Esta obra que muy apropiadamente reproduce un fotograma del film METRÓPOLIS en la cubierta, está integrada por dos relatos. El primero, cuyo autor es Fernando Tranfo, se titula NADIE VIO BLADE RUNNER; el segundo, de Guillermo García, se llama LOS INCENDIARIOS. Como destaca este último en el prefacio, el contenido de ambas obras puede ser interpretado en el sentido etimológico-espacial de la palabra utopía, y clasificadas dentro de lo que los críticos han denominado ficción especulativa
.
El texto de Tranfo, matizado con numerosas referencias filosóficas, se centra en el vínculo que entabla una pareja en un contexto laboral, aparentemente actual, en el cual la mayor parte de los seres humanos prácticamente no quitamos la vista de la pantalla de nuestros dispositivos. Contracorriente, los protagonistas se deciden a vivir un romance sólo con las herramientas disponibles en la era previa, analógica. Naturalmente la trama moviliza cierta nostalgia, sobre todo en los lectores añosos. Creo que la resolución podría dar lugar a reacciones variadas por parte del receptor, desde advertirla algo apresurada, hasta considerarla un recurso deus ex machina (aunque esto último esté supeditado a en qué medida consideramos que ese remate resuelve o no la historia sin seguir su lógica interna, materia a mi juicio opinable). Las referencias directas a la icónica BLADE RUNNER ocupan un momento destacado de la historia; el relato que sigue tiende de alguna manera un puente hacia esa película (además de comprender también una trama de pareja) a la manera de eje en común, al traer a colación La batalla de las Puertas de Tannhäuser
, lo que tal vez constituya una clave de lectura significativa en relación a una posible alteridad en el caso del segundo de estos no-lugares.
La narración de Guillermo García, algo más extensa que la anterior, desde el título nos recuerda a LOS LANZALLAMAS de Roberto Arlt y a FAHRENHEIT 451 de Bradbury: al avanzar en la lectura puede reconocerse como uno de sus intertexto a EL DESIERTO DE LOS TÁRTAROS, novela de Dino Buzzati que fue llevada al cine en 1976, y también a los invasores de CASA TOMADA de Cortázar o de INVASIÓN, el filme de Hugo Santiago guionado por Bioy / Borges (a quien volveré más adelante). Merece una lectura lenta y detallista, para no perdernos nuevos cielos, varios soles y lunas, e incluso el Talabarte de Kuiper; una lectura liviana de la trama, especialmente para los argentinos, podría remitirnos a nuestra larga historia de antinomias. Sin salirnos de la tradición nacional, creo sería más pertinente situarla en la dicotomía civilización-barbarie (no estoy queriendo decir que no haya relación entre ambos fenómenos, sino que habría que poner el foco en lo literario y no en lo político propiamente dicho). Tal vez más significativo sea el entorno descrito (hasta con algún toque de gauchesca), es decir, el espacio medianero, la ciudad amenazada por el desierto. Y vuelvo aquí a Borges, amante del suburbio y a la vez de la pampa, no a cualquier Borges sino al joven que publicó LUNA DE ENFRENTE (1925), que desde su título guía nuestra mirada hacía la inmensidad, con la urbe a nuestras espaldas.
Propuesta poco común y de gran calidad, la recomiendo entusiastamente.
Fernando Tranfo, Guillermo García