LA IA EN LA CIENCIA FICCION, UNOS COMENTARIOS
por Rafael Ontivero
El loro estocástico
El loro estocástico

Sin pretender ser exhaustivo, y mucho menos con la intención de pontificar, y dado que el tema de la inteligencia artificial está más que candente y en boca de todos, quiero hacer unas reflexiones sobre ella, y contar algunas obras de ciencia-ficción que han presentado a la IA de forma razonable y razonada.

Empecemos por el principio, con unas palabras sobre lo que en la actualidad entendemos como inteligencia artificial, expuesta sin las cancamusas de los habituales influenciadores (que no influencers) ni las fantasías animadas de ayer y de hoy de otros seres de farándula y pandereta.

La IA a fecha de hoy no es más que un loro estocástico. Toma frase. Podrá parecernos que es el oro y el moro, que responde increíblemente bien a nuestras preguntas, y que, por poner un ejemplo que me afecta directamente, soluciona muchos problemas de desarrollo. No es la primera vez que uno se sobresalta cuando le pasa un bloque de código y la respuesta incluye comentarios en relación a la conjetura del significado de los nombres de las variables. Yo quedé epatado cuando, en respuesta a un bloque de código en SQL, respondió en relación con el intercambio de divisas... sin darme cuenta de que una variable contenía el nombre de Forex, y otra, waherungen (denominación en alemán). Hay que tener en cuenta que no importa en qué idioma le hables, los entiende casi todos. Volveremos sobre esto.

Otra cosa que suele dejar perpleja a la gente es que es capaz de ejecutar internamente código en Python, y muchas preguntas, a no ser que especifiques un lenguaje concreto, te las devolverá en serpentino.

También podríamos maravillarnos de la calidad de las respuestas. Todo lo sabe. Le puedes preguntar sobre lo que quieras, que te dará una respuesta internamente coherente y bien redactada, aunque bastante verborreica. Es como el cuñado eterno, el ser luminoso e infalible que jamás se equivoca ni mete la pata y, a diferencia de los cuñados reales, en el momento en el que le has dicho que se ha equivocado, te pide disculpas y vuelve a generar una nueva respuesta... también posiblemente errónea. Cuanto más hablo con la IA, más me parece un savant de seis años, con sus berrinches y sus carencias.

Por otro lado, hay que saber preguntarle, porque la respuesta a va a depender directamente de la pregunta, ya que, aparte de loro estocástico, también es un completador de texto.

Suelo referirme a la IA como Rebuznos. Es decir, en lugar de decir voy a preguntarle a la IA, lo que digo es voy a preguntarle a Rebuznos. ¿De dónde sale eso de rebuznos? Es muy sencillo, si tu pronuncias ia de seguido y de forma repetida, el sonido se asemeja al de un rebuzno, sonido que va con segundas intenciones en relación con tanto pagafantas y cancamusero vendehúmos. Que sí, que la IA es una novedad cada vez más útil, pero de ahí a tanta tontería como se dice, va un trecho.

El gran avance tecnológico de la IA consiste en que es capaz de completar texto coherentemente escrito y entendible por un ser humano. Pero eso queda muy lejos de que el texto nos cuente una verdad verdadera. Por eso el nombre de loro. Básicamente, no entiende qué está diciendo, aunque a simple vista parezca que sí lo hace. De ahí viene lo que se ha llamado alucinación, que viene a ser componer una respuesta perfectamente válida sintácticamente, pero completamente inventada.

Mis primeras pruebas con la IA iban por ese camino, de hecho, con un motor local, que no puede ser demasiado complejo, le pregunté cuántas mujeres aparecían en la novela de Verne CINCO SEMANAS EN GLOBO. En lugar de responderme que no lo sabía, que su base de datos no contenía esa información, se inventó dos mujeres. A una de ellas la llamó Victoria­ (que es el nombre del globo) y dijo que era camarera, y la otra creo que cupletista.

Observad la burrada. En primer lugar, en la novela no aparece ninguna mujer en ningún momento (excepto el ama de llaves de Kennedy­, creo recordar). En segundo lugar, en 1863 no había camareras, y creo que el oficio de cantante femenina tampoco existía como tal. De hecho, la Wikipedia me dice que el cuplé se inventó en 1893, treinta años después de la escritura de la novela. Y soltó todo aquello tan pancho, como si acabara de leer el libro.

Una de las cosas que más coraje me da es que una IA no puede no responder. Es como cuando tus padres te reñían, pero tu debías tener la última palabra. Pues igual: te responde sí o sí, aunque la respuesta sea una memez.

Y ojo con eso, porque en este caso lo hice para pillar al bicho, pero otras veces la respuesta puede estar tan cerca de la verdad o que tus conocimientos se encuentren tan lejos de la misma, que sea difícil de distinguir si te está contando una milonga. Y eso es peligroso. Muy peligroso.

En cuanto al tema del desarrollo, que queda un poco lejos de este texto, simplemente comentar que muchas veces las respuestas que da entran dentro de lo que a veces se conoce como técnicamente correcta pero completamente inútil.

IA dando caña. Que inteligente, puede, pero lista, no mucho ¿Captan el detalle?
IA dando caña. Que inteligente, puede, pero lista, no mucho ¿Captan el detalle?

¿Entendéis ya por qué se le llama loro?

Ojo, eso no quiere decir que ninguna respuesta valga, sino todo lo contrario. Hay veces que responde de dulce, justo lo que quieres y cómo lo quieres (si eliminas la verborrea, que parece Peter F. Hamilton con diarrea mental), pero no podemos fiarnos al 100% porque puede haber algún tipo de vicio oculto, que suele ser más evidente cuando responde sobre temas de desarrollo: funciones de bibliotecas que no existen, errores en los parámetros, código que no compila, etc. Y muchas veces, cuando se lo haces ver, te pide perdón y se corrige... terminando con la respuesta correcta o, algo también habitual: entrar en un círculo; de la respuesta A pasamos a la B, de la B a la C, y de la C a la A de nuevo, lo más seguro con más pasos intermedios, sin que salga del círculo le digas lo que le digas, y lo único que puedes hacer es borrón y cuenta nueva.

Pero las limitaciones no terminan ahí ni mucho menos. En mi caso concreto, usarla para corregir mis escritos siempre termina en frustración, y aquí creo que se trata más del entrenamiento realizado que de las propias limitaciones de la IA, pero, a fin de cuentas, la limitación está en el producto en sí. Y hablo de productos de pago, no de los gratuitos.

Le pasas el texto, ya sea copiado y pegado o como un fichero, y le pides que te lo corrija, respetando el sentido del texto y el tono literario. Pues bien, la respuesta se parece como una amapola a un enano Gully. El resultado siempre ha sido penoso y la poca originalidad y fuerza que haya podido tener mi texto, ha desaparecido por completo, convirtiéndolo en algo plano y sin viveza. Ojo, que no es que yo sea un Cervantes, que no lo soy, pero sí que sé evaluar la calidad de un texto y, después de una corrección de cualquier cosa que haya escrito, el resultado siempre ha sido peor que el original. A eso hay que añadir que no siempre ha seguido mis instrucciones al pie de la letra. Tú le puedes decir que solo corrija la sintaxis y la ortografía, que el resultado final va a ser el que a la IA le salga de los bits. Y no os digo ya si le pides que mejore tus barruntos: entre el wokismo imperante, y la falta de originalidad, el resultado no solo es penoso, sino que encima queda resumido, aunque le digas que no lo haga. Tu insiste, que te va a hacer menos caso que un gato cuando se hace el sueco.

Y he probado sistemas específicamente entrenados para corregir textos, pero no hay manera, la mejora siempre ha consistido en estropear por completo el texto, resumiéndolo de mala forma y eliminando la viveza de este. ¿Sabéis cuál es el mejor complemento para corregir tu texto? El que viene en las últimas versiones de Microsoft Word (Y sí, usa modelos entrenados de ML, algo cercano a la IA pero que no es IA).

Sigamos con la tecnología que nos va a dominar y esclavizar. ¿Queréis echaros unas risas a costa de la IA? Hacedle alguna pregunta en la que intervengan números, como por ejemplo que tenéis que devolver 18 euros, pero solo tienes billetes de 10 euros, de cinco y monedas de dos euros. O de las del tipo de acertijo lógico sobre parentescos. Como los titulares clickbait: Pregúntale esto a la IA, y la respuesta te sorprenderá. ¿Y sabéis por qué da ese tipo de respuesta tan estúpidamente errónea con este tipo de preguntas?

Ya hemos visto la loridad de la IA. Ahora veamos el estocastismo. Un proceso estocástico es aquel gobernado por el azar, total o parcialmente. Es decir, la respuesta se genera en base a unos potenciales estadísticos a partir de los potenciales estadísticos de la pregunta. Porque. No. Entiende.

A preguntas impertinentes respuesta incongruentes
A preguntas impertinentes respuesta incongruentes

Repitamos: la IA no entiende lo que se le está preguntando. A fecha de hoy no se conoce muy bien por qué da las respuestas que da, pero el proceso es casi igual de sencillo (es un decir) que una red neuronal. En una red de este tipo, tu aplicas una entrada, que va pasando por una serie de neuronas simuladas, conectando unas y desconectando otras en base al estado de las anteriores, para que en la salida tengas el resultado y un porcentaje de acierto: gato, 86%. Es decir, en la foto hay un gato con un 86% de probabilidad. Te queda un 14% en el que podría ser un Gallifante. O un pitico de boina.

Pues la IA funciona parecido, pero en lugar de neuronas tiene tensores, que vienen a ser neuronas multidimensionales. Digamos que es un paso más en el nivel de complejidad. Y ocurre lo mismo que en la red neuronal: aplicas el texto enviado, que genera una concatenación de eventos dentro de la IA que termina en la respuesta que te da, pero no porque entienda lo que preguntas, sino porque es lo que ha generado.

Podríamos hacer la comparación con las ramas de un árbol. Cuando inicia la respuesta, el sistema empieza a generar una serie de ramas basadas en diferentes potenciales y gracias a un conjunto de números aleatorios, las ramas irán podándose y quedando las más probables. ¿Y qué hay en cada trozo de una rama? Pues letras y partes de palabras, que, si empezamos a leer desde el tronco, y recorremos una serie de ramas concatenadas, vamos viendo una potencial composición final. Si volvemos a empezar desde el tronco y elegimos otra secuencia de ramas, veremos otra respuesta potencial. Será tarea del jardinero ir cortando las respuestas con el texto incoherente o falso, y dejando solo las más probables, para elegir una, o a veces dos cuando no tiene claro cuál pueda ser la correcta.

No hay magia, solo una serie de elecciones aleatorias basadas en una serie de pesos que llegan a la respuesta. Y, de hecho, ante una misma pregunta, y mismos números aleatorios generados (cosa que se puede hacer sin problema si controlas el motor), la respuesta será, siempre, la misma. Lo que da aquí vida a la IA son los números aleatorios.

Y esto se puede demostrar que es así. De hecho, incluso te lo puedes demostrar a ti mismo si tienes un ordenador con una tarjeta de vídeo más o menos potente: instala localmente cualquier motor de IA, pongamos por caso Stable Diffusion, que tiene herramientas para hacerlo fácilmente. Pídele algo y espera a que termine. Fíjate en el valor de Seed que te da el resultado. Ahora fija esa semilla (con el botón del dado) en el campo correspondiente. Dale a generar. ¿Qué ha ocurrido? Pues que ha generado exactamente la misma imagen. Y ahora instala lo mismo en otro equipo y repite con la misma semilla y prompt. Aiválahostia, la misma imagen (y si no te la genera, es que algo ha cambiado y ya no es la misma instalación).

Además, de momento, pese a que hay productos que hacen otras cosas, todo, absolutamente todo, está basado en el texto. Da igual si le dictas una pregunta, al final, lo que se le pasa al motor es un texto. Incluso el proceso de creación de una imagen, al nivel de los tensores, es texto procesado que, oh, magia potagia, termina en una imagen.

Te lo voy a resumir: es un procesador de texto, un loro estocástico textual. Nada más (ojo, y nada menos, que es un gran logro). Pero no hay inteligencia, ni entendimiento, ni comprehensión, aunque tenga la apariencia de que sí y ante preguntas de si es consiente, responda lo que responde.

TIEMPO PARA AMAR

O, en otras palabras: no es capaz de crear nada nuevo si no existe entre las posibles combinaciones de lo que ya existe. No va a tener ninguna idea original, ni va a traer nada nuevo a la humanidad. Me recuerda a la novela de TIEMPO PARA AMAR, del ínclito Heinlein, en la que la IA que controla Términus decide crear una matriz de no sé cuántos elementos y echar los dados, para ofrecer cosas que Lazarus no haya probado ya: nada nuevo que no sea combinación de algo ya existente y, citando a Gisella Baños, cualquier invento o idea, siempre ha estado reflejada antes en la ciencia-ficción.

Podrá sorprendernos con supuestas ideas originales, pero al profundizar descubriremos que lo único que ha hecho ha sido coger un palo, ponerle un caramelo en la punta y llamarlo Chupa Chups. Por ahí se comenta que ha creado nuevas moléculas que hasta ahora no se conocían. O que emplea técnicas insólitas para jugar —y ganar— al Go. No es más que el resultado combinatorio de los elementos disponibles. Ojo, no es moco de pavo, pero no deja de ser más que un ordenador ultrarrápido que es capaz de combinar elementos aleatorios de forma más óptima que algoritmos más clásicos, podría decirse que un buscador de máximos (u óptimos) locales con esteroides.

Y aquí no he hablado de los bugs propiamente dichos, como que no entienda un PDF subido, o que le preguntes por la página web abierta o pasada y te salga por peteneras, o que reviente ante preguntas sobre números. ¿Sabéis por qué es tan mala con los números? Porque no los entiende, los traduce a palabras, echa los dados y te da una respuesta incorrecta.

A fecha de hoy existe una enorme limitación en lo que se puede hacer con la IA, mayormente por las limitaciones del hardware actual. Los que peinéis canas como yo, recordaréis la época en la que cada año, salía un nuevo microprocesador que doblaba el rendimiento y las características. Hablo de los 286, 386, 486, Pentium y más o menos hasta la llegada de la familia de los i, que se estanca y apenas ha evolucionado hasta la llegada de los Silicon de Apple, que parece también se ha estancado al cabo de tres años.

En esa época, existían programas como AutoCAD que se arrastraban miserablemente, con un rendimiento muy inferior a su potencialidad real y que, si querías que funcionara relativamente bien, tenías que gastar varios miles del equivalente a los euros en hardware específico y ultrapotente. Y al año siguiente se te había quedado obsoleto.

Eso mismo está ocurriendo ahora mismo con el hardware que ejecuta la IA, tanto para su entrenamiento como para su uso. Por ejemplo, Microsoft planea gastar cien mil millones de dólares, ¡¡¡¡CIEN MIL PUTOS MILLONES!!!! en hardware para trabajar con la IA.

Falta hardware específico que sea capaz de trabajar con esos tensores de forma óptima y no simulada, y falta rendimiento. Conforme vaya pasando el tiempo, se irá creando (y espero que abaratando) esa electrónica, con el problema añadido de que actualmente nos encontramos muy cerca del límite físico del silicio, y es un límite real no marcado por el estado de la tecnología, así que ya veremos hasta dónde se llega.

Esto nos lleva al tema de la consciencia. Desde luego, por lo explicado más arriba, la IA actual no es no sea consciente (una AGI, que se dice), es que no llega ni a la suela de los zapatos, pese a todos los cantamañanas anunciándolo a los cuatro vientos. La explicación está en todo lo que os he contado más arriba.

Podríamos pensar que se trata de un tema de complejidad. De hecho, nuestro cerebro es una especie de tensores interconectados entre sí. Si nosotros somos conscientes, ¿por qué la IA no? Asumiendo que la diferencia estuviera únicamente en el número de conexiones, se trata de una diferencia de varios órdenes de magnitud.

El ordenador no alcanzará al cerebro
El ordenador no alcanzará al cerebro

Según el propio ChatGPT en una de sus respuestas, el modelo más complejo de IA tiene diez elevado a diez (1010) parámetros, que se pueden interconectar entre sí, mientras que la complejidad del cerebro humano está entre 1014 y 1015. Escrito así la diferencia parece poca, pero es enorme más allá de toda medida.

De hecho, el número de combinaciones posibles para la IA (1010! factorial, no exclamación), es del orden de 1095657055186, y el del cerebro humano, 101016.16333152536571, un número tan grande, que no se puede representar de forma exponencial simple y hay que hacerlo elevando 10 a 10 y volviéndolo a elevar. En otras palabras, la diferencia de combinaciones, es decir, la diferencia de complejidad, vuelve a ser un número gigantesco: más o menos 101016.

En otras palabras: la inteligencia (llamémoslo así) entre la IA más potente en la actualidad, es 101016 veces menos inteligente que el cerebro de un ser humano (luego viene cómo usemos nuestro cerebro, pero eso ya es harina de otro costal).

Además, mientras que nuestro cerebro realiza muchas de las conexiones al vuelo según se necesitan, en un modelo entrenado de IA, esas conexiones son fijas y solo cambian los potenciales.

Aparte de lo ya expuesto, no, a fecha de hoy no existe ni hay previsión de que exista en un tiempo razonable un ordenador tradicional que pueda contener el mismo nivel de complejidad que un cerebro humano, ni se cree que pueda existir nada similar con la tecnología electrónica tal y como la conocemos, aunque pasen diez mil años. Es un límite físico, y esta vez no se trata de una ceguera temporal como la de la física decimonónica.

Sé que estáis pensando en el ordenador cuántico, pero ahí la cosa está más cruda todavía, pues el más complejo hasta la fecha tiene 128 qbits, que serían equivalentes a 3,4 x 1038 bits que, aunque a simple vista parecen más que el número de parámetros conectables y que la complejidad del cerebro humano, hablamos de bits, no de algoritmos ni de tensores. Serían más o menos equivalentes a los transistores de un microprocesador, 208 mil millones la última NVIDIA B200 (chip específico para IA), con la que habría que construir el equivalente de todo lo expuesto más arriba.

Sí, ya sé que estoy mezclando churras con merinas, pero es la única forma que hay en este momento de intentar comparar una cosa con otra. No podemos comparar FLOPS con QBITS porque no hay relación, tampoco podemos hacer comparaciones directas porque no existen (ni tienen visos de existir en un tiempo razonable, y tampoco se sabe si sería posible) IAs realizadas con ordenadores cuánticos, así que nos tenemos que quedar con lo expuesto.

Reasumiendo, que decía Torquemada: no, no es posible.

LA LUNA ES UNA CRUEL AMANTE

Además, y volviendo a tocar a Heinlein, TANSTAAFL, no hay meriendas gratis, o de donde no hay no se puede sacar.

Pero es que todavía hay más. Según las últimas teorías sobre la consciencia, aun por demostrar pero que tienen visos de ser ciertas, la consciencia humana reside en las interacciones cuánticas dentro de nuestro cerebro y, si son ciertas, debemos olvidarnos de las AGI hasta el fin de los días, o hasta dentro de demasiado tiempo.

Vale, después de todo este rollo macabeo demostrando que la IA no nos va a dominar, ni tiene consciencia propia, ni ninguna de los miles de tonterías que se dicen por ahí, vamos a ver varios ejemplos de IA en la ciencia-ficción. Ojo, ejemplos realistas sobre cómo podría ser, y de libros que he leído. Debe de haber muchos más.

Empecemos con mi querido McDevitt y sus dos series, pues en las dos tenemos presencia de IA, y muy similar. En la serie sobre Priscilla Hutch Hutchins, en la que asistimos a los primeros pinitos interplanetarios de la humanidad, todas las casas, empresas, naves espaciales, todas, tienen una IA que suele responder al nombre que su dueño le ha dado. Si yo existiera en ese universo, la mía se llamaría Gruñosa, porque seguro que se pasaría el día riñéndome.

¿Y qué hace esa IA? Pues responder al teléfono, preparar citas, hacer de Wikipedia parlante. Es decir, tú estás en tu casa, echada en un sofá tomándote un zumo de arándanos, y Gruñosa te dice que tiene al jefe al teléfono, que si lo quieres coger o no. O que espabiles, que se te hace tarde para la cita con el médico. En el caso de las naves espaciales, las lleva y las trae, activa y desactiva las opciones de velocidad más rápida que la luz, y avisa de las cosas raras con las que pueda encontrarse.

¿Qué no hace? Pues ser original, tener ideas propias (aunque alguna vez parezca lo contrario), o intentar matarte estrellando la nave espacial contra un sol.

Por cierto, y sin nada que ver con el tema que nos ocupa, en esta serie, el autor es bastante pesimista con el futuro de las civilizaciones tecnológicas.

La segunda serie es la de Alex Benedict, un detective arqueólogo que, para ser sincero, me dio mucha prevención empezar a leer algo basado en un personaje tan raro y contrapuesto. Sin embargo, la serie está muy bien. En este caso la humanidad ha remontado y nos encontramos en un futuro muy lejano en el que la Tierra es casi un lugar mitológico, y el protagonista se dedica a buscar objetos arqueológicos en lugares abandonados... de nuestro futuro.

Aquí también hay IAs, de hecho, muy similares a las de la serie anterior, aunque aparentemente son un poco más avanzadas hasta el punto de darnos alguna sorpresa en los últimos libros de la serie, sorpresa que no voy a desvelar pero que no tiene nada que ver con IAs salvajes matando humanos porque sí.

A nivel recreativo, y no recuerdo si se narra en las dos series, la IA también se utiliza para poner voces a los personajes en los tridis, o para que uno reemplace a algún personaje de la película que están viendo. Es decir, uno elige ser Duncan Idaho en el film, y la IA cambia al personaje por un avatar tuyo, que con tu voz y cuerpo, realiza las mismas acciones que el personaje original.

¿Y sabéis una cosa? Pues en uno de los libros, a Jake, que es la IA en la casa de Alex Benedict, le hacen un bypass con ingeniería social. Tropecientos mil años en el futuro y todavía se las puede engañar.

En este autor, y hay que tener en cuenta que los primeros libros de las dos series son muy anteriores a la revolución actual por lo que es anticipo puro y duro, la IA no es más que un complemento muy realista, y creo personalmente que vaticina nuestro futuro cercano, en el que tendremos asistentes personales de ese mismo estilo.

Vamos ahora con Peter F. Hamilton, mi verborreico preferido, y también os voy a comentar sobre dos series. Comencemos con la serie de Salvation­, la última que ha escrito, que ahora empieza a ser publicada en español, pero que se puede leer entera en inglés... la primera trilogía, porque termina como termina y debe tener una continuación con una segunda trilogía. Es Hamilton. Miles de páginas para contar sus cosas, pero lo queremos igual.

En esta serie, igual que en las de McDevitt, la IA aparece de forma integrada en el devenir de la acción y no forma parte principal de la trama, sino que está ahí al mismo nivel que los coches o las videollamadas. Muchas cosas se hacen con ella, y no es más que una herramienta que, encima, tiene varios niveles. Es decir, hay diferentes IA con diferentes potencialidades según su complejidad. El tratamiento no se diferencia mucho de cómo lo hace McDevitt, aunque en general, los personajes no hablan directamente con ella, así que no voy a contar más. Tampoco es que recuerde mucho, porque la serie no me gustó nada, y la leí bastante deprisa.

Hasta aquí hemos visto inteligencias artificiales que no se separan mucho de las que tenemos ahora mismo, trayéndonos parcialmente ese vislumbrado futuro de chachi piruli en el que lo tenemos todo resuelto.

Entremos ahora en lo interesante: su serie de la Commonwealth, un worldbuilding (¿qué otra palabra puedo usar en español?) que me gusta especialmente. Hamilton nos tiene habituados a larguísimas novelas de más de mil páginas, divididas en libros que se van publicando como si fueran obras independientes. En el caso que nos ocupa, tenemos una precuela y dos novelacas, la primera dividida en dos volúmenes (LA ESTRELLA DE PANDORA y JUDAS DESENCADENADO), y la segunda en tres (la Trilogía del Vacío).

LA ESTRELLA DE PANDORA

Aquí la IA ha llegado al estado de AGI (es decir, autoconsciente) y ha decidido... pasar de nosotros. Casi por completo. El día que cobró consciencia, más o menos, decidió buscarse la vida y largarse. Nos dejó IAs capadas justo en el límite de la AGI y se fue a hacer las cosas que una IA autoconsciente haga, que de momento no sabemos qué pueda ser, pero estoy seguro que ella sí lo sabrá si llegara el caso.

En la novela, uno siempre puede contactar con ella. Ahora bien, que te haga caso o responda ya es otra cosa. Lo que sí te deja, es que, cuando has decidido morir, si así lo quieres, subir tu consciencia a ella. Hemos de decir que, en la serie, la vida de uno se va grabando en un chip inserto en nuestro cerebro y que cuando nos hacemos viejos o morimos por un accidente, nos pueden recuperar en un cuerpo nuevo con todos los recuerdos o aquellos que hayamos decidido mantener. También que los viajes se realizan en tren a través de agujeros de gusano, cosa que me encanta, al menos en la novela del centro.

Desde luego, ni pretende matarnos, ni esclavizarnos, ni nada de eso, sino que simplemente, pasa hasta el culo de nosotros y sin embargo, cuando realmente hace falta, nos ayuda cuando se lo pedimos... y si a ella le interesa, porque me juego un Gallifante caducado a que en la novela sabe mucho más de lo que dice saber.

Y vamos con el tercer autor, o más bien autores que, para más inri, escriben en español. Me refiero a bilogía de Exilium de la editorial Cerbero, que reúne en dos tomos la rebelión de las masas, digo de las IAs. Se trata de un fix-up de relatos, algunos de ellos bastante largos, escritos por Nieves Delgado, Antonio G. Mesa, Miguel Santander, J. G. Mesa e Israel Alonso. Las historias están interconectadas de forma suave, aunque algunas siguen a otras con los mismos personajes o citan a personajes anteriores, y tienen un punto de terror o, mejor dicho, de weird (al estilo de la revista Weird Tales), firma típica de la casa y de los autores.

En el primer relato, una ciudad móvil decide largarse con viento fresco a otro lado, a la par que en Europa un pulpo gigante mecánico se dedica a reducirla a cenizas mientras activa sexbots para que vayan liquidando a la población. Buen comienzo, ¿eh?

La IA se ha revelado y aparentemente nos está masacrando sistemáticamente. Pero conforme vamos leyendo, nos damos cuenta de que lo que realmente ocurre es que ni nos entiende ni le importamos una mierda, simplemente somos obstáculos en sus objetivos, de nuevo objetivos de los que no tenemos ni puta idea. Y nosotros contraatacamos, claro. Tampoco os puedo contar cómo termina, porque todavía no he finalizado de leer el segundo volumen, pero conociendo la literatura fandom española y a los autores que escriben, no muy bien para nosotros.

Cerebro humano vs. ordenador
Cerebro humano vs. ordenador

Vale. Concluyamos, que ya va siendo hora. Fijaos cómo la ciencia-ficción está presentando a la inteligencia artificial. Tenemos varios futuros, en los que hay un par de constantes.

Por un lado, la IA forma parte de las herramientas habituales de la humanidad. No se diferencian de cualquier otra herramienta más allá de que resulta más útil para algunas cosas, e inservible para otras. No puedes atornillar con la IA. Para ello necesitas un destornillador, y aunque técnicamente hablando, podrías decirle a la IA que atornille ese tornillo, la IA va a necesitar un destornillador en el hipotético caso de que tuviera apéndices adecuados e incluso cuando uno de ellos fuera... un destornillador.

En mi visión personal, así va a ser nuestro futuro cercano. Dejaos del pajerío mental de la dominación, de la pérdida de trabajos, de que nos van a esclavizar o exterminar, y demás memeces imaginadas por los vendehúmos de siempre.

A ver, que sí, que van a desaparecer trabajos, igual que desaparecieron cuando se pasó del coche de caballos al automóvil, del artesano a la producción industrial, etcétera. E igual que en esos casos, la eliminación de unos significará la creación de otros. Pero desde luego, no como se vaticina. Alguien, el año pasado (2023), digo que, para finales de este, el oficio de desarrollador de software iba a desaparecer, reemplazado por la IA. Pues yo, casi a mediados del 2024, sigo aquí, junto a otros muchos. Yo he comenzado a usar la IA para que me genere código que yo luego adapto, y he incrementado mi productividad, pero no veo yo que me vaya a reemplazar en un tiempo razonable, aunque, si os soy sincero, ahora mismo firmaba una jubilación en condiciones y que se las arreglen con ella. Parece ser que el vaticinio se ha retrasado para finales del 2024, lo que me recuerda a los adivinos y otra fauna, que también van cambiando la fecha según llegamos y no pasa nada.

Es cierto que algunos oficios empiezan a flojear, como el redactor de noticias, o el diseñador gráfico, pero eso no quiere decir que vayan o deban desaparecer, ya que, por ejemplo, el Photoshop no eliminó a nadie, sino que forzó a la gente a actualizarse o quedar obsoleta. Pues bien, pienso lo mismo de la IA. Está aquí para quedarse, y debemos integrarla en nuestro flujo de trabajo.

Otras críticas que he leído por ahí es que nos va a volver más tontos de lo que ya nos hemos vuelto. Textos generados con IA que serán resumidos por IA, que nos dirá lo que la IA quiera decirnos. Tenedlo por seguro si la entrenamos con basura, basura obtendremos. Y respecto a lo de volvernos más tontos, me imagino que un troglodita pensará que somos imbéciles porque no sabemos tallar una lasca, un herrero porque no sabemos cómo fabricar acero de Damasco, y un contable porque ya no sumamos el debe y el haber de un tirón y anotamos al final de la hoja sin necesidad de calculadora.

Y, por otro lado, en el hipotético caso de que consigamos una AGI (ya sabéis, autoconsciente), los dos segundos escenarios son muy plausibles. En Exilium la IA no nos mata ni nos domina por el mero hecho de hacerlo, sino que lo hace porque tiene sus objetivos y nosotros nos encontramos en medio y, de hecho, conforme avanzan los relatos, se produce una especie de pausa cuando ya no la entorpecemos en lo que quiera que busque. Y con la AGI de Hamilton pasa exactamente lo mismo: pasa de nosotros, no le importamos más allá de que somos vecinos.

Me viene la metáfora de los cisnes y las ocas, aquí en Holanda. Ambos conviven uno al lado del otro sin siquiera mirarse, pero ¡ay! como se acerque otro de su misma especie y que no pertenezca a su grupo.

Como conclusión, quiero comentar que la electrónica que soporta la IA está todavía en pañales, y que estamos al borde del límite físico de integración del silicio, así que, en caso de ser posible, que todavía no lo sabemos, no esperes AGI hasta dentro de muchos años, si antes no nos vamos a la mierda nosotros mismos sin ayuda de nadie.


Notas

Nota del SdCF: No hace falta decir que, excepto las portadas incluidas, todas las ilustraciones del artículo han sido generadas con IA, concretamente ChatGPT 4, plegarias a San Paganini mediante.

https://dragonlance.fandom.com/es/wiki/Enanos_gullys

https://www.20minutos.es/te[...]s-los-mas-pequenos-5167690/

pitico, rabillo, pirulo o txertena, depende de donde vivas.

https://www.reuters.com/tec[...]rmation-reports-2024-03-29/

Un amigo mío, informático, matemático y jesuita (ahí es nada) dice que eso está por ver.

There Ain´t No Such Thing As A Free Lunch, que en español significa No hay tal cosa como un almuerzo gratis:

© Rafael Ontivero,
(5.571 palabras) Créditos