Visto lo visto en la parafernalia publicitaria que rodeó el estreno de esta película me había quedado con ganas de verla. No es que tuviera expectativa alguna respecto a ella, pero al menos las imágenes eran lo bastante atractivas y el argumento suficientemente interesante como para llamar mi interés. Una vez vista solo puedo decir que es una gran, enorme, decepción. Excepto el aspecto visual y las interpretaciones, que son decentes, todo lo demás falla: el guión es deslavazado, el hilo argumental débil, la ambientación (que no los escenarios) inconsistente, y la resolución, no por telegrafiada, fría como el hielo. Eso si, espectacular hasta decir basta.
La historia trata de que, en un futuro relativamente cercano, hombres, robots e inteligencias artificiales conviven armoniosamente a lo largo y ancho del mundo interactuando y complementándose en una serie variopinta de labores y tareas, es más, incluso se fabrican robots con rasgos humanos, que pueden replicar los de cualquier persona, estos son los simulantes. La cosa va incluso más allá, permitiendo copiar la mente de cualquier persona para trasladarla al cerebro electrónico de un robot.
Peeeero... no está claro si por mala baba, mala fe o un descuido desafortunado, una cabeza nuclear a cargo de uno de esos robots detona en Los Ángeles provocando un millón de muertos. El caso es que en Occidente los robots e IAs de cualquier cociente intelectual y condición son eliminadas sin el menor titubeo, pero además de eso las potencias occidentales también quieren erradicarlas del resto del mundo, aunque en Asia no ven las cosas de igual manera y allí la convivencia sigue siendo pacífica y fluida.
Esto lleva a la delirante situación de que los países asiáticos son sistemáticamente atacados desde una enorme estación orbital llamada NOMAD para destruir a sus robots. Pero un misterioso ingeniero llamado Nirmata (El Creador en nepalí, de ahí el un tanto desconcertante título de la película) está a punto de poner en marcha el arma definitiva que desbaratará los planes de occidente. El sargento Joshua Taylor (John David Washington) está infiltrado en la resistance vietnamita, laosiana o tailandesa, no me quedó claro, con la intención de descubrir y capturar a Nirmata, pero una precipitada operación de comando da al traste con sus planes, alejándole de Maya (Gemma Chan), que en un principio era su objetivo a vigilar pero de la que se acaba enamorando y dejando un poco embarazada.
Al cabo de los años Taylor es de nuevo requerido por el ejército porque han descubierto la ubicación de la base de Nirmata. De nuevo, una operación de comando lleva a Taylor y el resto del equipo al mando de la coronel Howell (Allison Janney) hasta la base, pero de nuevo la cosa sale fatal y Taylor consigue escapar por los pelos llevándose a Alphie (Madeleine Yuna Voyles), un pequeño robot con aspecto de niña a la que solo interesa ver dibujos animados. Sin saberlo, Taylor ha encontrado el arma secreta de Nirmata lo que le convierte en objetivo de todas y cada una de las facciones en conflicto.
A partir de ahí todo es un corre que te pillo, con las autoridades locales a la caza de Taylor y Alphie, que a su vez son perseguidos por una implacable Howell.
Lo que está bastante claro es que a Gareth Edwards le importa poco, por no decir nada, las implicaciones de integrar de forma tan íntima IAs y seres humanos. Se llega al punto de no distinguir a robots de simulantes más allá de por la cantidad de metal que queda a la vista, pero es que las interacciones entre humanos, simulantes y robots tampoco tienen el menor matiz, siendo perfectamente intercambiables en roles y papeles.
Lo que le interesa a Edwards es la cantidad de explosiones y tiros que es capaz de meter por metro de cinta (¿a día de hoy habría que hablar de megabytes?) Mero espectáculo, aspecto en el que cumple sobradamente, y ya. Si piensa encontrarse alguna sesuda reflexión al estilo de EX MACHINA o UNCANNY olvídese. Sin embargo, lo que si rezuma la película es un para nada disimulado mensaje anti-imperialista. Los asiáticos viven sus vidas plácidamente en el campo y la ciudad junto a los robots sin meterse con nadie, pero tienen que llegar los pelmazos de los yankis a liarse a tiros con todo lo que asome un cable o bombardear ciudades enteras desde el NOMAD para aniquilar cualquier rastro de vida robótica, algo que se hace especialmente extraño porque... ¿dónde están los chinos? A estas alturas no creo que haya nadie sobre la Tierra que no sepa que China es la segunda potencia armamentística del mundo mundial ¿de verdad que Edwards nos quiere hacer creer que va a ejercer de espectador contemplativo mientras occidente aplana su patio trasero? De nuevo es más que evidente que a Edwards tampoco le interesa la geopolítica.
En cuanto al elenco todos cumplen con la profesionalidad exigible, la película no da para grandes interpretaciones, y en muchas ocasiones lo que se exige a los actores es un punto histriónico muy en la línea del resto de la pirotecnia, e ese aspecto y visto en tono general de la película no se puede pedir más. Por decir algo, Allison Janney queda un tanto desubicada en su papel de coronel implacable, vistos los papeles en los que hasta ahora la habíamos visto (y si como yo, acaba de verse Mom de cabo a rabo, se hace raro verla como coronela implacable).
Finalmente THE CREATOR queda como película de tiros con niño, con un particular final feliz, no podía ser de otra manera, lleno de carreras, mamporros y sobresaltos. Si quiere un acercamiento minucioso e introspectivo a la robótica y la inteligencia artificial, busque en otro sitio.
EE. UU., 2023