La ciencia-ficción, en su vertiente de viajes espaciales, da mucho juego para construir damas psicológicos sobre el aislamiento, las relaciones humanas y las consecuencias de los largos periodos enclaustrados entre cuatro pareces, sabiendo que a pocos centímetros está el vacío helado, empezando por 2001, UNA ODISEA DEL ESPACIO, donde no solo la tripulación, sino hasta la propia máquina que la cobija sufre de serios problemas mentales, SOLARIS trata igualmente la locura, en este caso inducida por la presencia de una inteligencia alienígena inescrutable, MARTE que nos habla de las condiciones extremas con las que un solitario superviviente debe lidiar, o PASSENGERS, que convierte la compañía de miles de individuos criogenizados en desánimo y depresión.
DESTINO: TITAN retoma esas experiencias y las encierra entre las cuatro paredes (en realidad la estructura es más compleja, pero nos entendemos) de la Odisea 1, para llevar al límite a sus tripulantes. Su misión es relativamente anecdótica: la Tierra se está quedando sin combustibles y se envía a la Odisea 1 a Titán con la esperanza de extraer hidrocarburos de su superficie para aliviar la situación en la Tierra, tripulada por el capitán Franks (Laurence Fishburne), John (Casey Affleck), el piloto y Nash (Tomer Capone).
Está un tanto traído por los pelos porque ya me dirán el tamaño que debe tener la Odisea 1 para transportar una carga que sirva de algo, pero esa no es la cuestión. El viaje a Titan es la excusa porque una de las maniobras a realizar es aprovechar Júpiter a modo de honda gravitacional, de este modo tenemos el conflicto que enfrentara a la tripulación ¿será o no será posible ejecutar esa maniobra cuando la Odisea 1 ha sufrido un accidente que hace muy cuestionable su supervivencia?
Es entonces cuando se desatan los infiernos y los conflictos y presiones se disparan y el desenlace no parece muy alagüeño.
Los realizadores deben tener mucho cuidado con este tipo de producciones porque centrarse excesivamente en los personajes supone hacer que el espectador se olvide de todo lo demás, y lamentablemente Mikael Håfström no lo consigue. No es que la película tenga grandes efectos especiales y unos decorados fastuosos que deslumbren y se superpongan a las disputas entre unos y otros, es justo a revés, la nave, el escenario, aunque no caiga en la chapuza, da una impresión de estar hecha a retales tomados de aquí y allá. Y eso es un problema porque, al menos a mi, me sacó de la película. Poco importaban las peleas de John con Franks, las invectivas de Nash y la violencia contenida que manaba de casi cualquier diálogo porque aquel u otro detalle daba la impresión de haberse construido apresuradamente y sin ganas.
Algo que en el ámbito teatral es casi obligado, se admite sin problemas, y donde el minimalismo extremo de la puesta en escena funciona, en el cine no tiene la misma aceptación. Hay más tiempo, menos limitaciones escénicas y si nos llevan al espacio al menos queremos ver naves, si no espectaculares, si creíbles, y eso no pasa con el interior de la Odisea 1.
Y es una lástima porque tener a Laurence Fishburne en una producción de ciencia-ficción es indicativo de que habrá problemas, muchos y muy graves, además de la propia PASSENGERS, recordémosle en la serie Matrix, HORIZONTE FINAL o COLONIA V, siempre papeles intensos e inquietantes, en DESTINO: TITAN sucede lo mismo, su personaje es intenso e inquietante, pero tanto la desconexión escénica como el tono frío en el que se desarrolla la mayor parte de la película (aunque sus peleas hay) queda muy desaprovechado.
No es una película que me haya entusiasmado, aunque puede ser de interés para quienes disfruten de este tipo de dramas psicológicos y la mayor o menor plausibilidad de los escenarios no suponga un problema.
EE. UU., 2024