Cuando empecé a ver esta peli pensé que iba a ser el típico truño hecho entre tres amiguetes con cuatro duros con algunas ideas interesantes, pero en general un desarrollo torpe y deslavazado. La verdad es que me ha sorprendido, se trata de una película hecha con cuatro duros entre tres amiguetes con algunas ideas interesantes, pero está bastante lejos de ser un espectáculo lamentable, sino más bien una comedia gamberra sobre viajes en el tiempo que tira de todos los tópicos imaginables en este tipo de producciones, pero llevadas con gracia y cierta competencia.
La película se basa en un cortometraje previo de 2013 del propio realizador, Luke Higginson, y arranca cuando Casper (Rhys Darby), un renegado del siglo XXII, llega a nuestro presente (el de 2022, más bien) con la intención de alejarse de ciertos problemillas que tiene en su tiempo y, sobre todo, hacerse rico apostando gracias a un amplio archivo de resultados deportivos que trae consigo.
Por supuesto, las cosas se le complican. Conoce a Percy (Julian Richings) un artista deprimido, al que insta a se suicide para alcanzar la fama, y a Holly (Gabrielle Graham), a la que acaba haciendo partícipe y socia de su secreto, puesto que ella conoce mejor esta época que él. No podía faltar la policía del tiempo, en este caso Doris (Janine Theriault) que persigue a huidos y renegados del siglo XXII para evitar que alteren la línea del tiempo.
Durante toda la película se alternan los momentos cómicos, generados como era de esperar por el choque cultural de Casper con todo lo que se encuentra, con otros de corte más existencial, Luke Higginson no rehúye los conflictos éticos de jugar con el tiempo y que consecuencias tendrá eso sobre unos y otros personajes. En ese sentido, es interesante la interacción de Holly con su amiga Alana (Louisa Zhu), una y otra ofrecen distintas perspectivas de lo que supone el enriquecimiento fácil y rápido. Tampoco Doris se encuentra libre de dudas, su misión es simplemente ejecutar a los viajeros díscolos, pero tanto tiempo en el siglo XXI hace sentirse un cierto desapego por su misión.
Lo cierto es que las distintas interpretaciones están lejos de mis temores iniciales, Rhys Darby hace que Casper transmita a la vez vulnerabilidad y simpatía, se desenvuelve con torpeza en sus interacciones sociales, pero siempre desde una cierta candidez no exenta de intencionalidad. Doris, por el contrario es dura e implacable, aunque ventajista, como poco a poco se va comprobando.
Como también es de esperar en este tipo de historias la cosas se complican hasta extremos bastante salvajes, y Higginson consigue que el desenlace no sea una confusa sucesión de paradojas y equívocos, que los hay, pero narrados con orden y sin enredarlos hasta extremos incomprensibles, y aquí se nota la larga experiencia de Higginson como montador en el cine canadiense.
La película no ha tenido un gran éxito comercial, al menos en España pasó directamente a las plataformas de vídeo desde su exitoso periplo diversos festivales de cine, donde ha sido ampliamente alabada.
Sin duda una buena elección para pasar una tarde de cine. Puede que decepcione en cierto modo porque no se trata de una gran producción llena de efectos especiales, acción y frases grandilocuentes, pero destila unas buenas dosis de humor negro y pone de relieve que, sea cual sea la época que elijamos para estudiar al ser humano la conclusión es clara: lo queremos todo, y a ser posible para antes de ayer.
Canadá, 2022