Simular el mundo es recrear sus errores.
Argumento
Un virus informático, por ejemplo, es capaz de duplicarse a sí mismo, pero todas las copias son exactamente iguales, por decirlo de algún modo, tienen el mismo código genético. Desde un punto de vista antropológico, no podrían constituir una sociedad. No son seres autónomos.
A un antropólogo de renombre se le ofrece la oportunidad de permanecer una semana en la réplica de un pueblo de las montañas de Alemania en el que, según le cuentan, casi la totalidad de la población son androides, su misión será distinguirlos entre los pocos humanos infiltrados y su estancia será retransmitida en un programa de televisión. En la población original unas niñas se suicidaron y ahora el hecho se ha repetido en la réplica robótica.
La propuesta viene de parte de Wilhelm Keitel, presidente y fundador de la corporación Wetopia Inc., el cual quiere tener la certeza que los androides han cruzado la línea que separa hombres de máquinas, y ofrece en el contrato una suma más que exorbitante lo que hace decidir al científico que está en un momento económico muy delicado ya que, tras el suicidio de su esposa, entró en una crisis de la que no ha salido del todo.
Una narración combinada
El texto reproduce los diálogos con frases de punto y aparte, sin guión a la izquierda y sin comillas lo que puede provocar en algún momento dudas sobre quien habla, pero el lector pronto entra en esta modalidad que aporta un ritmo elevado y de capítulo a capítulo la historia se acelera hasta llegar a momentos trepidantes y de gran tensión. El autor añade unas notas al final en las que comenta cómo el libro fue rechazado al principio por diversas editoriales lo que le hizo revisarlo y a la vez profundizar en textos filosóficos, de este modo hay una réplica de un diálogo de ESPERANDO A GODOT y sobre el futuro que plantea comenta que es más presente de lo que se puede pensar al principio, tal como Amy Webb expresa en NUEVE GIGANTES. Hay capítulos en tercera persona que muestran el poblado en las montañas y sus habitantes, el resto es en primera persona desde el punto de vista del afamado antropólogo del que nunca sabremos el nombre.
La idea de un pueblo en el que todos son androides le sirve a Ferrando como metáfora, seres construidos a imagen y semejanza de un creador omnipotente, en este caso una corporación que parece controlar la vida no solo de los androides sino de los humanos en general.
—¿Neoluditas?
—Ciberutopistas, tecnófobos..., llámelos como quiera. No me diga que no sabe que para ellos usted es un referente.
Toda civilización tiene sus pros y contras y si bien hay quien disfruta de los avances tecnológicos, las redes sociales y todo lo que pueda aportar también hay quien no se sentirá cómodo con ello y lo rechazará como el personaje de Nicole, que no acepta pago con tarjeta y en cuya peluquería los clientes deben dejar los móviles dentro de una caja Faraday o de lo contrario no serán atendidos.
No es un texto fácil y en más de una ocasión es conveniente repasar algún capítulo, el lector se puede preguntar dónde empieza y dónde acaba la trama, o si es real lo que está ocurriendo pues algunas escenas parecen surgidas de una pesadilla.
Algunos comentarios en redes son negativos sobre el libro pero muchos otros alaban una historia que es a partes iguales thriller, ciencia-ficción y filosófica. No son pocas páginas, para desarrollar todo el entramado Ferrando ha necesitado crear un largo relato en el que la estancia en el poblado de los androides ocupa la mayor parte.
Un leve aroma ovejero a lo Dick (y un poco Futurama)
No me interesa saber si los androides sueñan con banquetes de tuercas o borracheras de aceite hidráulico, sino evidenciar que un pueblo sin sueños, o que comparte los mismos sueños, no puede ser considerado una sociedad de individuos. Nuestros sueños somos nosotros. Sin sueños, no somos.
Algo que causa gran extrañeza al protagonista es la multitud de cabezas de oveja que decora las paredes del hotel restaurante en el pueblo, no hay ciervos con ostentosas cornamentas ni osos, son ovejas que dirigen una mirada vidriosa a la nada. No se cita en ningún momento la obra de Philip K. Dick pero se crea un ambiente que lo recuerda al tratarse de una historia con alto contenido filosófico.
Así que es eso, no solo un parque temático, sino un experimento sociológico en el que poder ensayar otras posibilidades.
La identidad es un tema que se expone constantemente en un lugar donde cualquiera que se acerque puede ser, o no, un androide, y la responsabilidad del protagonista, como científico reconocido mundialmente por sus reportajes televisivos, de dar unos resultados concluyentes cuando todavía siente los ecos de su crisis personal no superada.
El autor
Ignacio Ferrando, nacido en Asturias en 1972, es ingeniero, profesor y escritor y regularmente imparte conferencias y talleres sobre escritura y lectura crítica. Ha obtenido diversos premios por su obra la cual se puede conocer en su página personal:
Ignacio Ferrando