UN MUNDO MARAVILLOSO
UN MUNDO MARAVILLOSO Francia, 2024
Título original: Un monde merveilleux
Dirección: Giulio Callegari
Guión: Giulio Callegari, Benjamin Charbit
Producción: Alice Bloch, Miléna Poylo
Música: William Serfass
Fotografía: Aurélien Marra
Duración: 78 min.
IMDb:
Reparto: Blanche Gardin (Max); Angélique Flaugère (Robot T-O); Laly Mercier (Paula); Édouard Sulpice (Samuel); Lucie Guien (Robots varios);

Una pequeña película francesa que, siguiendo el esquema de la road movie con dos protagonistas de lo más dispar que acaban creando un vínculo fuerte y duradero. Además es ciencia-ficción, cine familiar, cine de denuncia, y un montón de cosas más porque habla de la crisis de la mediana edad, de la falta de adaptación a las nuevas (ya no tanto) tecnologías y lo dura que es la vida en general.

La película empieza cuando Max (Blanche Gardin) y su hija Paula (Laly Mercier) entran en una residencia de ancianos para robar un robot asistente. Queda clara la poca ética de ambas, puesto que además de robar el robot engañan a residentes y personal. Pero el robo les sale mal, y su perista habitual no les compra a T-O (al que toca mover a Angélique Flaugère), que ya es un modelo obsoleto, de modo que deben llevárselo a casa sin saber que muy bien que hacer con él.

Ahí, descubrimos que Max es una exprofesora, tecnófoba y amargada, que ha perdido su trabajo a causa de los robots. Sobreviven como pueden a base de pequeños hurtos hasta que en uno de ellos son detenidas, Max es llevada a comisaría y Paula entregada a los Servicios Sociales. A partir de ahí Max, acompañada de T-O inicia un viaje con la intención de recuperar a Paula, con las inevitables situaciones cómicas, dramáticas o directamente patéticas en su interacción con el robot, rígido en su programación que sirve de contrapunto a la caótica Max.

Se trata de una producción sencilla, que no oculta la precariedad de medios ni despliega efectos especiales dignos de mención. El caminar torpe de T-O no debe ser tomado como un defecto por cuanto no es ese el foco de la película, sino en la propia existencia de los robots, que ha desembocado en una sociedad en la que los humanos están siendo progresivamente substituidos por ellos dejando a estos al borde de la precariedad.

Siendo como es una película corta, casi esquemática, tampoco hay grandes sorpresas, a poco que se establece el marco de referencia se puede predecir con bastante exactitud como serán la interacciones entre los personajes según van apareciendo durante el viaje de Max y T-O. No es tanto falta de imaginación como economía de medios. El director tiene el objetivo ya mencionado: dar su visión de cómo afectará la robotización a la sociedad, de modo que toma piezas ya probadas y las usa para hacer avanzar la película.

El propio viaje, que ocupa gran parte del tiempo de la película, es otro clásico que empieza con el casi odio de Max hacia T-O, que progresivamente va derivando hacia el apego y no voy a decir cariño, pero si una comprensión más profunda de la verdadera naturaleza de las máquinas, que al cabo están pensadas para asistir al ser humano en los trabajos más penosos y repetitivos, aunque eso suponga minar su dignidad.

En el aspecto interpretativo la película es muy francesa, Blanche Gardin, nada conocida en España aunque su carrera en la televisión y el cine francés es bastante consistente, desarrolla su rol de madre coraje dándole toques irónicos, con un tanto de mala leche y un cierto aire poético cuando se enfrenta a su propia decadencia moral y personal.

Pese a su corta duración Giulio Callegari, director y guionista, es capaz de incorporar todas esas lecturas de forma clara y diáfana, no necesita largos parlamentos y situaciones enrevesadas para describir la situación de Max como parada, pobre, inadaptada y mujer desesperada y de vuelta de todo, y lo consigue gracias a la descripción detallada, pero a la vez concisa de su actos y circunstancias. Obviamente la duración de la película no da para grandes reflexiones sobre lo divino y lo humano ni para apuntar a posibles soluciones. No deja de ser una comedia ligera con fundamento, que muestra las consecuencias de la revolución tecnológica, tan temida a día de hoy con el advenimiento de las inteligencias artificiales.

Comedia ligera y simpática, donde es fácil empatizar con todos los personajes (aunque con Max se tarda un poco) y que más allá del humor muestra un aspecto para nada descabellado de nuestro futuro próximo.

© Francisco José Súñer Iglesias,
(704 palabras) Créditos