LÍNEAS DE BATALLA
LÍNEAS DE BATALLA EE. UU., 1993
Título original: Star Trek DS9: Battle Lines
Dirección: Paul Lynch
Guión: Richard Danus, Evan Carlos Somers, historia de Hilary Bader
Producción: Peter Lauritson
Música: Dennis McCarthy
Fotografía: Marvin Rush
Duración: 45 min.
IMDb:
Reparto: Avery Brooks (Sisko); Rene Auberjonois (Odo); Siddig El Fadil (Dr. Basir); Terry Farrell (Dax); Cirroc Lofton (Jake Sisko); Colm Meaney (O´Brien); Armin Shimerman (Quark); Nana Visitor (Kira); Camille Saviola (Kai Opaka); Paul Collins (Zlangco); Jonathan Banks (Sel-La)
Temporada: 1, Episodio: 13

Sinopsis

Sin fecha estelar. Kai Opaka, líder espiritual de Bajor, visita DS9 y expresa su deseo de cruzar el agujero de gusano, a lo que Sisko accede. Ya en el Cuadrante Gamma, y cuando se disponen a regresar, los sensores de su Runabout captan una extraña señal, procedente de un planeta cercano. El comandante aboga por volver a DS9 para dejar a Opaka e investigarlo más tarde, pero la líder espiritual bajorana insiste en que procedan con la exploración. Al aproximarse al mundo del que procede la señal, uno de los satélites artificiales que lo orbitan dispara contra ellos. La nave federal se estrella en la superficie y Opaka muere. Poco después aparecen unos extraños humanoides, que se presentan como los Ennis y dicen estar en guerra con unos temibles enemigos, llamado los Nol-Ennis. Pero lo más sorprendente es la inexplicable resurrección de Kai Opaka.

Opaka consolando a Kira
Opaka consolando a Kira

Episodio de calidad media, LÍNEAS DE BATALLA presenta una crítica inmisericorde del belicismo exacerbado. Los Ennis y los Nol-Ennis llevan siglos enfrentándose en una lucha a muerte, cuyo único objetivo parece ser la completa aniquilación del adversario. En realidad, como descubrirá Sisko a través de sus conversaciones con Sel-La, ambas facciones han olvidado ya los motivos que originaron la guerra, pero tampoco les importa. El odio que se profesan es tan irracional, tan absoluto, que los líderes de su mundo de origen, al constatar que un entendimiento pacífico era imposible entre ellos, decidieron deportarlos al planeta en el que se encuentran, una especie de prisión de alta seguridad custodiada por una red de satélites.

Sel-La menciona el castigo, lo que deja un poco confundidos a nuestros héroes. Pero la repentina aparición de Kai Opaka rediviva, cuando poco antes Bashir había certificado su muerte y Kira llorado su pérdida, da un nuevo e inesperado giro a los acontecimientos. Tras examinar a Opaka, Julian descubre que su resurrección ha sido causada por una especie de microorganismos de origen artificial. El galeno no puede explicar cómo hacen lo que hacen, pero el caso es que reparan el daño celular en muy poco tiempo. De modo que el castigo a que se refería Sel-La es la imposibilidad de morir en ese lugar, no importa lo mortíferas que sean las heridas de uno.

Sisko siente compasión por esos seres y está dispuesto a ayudarlos, porque, por terribles que fueran sus crímenes anteriores, viviendo ese horror, muriendo y resucitando continuamente, ya han pagado con creces sus culpas. El comandante pretende llevárselos de allí e instalarlos en otros mundos. Pero Bashir, que ha conseguido reparar la computadora de la Runabout, descubre que nunca podrán abandonar el planeta, ya que de hacerlo morirán, pues los microorganismos que regeneran su estructura celular han sido creados para funcionar sólo en ese ecosistema concreto. La cosa es mucho peor, ya que, si alguien fallece allí, como le ocurrió a Opaka, estará condenado a permanecer en ese mundo por toda la eternidad. No obstante, Julian piensa que sería posible alterar esos microorganismos para eliminar su capacidad regenerativa, ofreciendo a esa gente la posibilidad de morir definitivamente, lo que pondría fin a su espantoso castigo. Pero ante la cerril actitud de Sel-La, que acaricia la idea de utilizar ese descubrimiento para destruir a los Nol-Ennis, el galeno opta por olvidarse del asunto.

Mientras Sisko y los demás las pasan canutas en ese gulag planetario, O´Brien y Dax se encuentran a la busca de la nave perdida. Cuando por fin localizan el mundo al que han ido a parar el comandante y los que le acompañaban, el jefe de operaciones de DS9, tras ponerse en contacto con Sisko, idea una estratagema para poder transportarlos a la Runabout, distrayendo a uno de los satélites de vigilancia. Evidentemente, el bueno de Miles no tiene nada que envidiar al legendario Scotty de TOS, porque es capaz de resolver cualquier pejiguera técnica que se le ponga por delante. Como muestra, ese magnetómetro diferencial que se saca de la manga, un artefacto del que ni siquiera Dax, oficial científico con más de trescientos años de experiencia, ha oído hablar.

El personaje de Kira adquiere un protagonismo importante en este capítulo. Es una luchadora nata, forjada en una dilatada guerra sin cuartel contra los cardasianos. Por eso, cuando los Nol-Ennis atacan el campamento de los Ennis, la bajorana reacciona como lo que es: un soldado. Más tarde, echará en cara a Sel-La que su gente no esté adecuadamente entrenada en el combate cuerpo a cuerpo, y que ni siquiera hubieran dispuesto centinelas. La respuesta del jefe de los Ennis descoloca a Kira, que no acierta a replicar: Cuando desaparece el miedo a la muerte, las reglas de la guerra cambian.

Lo cierto es que Kira se parece a esa gente más de lo que está dispuesta a admitir, pues, forzada desde niña a combatir contra un enemigo cruel y despiadado, ha interiorizado la violencia sin ser plenamente consciente de ello. Es Opaka quien, con sus sensatas y meditadas palabras, hace recapacitar a Nerys, haciéndole comprender que aún está a tiempo de rectificar e impedir que la furia belicista se adueñe de su alma.

Al final, Sisko, Kira y Bashir son rescatados por O´Brien y Dax, pero se ven forzados a dejar atrás a Kai Opaka por razones obvias. Sin embargo, la líder espiritual bajorana se muestra convencida de que su destino está precisamente allí, para curar las heridas espirituales de ese pueblo y lograr que, algún día, Ennis y Nol-Ennis vivan en paz.

El castigo, eso de no poder morir por graves que sean tus heridas, la resurrección constante, puede parecer original, pero no lo es tanto. Al menos, en un par de bolsilibros de ciencia-ficción de Clark Carrados, que yo recuerde, se menciona algo semejante: individuos condenados a cien o más penas de muerte. Según el novelista riojano, el reo era ejecutado, reanimado, vuelto a ejecutar, y así hasta que se cumplía la sentencia con la última ejecución.

Según comenta Sel-La, refiriéndose a los fáseres de Sisko y los suyos, ellos dejaron de utilizar armas de energía porque no provocaban suficientes daños. Pero sospecho que esto es un gazapo que se les coló en el guión, porque, por muy efectivos que fueran los microorganismos regenerativos esos, dudo mucho que pudieran volver a la vida a alguien vaporizado con una descarga fáser de máxima potencia.

Nunca más volveríamos a saber de los Ennis y los Nol-Ennis, a pesar de que Sisko promete a Opaka volver por ella. El personaje de la Kai volvería a aparecer, si bien brevemente y en una ensoñación onírica, en un episodio posterior.


Notas

Acrónimo, en ruso, de Dirección General de Campos y Colonias de Trabajo Correccional. Red de campos de concentración soviéticos, muchos de ellos situados en pleno círculo polar ártico. Rama del NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos), que dirigía el sistema penal de campos de trabajos forzados.

Originariamente creados por los comunistas para encarcelar a los opositores al régimen bolchevique, reales o imaginarios, las instalaciones que conformaban el gulag se convirtieron, de hecho, en el principal sostén de la economía soviética durante mucho tiempo. Decenas de millones de personas pasaron por estos centros de detención. En ellos no se hacía distinción entre presos comunes y políticos, pues todos estaban obligados por igual a trabajar en minas, fábricas, canteras, bosques etcétera en jornadas agotadoras. El sistema del gulag fue copiado por los nazis, pero mientras los alemanes eran principalmente campos de exterminio, los soviéticos siempre fueron de trabajo, ya que lo que se pretendía era explotar al máximo a los reclusos. Cientos de miles de ellos perecieron de agotamiento o por accidentes laborales, ya que era habitual que trabajaran en condiciones precarias, mal alimentados y con herramientas y equipos toscos u obsoletos. En un par de ocasiones al menos, la mortandad fue tan alta, que Stalin ordenó el arresto aleatorio y el envío al gulag de varias docenas de miles de personas por toda la URSS, para reemplazar la mano de obra fenecida, aunque la patética Wikipedia se empeñe en negarlo. Muerto el gran sátrapa bolchevique, el gulag como tal fue oficialmente disuelto en 1960 por orden de Kruschev, que además liberó a varios miles de prisioneros, en un intento por marcar diferencias entre él y Stalin. Pero la realidad fue que los campos de trabajo forzados siguieron existiendo hasta la caída de la URSS. N. del A.

© Antonio Quintana Carrandi,
(1.258 palabras) Créditos