus creadores adquirirán rasgos que no estaban en el diseño original. En la serie de películas de EL PLANETA DE LOS SIMIOS se contempla un futuro sin gatos ni perros en el que estos primates son instruidos para hacer distintas tareas hasta que uno de ellos se rebela. La trilogía de Adrian Tchaikovsky de los animales modificados narra cómo estos seres alcanzan niveles de inteligencia insospechados para sus creadores, algo similar a lo que ocurre en LOVELOCK, novela de Orson Scott Card y Kathryn H. Kidd y en SIRIO, de Olaf Stapledon. Casi humanos, útiles pero no con pleno derecho y su muerte violenta no se considera un asesinato.
La desigualdad y la burocracia son constantes universales.
El mundo después de la inquisición
—Eres joven —me dijo.
—Soy mayor de lo que parezco. —Era una frase copiada, pero la había dicho las suficientes veces para hacerla mía.
—No recuerdas como era todo antes de la Inquisición.
Metcalf es inquisidor privado y para conseguirlo tuvo antes que ser inquisidor oficial, los agentes que pueden dar o restar puntos kármicos. Si un carné se queda en cero puntos el propietario puede pasar directamente a congelación, no es un arresto, no hay cárceles, es un tipo de animación suspendida. Algunos, los de mayor edad, recuerdan el mundo anterior con más libertad, con variación de programas de televisión, con libros y revistas que ahora no se publican.
¿Y qué hay de los niños de crecimiento rápido? ¿Puede la ciencia cubrir la carencia de unos adultos que no han tenido niñez? Coloquialmente son llamados cabezudos
(capgrossos) y se agrupan en lo que se podría llamar guetos en casas, bares y clubs y prescindir de la compañía de familiares y otras personas.
La historia se divide en dos partes, la segunda empieza seis años después de los asesinatos investigados pues, como en todo buen thriller, los cuerpos encontrados serán más de uno ya sea de humano o animal evolucionado porque tener información es peligroso. La sociedad y las normas que la rigen habrán cambiado en ese tiempo como ya lo hicieron anteriormente.
Ciencia-ficción y thriller con el tono mordaz habitual del género. Divertida, a la vez que inquietante.
—Molt bé —vaig dir—. Jo em dic Conrad Metcalf, i sóc un inquisidor privat. Això ja ho sabies. Ho has llegit en alguna banda i t´ha fet concebre esperances. Deixa´m que et digui que mantenir viva aquesta esperança et costarà set-cents dòlars al dia. El que rebràs a canvi dels diners no serà el teu nou millor amic. Toco tant els collons als meus clients com als paios amb qui m´enfronto. La majoria surten del meu despatx sabent coses sobre ells mateixos que preferirien no haver sabut, tret que se´n vagin just després del primer discurset. Veus la porta?
La casa estava suspesa sobre unes roques, com un ocell de presa sobre una carcanada fresca.
—Ets jove —em va dir.
—Sóc més gran del que semblo. —Era una frase copiada, però l´havia dit prou vegades per fer-me-la meva.
—No recordes com era tot abans de la Inquisició.
Jonathan Lethem