ORBITAL
ORBITAL Samantha Harvey
Título original: Orbital
Año de publicación: 2023
Editorial: Editorial Anagrama
Colección: Panorama de narrativas
Traducción: Albert Fuentes
Edición: 2025
Páginas: 176
ISBN:
Precio: 18,90 EUR
Comentarios de: Gastón Germán Caglia

ORBITAL, la novela de Samantha Harvey, ganadora del Premio Booker 2024, ha sido recibida con elogios por su prosa lírica y su ambición temática, pero también ha generado reacciones marcadamente críticas entre lectores y algunos comentaristas literarios.

Samantha Harvey (Kent, 1975) se formó en Filosofía en las universidades de York y de Sheffield y en Escritura Creativa, doctorándose por la Universidad de Bath Spa. En 2020 publicó un ensayo, Un malestar indefinido, que contiene las memorias y consecuencias de su insomnio. También esta premiada escritora ha publicado otras cinco novelas, a saber: THE WILDERNESS (2009); ALL IS SONG (2012); DEAR THIEF (2015) y THE WESTERN WIND (2019).

Sin embargo, pese a la experiencia y talento de esta escritora, esta obra enfrenta algunos problemas. Tal vez el mayor de ellos sea que carece, en un sentido clásico, de una trama.

En sus primeras páginas vemos la presentación de los seis personajes, astronautas y cosmonautas (Roman y Anton son de Rusia, Chie es de Japón, Nell del Reino Unido, Pietro de Italia y Shaun de Estados Unidos), prendidos en el espacio de una lata de sardinas, la Estación Espacial Internacional, a cuatrocientos kilómetros de la tierra en caída permanente y a 28.000 kilómetros por hora, pero a poco que se avance en la lectura nos vamos a ir quedando en eso y un poco más.

El argumento es sencillo, desarrollar a lo largo de todo el libro, un día de veinticuatro horas en la vida de estas personas que, para su confusión mental, dan dieciséis vueltas a la Tierra en ese día. Es decir, cada noventa minutos ven un amanecer. Pero este planteo adolece de un arco narrativo claro y mucho menos de una desarrollo narrativo de peso. Al parecer, en las escasas páginas, la autora se concentra en expresar metáforas y pensamientos humanistas y en describir la condición humana en cada uno de sus capítulos, que coinciden con una órbita alrededor de la Tierra.

No hay modo que la novela se sostenga en la mera exposición de los problemas personales de los astronautas en la Estación Espacial o en las extensas descripciones geográficas de los países por los que transita la Estación. Inclusive, en mi caso, la recurrente apelación a esas las largas descripciones de la geografía terrestre, algunas bastante líricas, no aportan nada, y lo que es peor, una y otra y otra vez se sucede la apelación a los asuntos particulares de ellos, dado que es evidente que no pueden hacer mucho ahí arriba por solucionarlos. Estas resultan tan repetitivas como las descripciones geográficas.

En este sentido la novela se derrumba, como lo hará alguna vez la Estación Espacial Internacional, en una prosa excesivamente repetitiva que se termina agotando muy rápidamente en eso solo, en capítulos de una estructura circular y fragmentaria con una prosa algunas veces delicada y casi poética, pero que no conduce a nada. Leemos en uno de sus capítulos al azar:

Abrirían los postigos de las ventanas de la cúpula y se percatarían de que son una cabeza y un torso solitarios en el vacío del espacio. Una sensación de gratitud tan abrumadora que no sabrían qué hacer con ella ni cómo abordarla, huérfanos de palabra o pensamiento que pudieran hacerle justicia, así que por un instante cerrarían los ojos. La Tierra seguiría allí, dentro de sus párpados, una esfera brillante de una geometría perfecta, y no sabrían si era una imagen impresa en sus retinas o una proyección de sus mentes, que ya conocen tan bien el planeta que podrían dibujarlo sin mirar

Así una astronauta reflexiona sobre su madre, que acaba de fallecer, otro sobre una postal del famoso cuadro de Las Meninas y sus problemas matrimoniales, otro sobre un bulto en su cuello, o un tifón en Oceanía que asusta a otro pues allí vive una pobre familia a la que visitó años atrás; estas son las recurrentes reflexiones a lo largo de la novela. Pero como una calesita, no deja de girar y nunca avanzan. Seis historias que para colmo de males ni siquiera interactúan entre sí.

Este enfoque tan introspectivo también afecta la profundidad emocional de los personajes. Aunque Harvey presenta a seis astronautas con esos breves retazos del pasado, estas historias quedan apenas esbozadas y no se exploran con suficiente detalle como para generar empatía o algo emocional. En consecuencia, los astronautas son presentados como figuras estilizadas, pero petrificadas en sus problemas y cuitas más que como individuos complejos, lo que reduce aún más el impacto de la obra.

Y junto a ello las notas al mejor estilo divulgativo, trilladas, acerca del calendario cósmico que una vez supo idear Carl Sagan en LOS DRAGONES DEL EDÉN y en la serie de televisión Cosmos:

ÓRBITA 13... En el calendario cósmico del universo y de la vida, si el Big Bang hubiera ocurrido el 1 de enero, hace casi catorce mil millones de años, cuando una mota supercargada y de la densidad de un universo entero estalló desplegándose a una velocidad más elevada que la...

Esto no deja de ser otro de los tantos lugares comunes y clichés a los que recurre la autora; pensamientos no muy profundos acerca del ser humano, su posición en el cosmos en todo caso, que lo hace poco novedoso, repetitivo al extremo y sumamente aburrido.

Algunos reseñistas rescatan, de esa sucesión de reflexiones y descripciones contemplativas, la poderosa prosa de la autora y la belleza de las imágenes del espacio, que sin duda se deben apreciar, pero repito, no llevan a nada más que a esas reflexiones, que son sumamente superficiales, lo que la torna más que en una novela, en una extensa y tediosa secuencia de meditaciones sin ninguna tensión narrativa. Entiendo que la autora pretende mostrar una multiplicidad de perspectivas, con cada órbita y con cada personaje, lo difícil de la vida en el espacio y los sacrificios que deben hacer quienes se dedican a esta profesión, pero me parece que no alcanza.

Promocionada como una novela de ciencia-ficción entiendo que ORBITAL no cumple las expectativas del género en el que se la sitúa, pese a ser finalista de los premios Orwell y Ursula K. Le Guin de Ficción. En la Estación Espacial no sucede nada fuera de lo cotidiano y el viaje a la Luna de otro equipo de astronautas norteamericanos aparece como un elemento que no alcanza a conmover al género relegándola a una mera descripción, por parte de los que están en la Estación Espacial con un poco de envidia y que es preciosa, eso es cierto, pero que lo retiene en un realismo contemplativo sin esa tensión narrativa ni exploración profunda de los conflictos internos o caracteres de los personajes que antes mencioné. Es decir, no hay ciencia ni ficción y mucho menos ciencia-ficción. Solo se limita a hacer un repaso más divulgativo o documental de los quehaceres de los astronautas, pero sin apelar a más que eso.

Tema aparte son las listas que enuncia uno de los personajes. Lo que me gusta, lo que no, etc. No encaja en nada. Al no haber acontecimientos en la nave, no hay un arco evolutivo de los personajes, nada cambia, todo es estático en ellos. Apenas hay un recuerdo de que ocupamos un lugar muy triste y pequeño en el cosmos. Que la raza humana es sumamente frágil allá afuera y quizás para quienes gusten de una prosa lírica por y para sí misma sea rescatable:

Una lástima, les consuela la voz, que te hayas dejado llevar más tiempo de la cuenta, que hayas flotado más tiempo de la cuenta, que los relojes de tus células hayan perdido el ritmo. Una lástima que, cada vez que te despiertas por la mañana, no sepas dónde tienes el brazo hasta que te lo miras, una lástima que tus extremidades se desorden en cuanto te falta la información que te proporciona su peso...

O esta otra, que refleja lo poco y frágiles que somos en el espacio:

Un metal nos separa del vacío; la muerte está tan cerca.

En resumen, gira y gira en el mismo lugar, una novela aburrida y monótona, sin trama, sin conflicto ni crisis, con reflexiones livianas y que tal vez debió haberse quedado en un relato. Quizás lo más destacable, junto a algunos pasajes casi poéticos, sea la portada de la Editorial Anagrama.

© Gastón Germán Caglia,
(1.387 palabras) Créditos