La solicitud de recogida era por un paquete de aproximadamente cien kilos. No era un problema para mí. Puedo levantar el doble de peso sin sudar. No hay muchas chicas que puedan decir eso en la Tierra. Claro, tienen que superar una gravedad seis veces mayor, pero eso es problema suyo.
Argumento
Jazmine Bashara vive en Artemisa, la única ciudad hasta el momento de la Luna y acaba de suspender de manera rotunda su examen de capacitación EVA que es lo que todo habitante necesita para salir al exterior de las cúpulas, el permiso de actividades extravehiculares, lo que le permitiría ganar el dinero de las visitas de turistas al exterior y no depender en exclusiva de su trabajo de repartidora, aunque tiene otros ingresos.
Una protagonista algo delincuente
Quiero tener un perro, pero no lo podemos pagar.
Todos la llaman Jazz, trabaja como repartidora pero también tiene un negocio propio y es el contrabando. Hay productos que no están permitidos en Artemisa, como por ejemplo tabaco, pero de manera periódica llega un cargamento de puros de la mejor calidad y Jazz los entrega al millonario Trond Landvik, un noruego afincado en el satélite y que se puede permitir fumar por haber instalado en su mansión las condiciones necesarias, algo fuera del alcance de la mayoría. Trond es cliente de Jazz desde tiempo atrás y un día este le propondrá un negocio, algo peligroso y que podría suponer la deportación para ella a Arabia Saudí, su país de origen. Al principio Jazz rechaza la oferta pero la aceptará cuando oiga que el pago a cambio será de un millón de slugs, la moneda local.
La joven vive sola en lo que llaman ataúdes, habitáculos solo aptos para dormir, una caja rectangular en la que no puede ponerse de pie pero sí sentada. Mantiene una relación a distancia con su padre que también vive en Artemisa, de muy joven tomó una tras otra decisiones equivocadas pese a ser inteligente y muy hábil con la soldadura, el negocio familiar. Está cansada de oír una y otra vez que ha desperdiciado su potencial y prefiere seguir viviendo como lo hace pero tiene un objetivo en mente.
Vivir en la Luna
Es caro llegar aquí y cuesta una fortuna vivir en Artemisa. Pero una ciudad no puede limitarse a turistas ricos y multimillonarios excéntricos. También necesita trabajadores. ¿No esperarás que don Ricachón III limpie su propio lavabo?
Yo formo parte de los pringados.
Jazz vive en Conrad-15, el número especifica que el lugar está quince plantas por debajo de la superficie y Conrad es una de los burbujas junto a Aldrin, Bean, Shepard y la Amstrong que ocupa el lugar central. Jazz llegó a la edad de 6 años con su padre, la edad mínima permitida entonces pero con los años el número ha pasado a doce. No hay nacimientos en Artemisa porque no hay gestación allí, una embarazada se mudará a la Tierra porque las condiciones de baja gravedad afectarían al bebé.
En Artemisa viven personas ricas rodeadas de quienes mantienen el lugar, técnicos, ingenieros, empresarios, propietarios de todo tipo de negocios en los que los gremios son muy importantes pues no es tan fácil prosperar sin estar afiliado. También hay agrupaciones por países como la llamada Pequeña Hungría. No hay mucha criminalidad pero en caso de haberla se soluciona rápidamente, se envía al criminal al país en la Tierra del que era la víctima y allí le juzgan.
Por encima de gremios, negocios, empresarios, ricos y pobres, turistas y residentes está Fidelis Ngugi, de origen keniano, que desde hace veinte años dirige Artemisa como la presidenta de un país o la alcaldesa de una ciudad.
Buscando un estilo propio
La historia sigue un patrón clásico con la protagonista que intentará resolver ella misma el problema causado a la ciudad. Los capítulos que relatan el día a día terminan habitualmente en una fuente de letra distinta los emails que desde niña Jazz enviaba a su amigo en la Tierra y la contestación de este, con lo que el lector puede tener el resumen de la evolución de la protagonista como persona y del entorno del que a lo largo de los años se ha rodeado.
Como en PROYECTO HAIL MARY aquí el lector encontrará muchas descripciones técnicas, desde los metales que las compañías extraen hasta su proceso de fundición, la composición de las cúpulas, la soldadura y las herramientas necesarias, las cámaras de emergencia donde refugiarse si hay una fuga de aire. Todo ello se combina con escenas de mucha acción y diálogos ágiles pero de alguna manera esta novela es un poco más árida en comparación.
Weir, en esta historia con una joven protagonista, está buscando su propio estilo, el tipo de diálogo y las pocas descripciones —dejando de lado las meramente técnicas— podrían ser firmadas por otro autor perfectamente. La narración en primera persona con la constante reflexión, algún toque de humor, alusiones a otros libros y muy en concreto a Star Trek y los planos gráficos del lugar de la acción son los elementos que se repetirán en los siguientes libros así como el personaje de una mujer con poder que tiene que tomar muy duras decisiones.
Interesante lectura para sumergirse a fondo e imaginar que uno mismo está viviendo allí, en una ciudad en la Luna.