Los fans de la ciencia-ficción tienen bien asentada en su memoria la película BLADE RUNNER (Ridley Scott, 1982), así como sus continuaciones ya sean en forma de libro, cómic o la celebérrima BLADE RUNNER 2049 (Denis Villeneuve, 2017). Incluso en el mundo de las series existe BLADE RUNNER: BLACK LOTUS (2021), una producción japonesa que intenta conectar las dos películas principales de este universo, pero por desgracia, su fallida animación en 3D la hace ver como una historia de plástico a la par de un guión deslactosado que elimina los principales planteamientos filosóficos de la franquicia. Habrá que esperar a la llegada de BLADE RUNNER 2099, el nuevo proyecto de Amazon en formato de serie que promete recuperar las atmósferas audiovisuales de la película original.
Pero entre los rumores en el mundo cinéfilo existe una película coreana de ciencia-ficción estrenada a principios de la década de los años 2000 que si bien no está aceptada como parte de la franquicia, su trama y temáticas encajan perfectamente en el universo que ahora comentamos. NATURAL CITY (2003) se presenta como un Blade Runner hecho en Corea del Sur que busca profundizar en varios aspectos de la clásica cinta de Ridley Scott.
En una ciudad futura, los cyborgs conviven con los humanos ya sea como trabajadores o como acompañantes románticos. Un aspecto que los molesta y frustra es que tienen un tiempo de caducidad corto, de ahí que varios de ellos se unen para crear el caos y colapsar la civilización humana. En este contexto, R y Noma son dos policías militares de élite que cazan cyborgs desviados. Pronto, tendrán que enfrentarse a la conspiración de un científico mientras que el malestar de R no cesará en ningún momento: su cyborg de compañía Ria está por caducar y una posible solución apunta a trasladar su información mental a Cyon, una prostituta humana que sólo busca ganarse la vida cuando sorpresivamente se ve envuelta en el conflicto.
Se le plantea a R una pregunta permanente que parece no tener respuesta clara: ¿se ha enamorado de un ser artificial? ¿O su mente sólo cree que ama algo que parece una figura humana? En un mundo de simulaciones, saturación demográfica y de automóviles voladores envueltos en lluvia y oscuridad, el planteamiento principal de la cinta guía a su protagonista a salvar el día mientras busca la forma de rescatar al cyborg que ama.
A primera vista, la historia apunta a un plagio descarado de la franquicia de Blade Runner en donde todos sus elementos están presentes pero con términos diferentes. En lugar de replicantes renegados aparecen los cyborgs desviados o los policías militares de élite que cazan cyborgs en lugar de los Blade Runner s. El espectador a su vez puede encontrar preguntas en torno a lo humano, un universo neo noir inevitablemente cyberpunk y, a su vez, preguntas constantes sobre qué es real y qué no muy al estilo de la obra de Philip K. Dick. Sin embargo, mucho del tono y las atmósferas de la cinta son sumamente limitadas y no alcanzan el estilo de la cinta original de Ridley Scott, por lo que resulta mucho menos problemático señalar que la historia apenas y se convierte en un intento por emular la película original de Blade Runner.
Algunos elementos de la película se alejan de las temáticas de la franquicia original. En primera instancia, las preguntas filosóficas terminan muy pronto y la cinta se preocupa más por el espectáculo de fuegos artificiales, explosiones y peleas cuerpo a cuerpo. Las artes marciales y los giros forzados en la historia restan credibilidad y buscan complacer a un público masivo. De la misma forma, la historia divaga durante su primera hora y no es claro hacia dónde van los personajes: la vida cotidiana de los protagonistas, los detalles técnicos de los cyborgs así como la constante frustración de R dado que su amada cyborg Ria pronto dejará de funcionar llevan a que la cinta pierda ritmo y no sea claro el camino que tomará en su última parte.
Otro de los aspectos molestos de la historia es la presencia del tema cliché del científico loco. Despedido de una fábrica de cyborgs, poco a poco se ha introducido en un mercado negro que trafica con memorias robóticas buscando insertarlas en seres humanos. Poco a poco, el espectador descubrirá que dicho científico es extraño, introvertido, brillante y demente a la par, y que a la larga creará toda una conspiración para seguir viviendo aunque sea como cyborg. No está de más señalar que a su vez es tan malvado al grado que provoca que la historia pierda una valiosa oportunidad para tratar personajes moralmente ambiguos, aspecto que ha sido más que dominado en la franquicia de Blade Runner.
En definitiva, una emulación de Blade Runner que rápidamente pierde el encanto al abandonar las preguntas dickianas y centrarse en el espectáculo de disparos, patadas y explosiones por doquier. No obstante, resulta ser una enorme curiosidad cinematográfica que vale la pena observar para descubrir los puntos en común con la franquicia original.
Corea del Sur, 2003