ROBOT DREAMS, dirigida por Pablo Berger, es una película que llamó la atención a la audiencia y la crítica por su carga emotiva y su animación, que hay quien dice que es innovadora, pero a mi me parece bastante normalita, aunque correcta y eficaz respecto a la historia que cuenta. Basada en la novela gráfica de Sara Varon, explora la amistad entre un perro solitario y un robot en el Manhattan de los años 1980. La historia se desarrolla sin diálogos, genera agradables emociones por su descripción de las relaciones humanas (no exactamente, ya me entienden) y la soledad, utilizando la música y los efectos sonoros para transmitir los estados de ánimo de los protagonistas y avanzar en la trama.
Dog, nuestro protagonista, navega por la vida de forma rutinaria, solitaria y aburrida hasta que atendiendo el llamado de un anuncio televisivo decide comprar un robot de compañía. La experiencia no puede ser más satisfactoria por cuando Dog y Robot se convierten en compañeros inseparables, recorriendo la ciudad al ritmo de September, de Earth, Wind & Fire, uno de los clásicos entre los clásicos disco de la época. La tragedia llega cuando Dog olvida
a Robot en la playa de Coney Island, justo en el momento en el que esta cierra hasta la siguiente temporada veraniega.
Tras varios intentos de rescatar a Robot, Dog acaba por desistir y esperar a la nueva apertura de la playa. Ahí empiezan las aventuras de Robot que se ve envuelto en múltiples peripecias... hasta que acaba en un chatarrero.
Dog y Robot muestran el encanto de la amistad a través de sus experiencias compartidas, y la conexión especial que se crea entre ellos, haciendo de cada pequeña acción un recuerdo inolvidable.
ROBOT DREAMS utiliza la animación y los animales atropomorfizados para recorrer las complejidades de las relaciones y las emociones. La atención al detalle en la representación de Nueva York añade una capa de realismo, permitiendo a los espectadores obviar que en realidad está ante las aventuras de un perro con pantalones y un robot.
Ese cuidado al reconstruir una época de la ciudad, que si bien pasa desapercibida tras lo emotivo de la historia principal, hace recordar las referencias que nos llegaban a través del cine y la televisión de aquella época. Nueva York como ciudad mítica donde se fusionaba la cultura de barrio con lo más granado de la élite financiera, siempre bajo la constante amenaza de la delincuencia callejera. En cierto modo también es un homenaje a aquellos iconos del arte, la música y la cultura urbana.
La película es toda una experiencia cinematográfica que toca temas universales como la amistad y la naturaleza pasajera de las relaciones. Al prescindir de los diálogos, Pablo Berger puede concentrarse en el aspecto visual lo que le permite mostrar matices con el lenguaje de los gestos que de otra forma hubiera sido más complicado resaltar.
Ha recibido numerosos reconocimientos, incluyendo dos premios Goya y una nominación al Oscar a la Mejor Película de Animación. Apta para todos los públicos, y pese a su animación aparentemente simple, una de esas películas para recordar.
España, 2023