La gran historia de las novelas de a duro, 77
FERNANDO MARIMÓN BENAGES, ALIAS LEO MACDONAL
por José Carlos Canalda
Fernando Marimón Benages
Fernando Marimón Benages

La colección Luchadores del Espacio, a diferencia de otras, contó con un nutrido grupo de escritores minoritarios cuya colaboración no pasó de un reducido número de novelas, incluso una sola en bastantes casos. Es evidente que el peso de estos escritores en el conjunto de la colección fue pequeño y no puede ser comparado con el de los autores principales, pese a lo cual tienen también su interés.

Éste es el caso de Fernando Marimón Benages, un escritor poco conocido dentro del mundo de la novela popular ya que fue muy poco prolífico. Su colaboración en la Editorial Valenciana se limitó, según tengo documentado, a tan sólo dos novelas publicadas en Luchadores del Espacio, LOS HOMBRES GUSANO DE CERES y LOS VAMPIROS DE LA MUERTE, números 204 y 205 respectivamente, y otras dos en Western, RONDA DE MUERTE (número 21) y RED EL AMARGADO (número 24). Todas ellas fueron firmadas con el seudónimo Leo Macdonal, sin la d final de este apellido de origen escocés.

Algo mayor fue su colaboración en Bruguera, aunque aquí no escribió bolsilibrosBruguera no tenía entonces ninguna colección de ciencia-ficción, pero sí de otros géneros— sino en sus publicaciones infantiles y juveniles. Según Tebeosfera, de donde he tomado estos datos, escribió varios números de las colecciones Historias e Historias Selección dedicados a personajes tan dispares como Dick Turpin, Simbad el Marino, Sissí o Joselito —el famoso niño cantor, muy popular entonces— utilizando los seudónimos Charles C. Harrison y Philippe Yeral. Varios de estos títulos fueron reeditados por Bruguera en diferentes ocasiones, así como por otras editoriales españolas y de otros países. También tengo reseñada una adaptación infantil de Las Mil y una Noches, aunque no he podido localizarla entre las varias publicadas por Bruguera.

Veamos ahora una breve reseña biográfica. Nacido en la localidad valenciana de Alginet el 17 de noviembre de 1924 y fallecido en la también valenciana Benetússer, a donde se trasladó su familia cuando él contaba seis años, el 9 de septiembre de 1998, la carrera literaria de Marimón puede ser considerada como arquetípica dentro del colectivo de escritores de novelas populares, cuyas vidas fueron en multitud de ocasiones muy diferentes de aquellos estereotipos, falsos por lo general, que pudieran deducirse de la lectura de sus modestas novelas. Nacido en una familia de clase media —su padre era jefe de telégrafos y su madre maestra nacional— vio interrumpidos sus estudios por culpa de la Guerra Civil sin que los reanudara al término de ésta, lo que no le impidió poseer un notable bagaje cultural.

De convicciones republicanas sus ideas le costaron incluso la cárcel, una circunstancia que compartió con bastantes escritores de novelas populares, siendo acusado de pertenecer a una célula comunista durante su servicio militar y condenado a cuatro años de reclusión en una prisión militar. Tras su excarcelación contrajo matrimonio y algunos años después se trasladó a Barcelona, época en la que colaboró con Bruguera. A principios de los años sesenta volvió a Valencia, publicando en la Editorial Valenciana los cuatro bolsilibros mencionados anteriormente y dando fin, hasta donde conozco, a su actividad como escritor de literatura popular.

Pero no nos llamemos a engaño. En realidad la actividad literaria de Fernando Marimón se desarrolló en gran parte fuera de la literatura popular escribiendo tanto novelas como poesías, al tiempo que desarrollaba una intensa actividad cultural en la localidad de Benetússer, donde residió la mayor parte de su vida participando activamente en la Peña Científico-Literaria del Ateneo Deportivo Favara, de la que fue fundador, y en numerosas tertulias literarias tanto en Benetússer como otras localidades.

Estudioso de los clásicos griegos y romanos, los del Siglo de Oro y los más recientes de las generaciones del 98 y el 27, la mayoría de sus obras quedaron sin publicar. Destacan, entre las publicadas, EN LA CURVA DEL CAMINO, una crítica de la incipiente democracia española escrita en 1982, y la novela histórica LA HISTORIA DE ABDALÁ, ambientada en la expulsión de los moriscos valencianos durante el reinado de Felipe III, publicada póstumamente por la Asociación cultural Tertulandia en 1999. Más importante fue su producción poética, inédita en su mayor parte aunque muy estimada por quienes han tenido ocasión de leerla.

LOS HOMBRES GUSANO DE CERES

Su actividad cultural dejó muy buen recuerdo entre quienes le conocieron, y a raíz de su fallecimiento sus amigos y vecinos editaron un libro en homenaje suyo recogiendo, junto con la novela LA HISTORIA DE ABDALÁ y varias poesías, el homenaje de sus amigos. Gracias a este libro y a las indicaciones de doña Pilar Marimón, su hermana, he podido asimismo perfilar los principales rasgos de su personalidad.

Casado y con una hija, Marimón fue el paradigma del artista bohemio e inconformista al que el mundo se le quedaba estrecho sin que ello, al parecer, le importara demasiado, puesto que siempre marchó contracorriente. Consecuente hasta el final con su manera de entender la vida, desempeñó muchos empleos y negocios pero jamás tuvo dinero, quizá porque algo tan prosaico como ganarse el pan fuera para él tan secundario como prescindible.

Centrándonos en su breve incursión en la ciencia-ficción, hay que lamentar que sus dos novelitas de Luchadores del Espacio no hagan justicia a su labor como escritor. Publicadas en la crepuscular etapa final de la colección, cuando ésta ya se arrastraba penosamente hacia su ya cercano y poco brillante final, no aportaron nada nuevo a la misma pudiéndoselas calificar de mediocres incluso para el poco exigente nivel medio que Luchadores del Espacio alcanzaba entonces. Dada la personalidad del autor, no cabe descartar que éste las concibiera como una simple humorada sin tomárselas demasiado en serio.

Publicadas, tal como he comentado anteriormente, con los números 204 y 205 de la colección —ésta alcanzó hasta el 234—, ambas novelas desarrollan narraciones independientes aunque comparten los personajes principales, lo que convierte a la segunda en una secuela de la primera. Esta, costumbre fue poco habitual en la colección dado que solían ser más frecuentes los seriales, aunque en esta última etapa de la misma se dio en alguna ocasión más. El escenario y algunos de los personajes son los mismos en los dos casos, pero los argumentos respectivos no tienen nada más en común.

La primera de ellas lleva por título LOS HOMBRES GUSANO DE CERES, y relata la partida de la Tierra de una expedición científica con destino a Titán, el principal satélite de Saturno, en el cual han sido descubiertos unos yacimientos de un valiosísimo metal que dará a la Tierra la primacía sobre el resto de los planetas del Sistema Solar. Dado que nadie conoce la ubicación exacta de estos yacimientos, al haber fallecido el científico que los descubrió llevándose a la tumba su secreto, los expedicionarios se ven obligados a recurrir a la única persona que lo acompañara en su viaje: un convicto que se encuentra preso en la cárcel por haber cometido un delito de contrabando.

La expedición parte rumbo a Saturno, pero una inesperada avería sufrida por la astronave a la altura del cinturón de asteroides les obliga a realizar un aterrizaje forzoso en Ceres. Éste puede que sea el elemento mas original de la novela, ya que la elección de un asteroide —ahora reconvertido en planeta enano— como escenario principal de la narración choca contra la costumbre habitualmente extendida en la colección de ubicar la acción tan sólo en los planetas y astros más conocidos por unos lectores a los que se les suponía poco duchos en cuestiones astronómicas. Aunque, eso sí, Marimón nos describe Ceres como un astro no sólo perfectamente habitable, sino poseedor de una flora exuberante y tropical acorde con los tópicos habituales de las novelas de serie B.

Al explorar el asteroide los expedicionarios tropiezan con la peligrosa fauna local que da título a la novela, unas enormes lombrices que habitan en el subsuelo y empiezan a atacar y matar a algunos de sus miembros. Allí descubren una intrincada red de galerías subterráneas que constituyen su hábitat, y al intentar atacar a estos seres descubren que son mucho más peligrosos de lo que pensaban, al resultar inmunes a sus armas. Por fortuna logran descubrir sus puntos débiles: los sonidos intensos, la electricidad y el penetrante aroma de unas flores que abundan en Ceres, siendo este último capaz de aniquilarlos en cuestión de segundos. Así pues, su exterminio resulta sencillo combinando todos ellos en el interior de sus galerías; hecho esto, recogen unos cuantos cadáveres para su estudio —sus pieles presentan propiedades interesantes— y, una vez reparada la astronave, vuelven a la Tierra posponiendo su inicial propósito de explorar Titán. Huelga decir que el presidiario, convertido en protagonista principal, es en realidad un agente secreto del gobierno infiltrado en la cárcel para desarticular una red de criminales interplanetarios; y como es natural, todo acaba con la inevitable boda.

En resumen, se trata de un típico episodio de space-ópera a la antigua que no habría desmerecido en Flash Gordon o en hispánica Diego Valor, muy alejado de lo que ya se escribía en España, e incluso en algunos bolsilibros, en los años sesenta —la novela es de 1962—, con un argumento sencillo, previsible y sin complicaciones de ningún tipo, buscando el entretenimiento puro sin que aparentemente su autor se esforzara demasiado escribiéndola.

LOS VAMPIROS DE LA MUERTE

LOS VAMPIROS DE LA MUERTE, publicada con el número 205, pretende seguir la misma línea aventurera típica de los bolsilibros, aunque es claramente inferior a la anterior y está escrita con una evidente desgana. Su argumento se centra en el típico científico loco que, despechado por no haber sido tratado como cree merecerse por parte de sus colegas y el gobierno terrestre —el presidente mundial no atiende a su reclamación—, jura venganza. Aparece entonces en escena el taimado secretario de estado, que decide aprovechar su ingenuidad en beneficio de sus propios planes que no son otros que los de dar un golpe de estado, derrocar al presidente y convertirse en el dictador de la Tierra.

Consigue así que el científico le entregue sus revolucionarios inventos, entre los que se cuentan unos robots con forma de vampiro —de ahí el título— capaces de volar desde la Luna, donde éste tiene su base secreta, a la Tierra para atacar allí a sus víctimas con rayos desintegradores y proyectiles mortales. Después de unas peripecias poco creíbles una periodista que había sido secuestrada y llevada a su guarida consigue escapar y destruir el sistema de mantenimiento atmosférico, lo que provoca la muerte del científico y la rebelión de sus discípulos frente al aspirante a dictador, al tiempo que se paralizan los robots que tanto daño estaban causando en la Tierra.

Paralelamente el protagonista principal, que es el mismo de la aventura anterior, ha descubierto el origen lunar de la amenaza y, encabezando un grupo expedicionario, parte en dirección a nuestro satélite buscando conjurar definitivamente el peligro. El resto es tan sencillo como previsible: los discípulos del fallecido científico se unen a los expedicionarios y, tras unas convencionales peripecias, consiguen aniquilar a los enemigos supervivientes.

Bibliografía

© José Carlos Canalda,
(1.848 palabras) Créditos