EL MONSTRUO SIN ROSTRO
EL MONSTRUO SIN ROSTRO Reino Unido, 1958
Título original: Fiend Whitout A Face
Dirección: Arthur Crabtree
Guión: Herbert J. Leder, relato de Amelia Reynolds Long
Producción: John Croydon, Amalgamated Production
Música: Buxton Orr
Fotografía: Lionel Banes en B/N
Duración: 77 min.
IMDb:
Reparto: Marshall Thompson (mayor Jeff Cummings); Kim Parker (Barbara Griselle); Terry Kilburn (capitán Al Chester); Kynaston Reeves (profesor R. E. Walgate); Gill Winfield (Dr. Warren); Peter Madden (Dr. Bradley); Stanley Maxted (coronel Butler); Michael Balfour (sargento Kasper); E. Kerrigan Prescott (Peterson); James Dyrenforth (mayor Hawkins); Robert MacKenzie (Gibbons); Shane Cordell (enfermera)

Sinopsis

Cercana a la población de Winthrop, en la provincia de Manitoba, se encuentra una base conjunta de experimentación de las fuerzas aéreas estadounidense y canadiense, dependiente del Comando Interceptor de la USAF. En el entorno de la instalación militar comienzan a producirse fenómenos extraños, que enseguida dan paso a una serie de muertes inexplicables entre los lugareños. Las autopsias revelan que a los cadáveres les faltan el cerebro y la médula espinal. Los cuerpos muestran un par de marcas de pinchazos en la base craneal. Las autoridades militares inician las investigaciones, intentando a la vez tranquilizar a los civiles de la zona, convencidos de que todo se debe a fugas radiactivas originadas en la base. El mayor Cumming, oficial encargado de la investigación, comienza a sospechar de las actividades del profesor Walgate, un científico británico retirado, que está experimentando sobre el poder de la mente humana y la telequinesis. Sin que al principio el profesor Walgate sea consciente de ello, las radiaciones emitidas por el equipo de radar experimental de la base aérea han incrementado su potencia mental, permitiéndole proyectar su pensamiento y crear así una nueva forma de vida, malévola e invisible, que pronto empieza a multiplicarse.

Modesta pero entretenida película de Serie B, que adapta el cuento EL MONSTRUO DEL PENSAMIENTO (THE THOUGHT MONSTER) de Amelia Reynolds Long, una de las primeras autoras en cultivar la ciencia-ficción, publicado en 1930 por la revista Weird Tales.

Aunque el film es de producción británica, se decidió situar la acción del mismo en Canadá, y otorgar protagonismo preeminente a los aviadores yanquis, para atraerse al público estadounidense. Pero la cinta fue filmada íntegramente en el Reino Unido. Las escasas tomas exteriores de la base son, en realidad, imágenes de archivo de un aeródromo americano de la época, extraídas de un noticiario cinematográfico.

El elenco se formó con actores norteamericanos y canadienses que, por aquél entonces, estaban profesionalmente expatriados en Inglaterra. El más conocido de ellos es el protagonista principal, Marshall Thompson, que desarrollaría una discreta pero interesante carrera en el cine de Serie B, protagonizando varias cintas de ciencia-ficción consideradas hoy pequeños clásicos. Sus capacidades interpretativas eran un tanto limitadas, pero suplía este defecto con su naturalidad ante la cámara. A finales de los años 60 alcanzaría cierta fama, al encarnar al doctor Tracy en la serie televisiva de aventuras Daktari, ambientada en el corazón de África.

Los efectos especiales, si bien hoy se nos antojan artesanales, eran bastante buenos para la época. Para conseguir la animación de las sorprendentes criaturas cerebrales que aparecen en el último tercio del film, se recurrió a la stop-motion o animación fotograma a fotograma, una técnica raras veces empleada en producciones de bajo presupuesto como la que nos ocupa. Este estilo de animación fue el empleado en la celebérrima KING-KONG 1933 de 1933.

Los productores de EL MONSTRUO SIN ROSTRO concentraron su atención en el mercado estadounidense, sin desdeñar el europeo. La película se estrenó en USA en julio de 1958. Su primera proyección fue en el Rialto Theatre de la ciudad de Nueva York. A efectos publicitarios, con la finalidad de despertar el interés del público, frente a dicho cine se colocó una vitrina de vidrio, con uno de los curiosos monstruos cerebrales de la película en su interior. Se trataba de una especie de marioneta activada eléctricamente, que movía su médula espinal y emitía silbidos similares a los de las criaturas del film. El reclamo funcionó admirablemente, pero tuvo que ser retirado de la vía pública por la policía, debido a las multitudes que se concentraban a su alrededor.

La hipócrita, rígida y absurda censura británica de la época arremetió contra la película. La Junta de Censores Cinematográficos ordenó el cercenamiento de varios pasajes de la cinta, que consideraba escabrosos e incluso inmorales. Los admirables efectos especiales fueron definidos como horribles y de mal gusto por los críticos de los periódicos, y hasta hubo quien recomendó que se prohibiera su exhibición. La cosa se debatió hasta en el mismísimo Parlamento, lo que viene a demostrar que los políticos británicos de entonces, como los españoles de ahora, estaban obsesionados con majaderías y estupideces, en vez de con los problemas reales que acuciaban a la sociedad. Un parlamentario laborista llegó a preguntarse si la industria cinematográfica británica, en su afán por competir con Hollywood, estaba dispuesta a llenar las pantallas inglesas de sangre y violencia. Tanto los politiquejos tiñalpas, como los emborrona cuartillas que se auto titulaban críticos de cine, tildaron la película de repugnante por excesivamente sangrienta. No faltó el imbécil que afirmó: Es demasiado estomagante y desagradable para ser calificada como una cinta de entretenimiento. En consecuencia, fue etiquetada con una X, lo que significaba, en la práctica, que sería exhibida con muchas restricciones; la principal de ella, la prohibición de que pudieran verla los menores de edad. Como en aquel tiempo la mayoría de edad en el Reino Unido estaba establecida, como en muchos otros países, en veintiún años, decenas de miles de potenciales espectadores no pudieron verla en su momento, lo que afectó negativamente a su recaudación en taquilla. En Estados Unidos, por el contrario, se exhibió sin problemas.

Metro Goldwyn Mayer se ocupó de la distribución en USA de EL MONSTRUO SIN ROSTRO. Dado su metraje, de sólo 74 minutos, fue destinada a las salas de sesión doble. Se proyectó junto con EL ESTRANGULADOR FANTASMA (THE HAUNTED STRANGLER, Robert Day, 1958), también de producción británica. Mientras que la cinta de Day, protagonizada por el icono del cine de terror Boris Karloff, pasaba sin pena ni gloria, la de Crabtree levantaba expectación. A efectos de taquillaje, no puede desglosarse la recaudación de cada título, pues ambos fueron proyectados juntos, al menos durante el primer año. Sin embargo, según los registros financieros de MGM, las dos películas recaudaron en un año de exhibición en USA algo más de 400.000 dólares. No parece mucho, pero, si se tiene en cuenta que el coste total de EL MONSTRUO SIN ROSTRO fue de 50.000 libras esterlinas, unos 140.000 dólares de entonces, y que su producción se completó en menos de un mes, representa una ganancia considerable. A pesar de la burda campaña política urdida en su contra en Inglaterra, o quizás gracias a ella, la película de Crabtree consiguió en su país de origen una taquilla de 130.000 libras.

EL MONSTRUO SIN ROSTRO figura hoy como una de las mejores películas de ciencia-ficción de los años 50 del siglo pasado, junto a títulos tan emblemáticos como EL EXPERIMENTO DEL DR. QUATTERMASS, LA MUJER Y EL MONSTRUO, ULTIMÁTUM A LA TIERRA 1951, LA HUMANIDAD EN PELIGRO, EL ENIGMA DE OTRO MUNDO, LA INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CUERPOS o PLANETA PROHIBIDO. Es un film clásico muy recomendable, que puede encontrarse en Youtube en español ibérico y en versión original.

© Antonio Quintana Carrandi,
(944 palabras) Créditos