YO QUE NUNCA SUPE DE LOS HOMBRES
YO QUE NUNCA SUPE DE LOS HOMBRES Jacqueline Harpman
Título original: Moi qui nai pas connu les hommes
Año de publicación: 1995
Editorial: Alianza Editorial
Colección: Alianza Literaturas
Traducción: Alicia Martorell Linares
Edición: 2021
Páginas: 185
ISBN:
Precio: 18 EUR
Comentarios de: Magda Revetllat

Es cierto que no sé nada de todo esto y que no tengo ningún recuerdo de mi infancia. Quizá por eso soy diferente de las demás. Seguramente me falten algunas de las experiencias que nos convierten en seres humanos.

Argumento

Un grupo de cuarenta mujeres son prisioneras en una cárcel en la que no hay ventanas y toda la luz del recinto es artificial. Unos guardias custodian la celda armados con látigos que usan si las mujeres se tocan entre ellas, gritan, corren o, como ha ocurrido alguna vez, intentan suicidarse. Cada día les es entregada comida que ellas mismas preparan, verduras y carne cortada, y cada día son colocados y retirados los colchones sobre los que duermen.

No recuerdan cómo llegaron allí, pero sí recuerdan que antes tuvieron otra vida.

Prisión y libertad

El relato está narrado en primera persona y se desenvuelve sin pausas, separación de capítulos o partes y de principio a fin será lo que la protagonista cuente. Lo hará ya de mayor y estando completamente sola pues las demás han muerto, retrocediendo en el tiempo hasta lo que su memoria alcanza cuando era una niña y despertó confinada junto a las otras mujeres. Ninguna sabe el motivo del encierro ni quiénes son los carceleros, tampoco saben dónde están y se llegan a preguntar si ese lugar es en realidad otro planeta.

Cada día se sucede la misma rutina, tras la retirada de los colchones les es entregado todo lo necesario para cocinar. La celda es una única estancia en la que los lavabos carecen de paredes de separación y se ven obligadas a hacer sus necesidades a la vista de sus compañeras y de los guardianes, lo que les resulta a todas humillante salvo a la más joven que, al no tener recuerdos de otros procedimientos, encuentra natural hacerlo así.

Un día ocurre lo extraordinario, una potente sirena de alarma resuena en todo el recinto y los guardias corren a la salida, uno de ellos que estaba abriendo la puerta para entregar la comida deja las llaves puestas, lo que ellas aprovecharán para abrir y escapar.

Al salir del edificio que era un sótano no verán ni rastro de los guardianes, no entienden cómo han podido marchar tan rápido pues no ven coches ni ningún otro transporte, y contemplan el horizonte alrededor y descubren que están en medio de la nada.

Un texto intimista y lúcido

La autora construye un relato con la rutina de las mujeres en la cárcel y después en la organización de una pequeña sociedad, el reparto de los trabajos, lo que esperan encontrar y lo que encuentran, la recuperación del sentido de intimidad, las descripciones del paisaje, sus conclusiones sobre lo que debió ocurrir y sobre dónde están, cortos diálogos y descripción de los sentimientos de la narradora y los de las demás. Ellas recuerdan otro tiempo, tuvieron marido, tal vez hijos, la protagonista a la que siempre llamarán la pequeña, no. Ella no tiene este bagaje anterior y como ella misma dice tal vez le falten estas vivencias que conforman al ser humano y que ella no ha podido experimentar.

Es un relato en el que ocurren hechos de gran crudeza, pero narrados con un distanciamiento y una serenidad analíticas, sin exaltación o rabia, todo se desenvuelve de una manera lineal en el interior de ella a diferencia de las demás que muestran emotividad, enfado, exaltación y variables estados de ánimo.

La cárcel y la libertad, pero una libertad incierta pues no saben dónde están ni si hay ciudades cerca o si los guardianes volverán, aunque al empezar el relato por el final todo ello queda muy definido en las primeras páginas y es que el libro es en realidad un cántico a la vida que se les ha arrebatado y al hecho de, aun así, seguir siendo personas racionales y con sentimientos que ni el encierro ni los guardianes han podido erradicar.

Historias similares

Hay una similitud con EL MURO, de Marlen Haushofer, en el que una mujer se queda sola con unos pocos animales tras haber muerto toda vida al otro lado de un misterioso muro. En las dos novelas se muestra el día a día de los trabajos, el clima, el paisaje a un ritmo lento, muy descriptivo, y la narrativa en primera persona permite al lector sumergirse en la profundidad de cada pensamiento y sensación.

Otras concomitancias serían las de historias kafkianas en las que las personas no pueden encontrar el sentido, en caso de que lo tenga, de las absurdas normas que rigen su mundo o el motivo que ha desencadenado la situación que les ha tocado vivir.

En cuanto a la extrañeza de la situación de encierro, sin recordar cómo llegaron a esa celda ni el motivo de estar allí, se describe una situación similar en la obra de teatro de Manuel de Pedrolo HOMBRES Y NO en el que unos seres humanos son prisioneros bajo la vigilancia de su guardián llamado No.

Ser encarceladas sin conocer el motivo, presenciar la marcha de todos los guardianes dejando atrás todo en el momento que suena la alarma, ver que su prisión está en medio de un paisaje desolado sin ninguna información ni recuerdo de cómo llegaron hasta allí...

Un relato conmovedor y trágico a la vez que lleno de misterios, la narración coherente de una situación que no tiene sentido y que hasta la última frase es el reflejo de la incoherencia a la que han sido obligadas a vivir.

La autora

Jacqueline Harpman (Bélgica, 1929-2012) nació en el seno de una familia judía siendo su padre de origen alemán, por lo que tuvieron que exiliarse. El antisemitismo sufrido marcó su obra literaria en la que reflejó la condición humana y la capacidad de seguir siendo seres humanos aun en las más adversas circunstancias. Estudió Literatura francesa y empezó estudios de Medicina que no pudo continuar al contraer tuberculosis. En 1996 ganó el Premio Médicis por ORLANDA y siguió publicando hasta pocos años antes de su muerte. En 2019 le fue dedicada una avenida en Bruselas con su nombre en memoria de su trabajo.

© Magda Revetllat,
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