SÍNDROME DEL PARAÍSO
SÍNDROME DEL PARAÍSO EE. UU., 1968
Título original: Star Trek TOS: The Paradise Syndrome
Dirección: Judd Taylor
Guión: Margaret Armen
Producción: Gene Roddenberry y Fred Freiberger
Música: Alexander Courage y Gerald Fried
Fotografía: Jerry Finnerman
Duración: 45 min.
IMDb:
Reparto: William Shatner (Kirk); Leonard Nimoy (Spock); Deforest Kelley (McCoy); James Doohan (Scott); George Takei (Sulu); Walter Koenig (Chekov); Majel Barrett (Chapel); Sabrina Scharf (Miramanee); Rudy Solari (Salish); Richard Hale (Goro)
Temporada: 3, Episodio: 03

Sinopsis

Fecha estelar 4842.6. La Enterprise debe desviar un asteroide en rumbo de colisión con un planeta clase M presumiblemente habitado. Kirk, Spock y McCoy se transportan al planeta para evaluar la situación, y descubren una extraña construcción, una especie de obelisco que sin duda ha sido erigido por una civilización avanzada. Poco después encuentran un asentamiento humano, cuyos miembros parecen nativos americanos, y que viven en total armonía con la naturaleza. Kirk decide examinar más detenidamente el obelisco y se separa de sus compañeros. Por alguna razón, se abre una trampilla secreta en la construcción y el capitán cae en su interior. La desaparición del capitán preocupa a Spock y McCoy, pero el vulcaniano, consciente de que les queda muy poco margen de tiempo para desviar el asteroide, opta por regresar a la nave y proseguir con la misión. Mientras, en el interior del obelisco Kirk recibe una descarga energética que le hace perder la memoria. Cuando poco después logra salir del obelisco, es tomado por un Dios por dos muchachas nativas que presencian su aparición. Tras salvar la vida de un muchacho de la tribu, Jim es acogido por los nativos como un Dios viviente, recibe el distintivo de hechicero y acaba contrayendo matrimonio con la bella Miramanee. Mientras tanto, todos los intentos de la Enterprise por desviar la trayectoria del asteroide fracasan. Spock, convencido de que la solución se encuentra en los extraños jeroglíficos de la superficie del obelisco, trata de descifrarlos.

Admirando la arquitectura local
Admirando la arquitectura local

En SÍNDROME DEL PARAÍSO Jim pierde la memoria y esto facilita que viva una de las historias de amor más hermosas y trágicas que imaginarse pueda. La bella Miramanee ocupa un lugar destacado entre las conquistas femeninas de nuestro héroe, y es, quizá, la mujer a la que más profundamente ha amado, después de la Edith Keeler de LA CIUDAD EN EL LÍMITE DE LA ETERNIDAD.

El amnésico Jim vive durante unas semanas en un idílico paraíso. Bajo el nombre de Kirok, el capitán de la Enterprise comparte la sencilla forma de vida de los nativos, se integra en la comunidad e inicia una relación con Miramanee. Pero su subconsciente le dice una y otra vez que él no pertenece a ese pueblo, y la dicha que le inunda se enturbia algo por las extrañas visiones que padece; visiones de una nave flotando en el vacío espacial y de las caras de unas personas a las que debería reconocer. No obstante, todas sus dudas y aprensiones parecen desaparecer cuando Miramanee le dice que espera un hijo. A partir de ese momento, Jim / Kirok se entrega por completo al paraíso terrenal que ha encontrado al lado de Miramanee, y sólo al final, cuando Spock consigue hacerle recobrar la memoria recurriendo a la fusión mental vulcaniana, vuelve a ser el James Kirk de siempre y a sentir que el deber le reclama de nuevo.

En cierto modo, no deja de ser curioso que nuestro idolatrado capitán sólo pueda amar intensamente a una mujer cuando sus recuerdos se han borrado. Como oficial de mando de la Flota Estelar, Kirk es, tanto por obligación inherente al cargo como por propia convicción, esclavo de las responsabilidades de un capitán. Con la memoria restablecida, Jim jamás podría quedarse junto a Miramanee, por mucho que la ame, porque su sentido del deber le empujaría a seguir al mando de su también muy amada Enterprise. Muchos años más tarde, durante los acontecimientos narrados en el film STAR TREK: LA PRÓXIMA GENERACIÓN, Kirk reflexionará un tanto amargamente sobre su vida, sobre las ocasiones que perdió en favor de su carrera en la Flota Estelar. Pero al final, algo le hará recapacitar y volver a ser el Jim Kirk de siempre, un hombre que ha nacido para comandar una nave estelar, para explorar el cosmos y abrir nuevos caminos para la humanidad. Por eso la desdichada Miramanee es, en cierto modo, afortunada al morir como lo hace, pensando que ella y sólo ella es lo más importante para Kirok. Pero no nos equivoquemos: Jim la ama, e indudablemente la abandonaría con gran dolor de corazón. Lo que ocurre es que Kirk, como otros muchos miembros de la Flota Estelar, sabe que su destino es seguir la llamada de las estrellas.

Spock, por su lado, trata de llevar a buen término la misión. La extraña desaparición de Kirk le preocupa, pero logra convencer a McCoy de que lo primero es desviar el asteroide. Cuando todos los intentos por hacerlo fracasan, el vulcaniano se concentra en el obelisco y los símbolos de su estructura, en los que intuye se encuentra la solución al problema, pues ha deducido que tal construcción es, en realidad, un gigantesco deflector, dejado allí por una misteriosa raza para proteger al planeta de colisiones semejantes. El primer oficial acaba por descubrir que los símbolos son notas musicales, que presumiblemente deberían abrir una escotilla en la estructura, facilitando el acceso a su interior.

El obelisco contrasta notablemente con el idílico paraje en el que se erige, y en cierta forma recuerda al misterioso monolito de 2001, UNA ODISEA DEL ESPACIO. A pesar de tratarse de un episodio de la tercera temporada, que se destacó sobre todo por el draconiano recorte del presupuesto para cada capítulo, es una de las mejores piezas de decorado de toda la serie. Sorprende también, y mucho, por la razón económica antes citada, que la acción se desarrolle principalmente en exteriores. Esto permitió que Jerry Finnerman, a cargo de la fotografía, hiciera verdaderas virguerías, siendo éste uno de los episodios mejor fotografiados del conjunto de la producción.

Confraternizando con los nativos
Confraternizando con los nativos

SÍNDROME DEL PARAÍSO es importante en el devenir Trek, pues aquí se da una explicación bastante plausible de por qué abundan tanto las razas humanoides en la galaxia. Los nativos del planeta son los descendientes de un grupo de indios americanos que, en época remota, fueron arrancados de la Tierra y trasladados a ese nuevo mundo por una raza, presumiblemente extinta, que se dedicó a preservar a otras especies inteligentes, susceptibles de desaparecer. Estos Conservacionistas (Preservers en la versión original), habrían rescatado, por así decirlo, a numerosas especies humanoides reasentándolas en otros mundos, y probablemente también habrían realizado algunos experimentos genéticos con ellas, dando origen a otras razas. Es una idea muy sugestiva y común en la literatura de ciencia-ficción, que lamentablemente no se desarrolló en profundidad en otras series Trek, aunque sí que se ha mencionado en ellas ocasionalmente, pero de forma un tanto vaga, a estos Conservacionistas o a otros seres semejantes.

Como era habitual en TOS, el primer borrador del guión de SÍNDROME DEL PARAÍSO presentaba una historia bastante distinta de la que después se rodó. Así, por ejemplo, en el texto original no se conseguía desviar el asteroide, lo que obligaba a Spock, al mando de la nave en ausencia del capitán, a evacuar a los nativos. La cosa se complicaba, porque Kirk, perdida la memoria, tomaba a Spock y su equipo de misión por invasores alienígenas y, bajo la personalidad de Kirok, acaudillaba a los nativos y los organizaba para hacer frente a los hombres de la Flota Estelar. Había incluso una lucha cuerpo a cuerpo entre Kirk y Spock, y en el transcurso de la misma el capitán recobraba la memoria, ayudando luego a Spock a reactivar el deflector y a impedir así que el asteroide chocara con el planeta. Por otra parte, Miramanee, que no fallecía al final, permanecía como líder de su pueblo, llevando en su seno al hijo de Kirok / Kirk.

Indudablemente los trekkies habríamos disfrutado de una historia semejante, aunque quizás se nos hubiera hecho un poco difícil de entender que Kirk, un hombre honorable y responsable al máximo, abandonara a Miramanee sabiendo que la joven esperaba un hijo suyo. Tal vez esta fue una de las razones que empujaron a Margaret Armen a cambiar el guión. Como sea, el romántico y trágico final de SÍNDROME DEL PARAÍSO es una de las conclusiones más hermosas y emotivas jamás vistas en TOS.

Varias de las personas implicadas en el proyecto no quedaron satisfechas con SÍNDROME DEL PARAÍSO. Para la guionista tenía demasiada acción y, por el contrario, fallaba algo en la presentación de las situaciones. Al inefable Fred Freiberger, que años más tarde ayudaría a desvirtuar Espacio: 1999, le gustaba el rodaje en exteriores, pero, por lo demás, pensaba que era uno de los capítulos más flojos de la serie. Bastantes trekkies lo consideran un episodio atípico y de escaso valor. Pero para mí, a pesar de todos los peros que se le quieran poner, es una de las historias más bellas y conmovedoras de Star Trek. Visionadlo con la mente y el corazón abiertos y ya me diréis.

© Antonio Quintana Carrandi,
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