ESTADO DE ÁNIMO
ESTADO DE ÁNIMO EE. UU., 1993
Título original: Star Trek TNG: Frame Of Mind
Dirección: James L. Conway
Guión: Brannon Braga
Producción: Peter Lauritson
Música: Jerry Goldsmith, Jay Chattaway
Fotografía: Jonathan West
Duración: 45 min.
IMDb:
Reparto: Patrick Stewart (Picard); Jonathan Frakes (Riker); Brent Spiner (Data); Marina Sirtis (Troi); Gates McFadden (Dra. Crusher); Levar Burton (La Forge); Michael Dorn (Worf); Andrew Prine (Administrador); Susanna Thompson (Interna); Gary Werntz (Mavek); David Selburg (Dr. Syrus); Allan Dean Moore (Tripulante herido)
Temporada: 6, Episodio: 21

Sinopsis

Fecha estelar 46778.1. Will Riker se estrena como actor principal, interpretando el papel de un enfermo mental ingresado en un hospital psiquiátrico en la pieza teatral Estado de ánimo, original de la doctora Crusher. Mientras prepara la obra, Picard le encomienda una peligrosa misión encubierta en el planeta Tilonus IV, asolado por una cruenta guerra civil. De pronto, mientras realiza un ensayo, Will tiene la extraña sensación de que su estancia en el sanatorio mental parece real. El médico que le atiende le asegura que sus recuerdos sobre la Enterprise son sólo delirios de su mente enferma. Riker no está dispuesto a aceptarlo, pero los sucesos posteriores siembran la duda en su mente, y comienza a preguntarse si realmente es un asesino trastornado.

Riker sin saber muy bien si la vida es sueño...
Riker sin saber muy bien si la vida es sueño...

Uno de los episodios más oscuros de TNG, ESTADO DE ÁNIMO consigue despertar la inquietud y sembrar la desazón en el espectador, que, gracias al espléndido guión, y sobre todo a la portentosa interpretación de Frakes, permanece en vilo durante todo el metraje.

Como es lógico, los trekkies sabemos desde el principio que, en realidad, Will no está enloqueciendo, y que debe haber algo más, posiblemente relacionado con la misión que le ha encomendado el capitán. Pero la historia logra funcionar muy bien, al centrarse en el proceso de hundimiento de una persona en la locura. El clímax del episodio se alcanza cuando Riker empieza a asumir que, tal vez, dicho proceso sea inevitable e irreversible, y que, quizás, sus recuerdos de la Enterprise y sus compañeros de la Flota Estelar no sean más que delirios de su mente enferma.

El desarrollo del episodio es brillante, pues los espectadores compartimos la angustia del primer oficial, que consigue transmitirnos el terror que se adueña de alguien que cree que se está volviendo loco. La puesta en imágenes es muy adecuada, realzada por los estudiados y sorprendentes movimientos de cámara, por la sombría iluminación escogida por West para las escenas que transcurren en el sanatorio, y por la casi crispante música de Chattaway. Todo ello contribuye a sumergirnos en la pesadilla onírica de un desquiciado William Riker.

En lo que a efectos especiales se refiere, un capítulo así no podía tener, por su propia naturaleza, trucajes muy elaborados o espectaculares, pues lo que narra es, básicamente, una historia de personajes. No obstante, el efecto de los cristales que se rompen y giran simboliza a la perfección la liberación de Riker de las sucesivas trampas mentales en las que se ve atrapado.

El final es un poco flojo, pero coherente con la historia que se cuenta. Desde luego, no es, ni de lejos, tan malo como da a entender la encargada de reseñar este capítulo en el libro STAR TREK: LA NUEVA GENERACIÓN, de Alberto Santos, Editor.

© Antonio Quintana Carrandi,
(334 palabras) Créditos