Viniendo de la pluma (a estas alturas del futuro
, más bien tecla) de José Antonio Suárez no me esperaba que me costara tanto acabar esta novela. Autor ágil y ocurrente, siempre había devorado sus obras con gusto, pero en esta ocasión tanto por la temática como por el enfoque se me ha hecho bastante cuesta arriba.
La acción se desarrolla en 1941, año todavía convulso en España por cuanto el nuevo régimen estaba en proceso de consolidación y aunque las amenazas externas eran sombrías, las internas, maquis mediante, daban serios dolores de cabeza al régimen que se afanaba en reprimirlas. En ese escenario el régimen nazi ha tomado la decisión de ignorar a Franco y lanzar un ejército a través de la península para copar Gibraltar y cortar el acceso inglés al Mediterráneo. Los ingleses no van a esperar a eso y se deciden a proporcionar el apoyo necesario a los maquis. Entre tanto, en el rural manchego, se desarrolla una historia de odio y venganza entre los Verdejo, adeptos al régimen, y los Castedo, familias que arrastran un largo historial de rencillas y desencuentros. Mientras tanto, Madrid es un hervidero de diplomáticos
, espías y soplones,
Pero ¿qué me encuentro? Con El secreto de puente viejo un poco a lo bestia.
Para quien no les suene este nombre se trató de un culebrón español que se emitió en las tardes de los días laborables desde 2011 a 2020. Era un drama rural ambientado entre finales del XIX y el primer tercio del siglo XX. Independientemente del leitmotiv original, la serie acabó tratando de cómo la cacique local, la mítica Paca Montenegro, malvada entre malvadas que tardará en ser olvidada, se entretenía atormentando a los habitantes del pueblo por simple gusto. Entre tanto, los buenos
, más que buenos eran tontos, por la forma en la que uno tras otro era maltratado y humillado de forma sucesiva por la cruel propietaria de La Casona.
Pues bien, gran parte de LA ESENCIA DEL MAL, se centra en eso, en un culebrón rural donde el malo
es malo hasta la perversión, ya que si bien le mueven objetivos económicos disfruta haciendo daño a sus víctimas, y buenos
que, si bien en este caso no son tontos de baba, o casi, si se someten a los manejos del villano de turno de una forma un tanto ovina. ¿Qué significa eso? Pues que el debería ser el tema principal de la novela, esto es, la caída del régimen franquista a manos de agentes nazis o aliados, queda en un segundo plano haciendo de lo que podría ser una emocionante novela de espías.
En las novelas de aventuras proponer un escenario de blanco y negro donde los buenos son muy buenos los malos son muy malos suele funcionar. Principalmente porque nos ahorra un montón de explicaciones que no vienen al caso porque el interés del lector no está en profundizar en las raíces de las civilizaciones descritas. Pero cuando el juego de buenos muy buenos y malos muy malos se ubica en un escenario histórico, ya resulta más difícil de asumir. El maniqueismo no funciona, ni siquiera cuando se trata de describir personajes burdos y despreciables asimilándolos a un todo que ni de lejos fue homogéneo. En ese sentido José Antonio Suárez hace el esfuerzo de dar relieve a muchos de sus personajes, que muestran ocasionalmente signos de nobleza u orgullo, independientemente de si les ha tocado ser de los malos
o de los buenos
. Por ejemplo, ¿usted piensa que los franquistas van a ser los malos absolutos de la película? ¡No! Todavía tenemos a los nazis para demostrar que se puede ser maligno de verdad, y no un mero chuleta de verbena.
La novela tiene además algunas cuestiones un tanto contradictorias. Por ejemplo, se explica con notable precisión porqué el control de precios solo lleva al desabastecimiento y la economía sumergida (aka mercado negro, aka estraperlo), pero a la vez confunde fascismo con capitalismo, (p. 41) cuando si algo odia más al capitalismo que el comunismo es precisamente el fascismo El capitalismo, mediante la competencia terrible y desigual del capital grande contra la propiedad pequeña, ha ido anulando el artesanado, la pequeña industria, la pequeña agricultura: ha ido colocando todo —y va colocándolo cada vez más— en poder de los grandes trusts, de los grandes grupos bancarios
decía José Antonio Primo de Rivera. Paradójicamente Marx si era consciente de la necesidad del capitalismo como punto de transición necesario
para consolidar una economía sana que diera paso al socialismo y, a través de él, al paraíso
comunista.
También se dan repetidamente las claves de porqué las potencias occidentales (en esencia Francia e Inglaterra) no apoyaron decididamente al gobierno republicano: las posibilidades de que se instaurara un régimen controlado por la Rusia estalinista eran tan palpables que desde Londres y París prefirieron observar los acontecimientos con cierta distancia, y el indisimulado deseo de que el resultado fuera conveniente para sus intereses.
Con todo no es una mala novela. Mi problema es que no es exactamente lo que me esperaba, y tanto drama rural estaba bastante lejos de mis expectativas, por lo que, en lo que a mi respecta ha resultado ser una pequeña decepción, algo que para el lector avisado (por este y otros comentarios) puede que no sea así.