Espacio 1999, 1.11
EL GUARDIÁN DE PIRI
EL GUARDIÁN DE PIRI Reino Unido, 1975
Título original: Space 1999: Guardian Of Piri
Dirección: Charles Crichton
Guión: Christopher Penfold
Producción: Sylvia y Gerry Anderson/ITC/RAI
Música: Barry Gray
Fotografía: Frank Watts
Duración: 50 min.
IMDb:
Reparto: Martin Landau (Koenig); Barbara Bain (Dra. Russell); Barry Morse (profesor Bergman); Catherine Schell (sirviente del Guardián); Nick Tate (Alan Carter); Zienia Merton (Sandra Benes); Prentis Hancok (Paul Morrow); Clifton Jones (David Kano); Anton Phillips (Dr. Mathias); Michael Culver (Pete Irving)

Sinopsis

Cuando la Luna llega a las proximidades del planeta Piri, el comandante envía una misión exploratoria. Al llegar a su destino, los tripulantes del Águila comienzan a comportarse de un modo extraño, realizando maniobras peligrosas e ignorando las instrucciones de Alfa. Poco después, se pierde contacto con ellos. Sospechando que esto se deba a un fallo de la computadora, Koenig ordena a Alan Carter que vaya en busca del Águila perdida, prescindiendo de la computadora y pilotando manualmente la nave. Tras la partida de Carter, el profesor Bergman sufre un desvanecimiento durante una reunión de mando. Cuando se recupera, dice tener el presentimiento de que ese planeta será el lugar perfecto para que se establezcan los alfanos. Mientras tanto, Carter encuentra la nave perdida flotando sobre la superficie de Piri, pero sin rastro de sus tripulantes.

Sospechando que, de alguna forma, el planeta influye en la computadora, determinando su mal funcionamiento, Koenig pide al técnico Kano, que años atrás tomó parte en un experimento similar, que una su mente al ordenador, con el fin de averiguar qué está ocurriendo. Kano se somete al proceso y, de pronto, desaparece. La situación se vuelve más extraña, porque la Luna entra en la órbita de Piri y todo parece indicar que va a quedarse ahí para siempre. Koenig decide arriesgarse y bajar al planeta acompañado por Carter. Allí encontrará a los tripulantes del Águila perdida y a Kano, que parecen encontrarse en un estado casi catatónico. Una extraña mujer de inquietante belleza, que se presenta como el sirviente del Guardián de Piri, contacta con el comandante.

Las águilas llegando a Piri
Las águilas llegando a Piri

Este episodio es, para mí, el más entrañable de todos los que integraron la producción, porque fue con el que descubrí esta maravillosa serie, como he contado en mi artículo Espacio 1999 y yo, publicado hace varios años en el Sitio.

En esta ocasión, Koenig se enfrenta a una poderosa inteligencia artificial. El Guardián­ es un superordenador, creado milenios atrás por la avanzadísima raza originaria de Piri. Unos seres que poblaron su mundo de máquinas, construyendo después al Guardián­ para controlarlas y poder dedicarse ellos a una suerte de vida contemplativa, obsesionados con la búsqueda de la perfección. El Guardián­, llevando hasta el límite su programación inicial, acabo por destruir a los pirianos al someterlos a un proceso de perfeccionamiento incompatible con la vida orgánica. De hecho, como descubre Koenig, Piri es un mundo muerto.

El Guardián­ es una máquina tan poderosa, que incluso puede detener el tiempo en su zona de influencia, de modo que no resulta sorprendente que sea capaz de retener la Luna y controlar a su antojo la primitiva computadora de Alfa. Las capacidades de este superordenador son asombrosas, ya que, de algún modo no concretado, somete a los alfanos a una especie de hipnosis colectiva, imbuyendo en ellos la creencia de que Piri es un mundo habitable, un auténtico paraíso. Sólo el comandante se resiste a su influencia, aunque no acaba de quedar claro cómo lo consigue.

El caso es que, después de intentar infructuosamente convencer a los alfanos de que son víctimas de un engaño, un desolado Koenig está a punto de sucumbir, pero logra sobreponerse y seguir resistiendo al influjo del Guardián­. Cuando toda la dotación de Alfa abandona la Luna y se traslada a Piri, el comandante va tras ellos, dispuesto a jugarse el todo por el todo para salvar a su gente. Libra a Helena del dominio de la siniestra IA, se enfrenta a algunos alfanos puestos en su contra por la sirviente del Guardián­, y destruyendo a ésta, que resulta ser un androide de apariencia femenina, logra provocar, a su vez, la destrucción de la diabólica inteligencia mecánica.

La muy perfeccionada sirviente del Guardián
La muy perfeccionada sirviente del Guardián

En su época, Espacio: 1999 ostentaba una estética vanguardista, un diseño de producción espectacular y unos efectos especiales impresionantes. La representación de la superficie de Piri, cubierta de esas sorprendentes formas esféricas de color blanco y distintos tamaños, resulta atractiva e inquietante a un tiempo. Las secuencias finales, con innumerables Águilas despegando entre el fragor de las explosiones, están admirablemente resueltas y en su momento, con apenas doce años de edad, me impresionaron muchísimo, pues nunca había visto nada semejante en televisión.

Todo lo relacionado con El Guardián­ y sus increíbles capacidades está tratado de una forma más bien simbólica, porque en ningún momento se explica cómo puede esa fascinante máquina hacer lo que hace. Pero es precisamente este tratamiento ambiguo lo que otorga al episodio una atmósfera especial. Cuando lo vi siendo un niño, EL GUARDIÁN DE PIRI me provocó, como otras historias de la serie, cierta indescriptible desazón. Al volver a verlo, ya adulto, tuve la impresión de que esa IA podría representar ideologías políticas, creencias religiosas, movimientos de masas, etcétera, que parecen perseguir la alienación de la sociedad para alcanzar sus discutibles objetivos finales. Tenga yo razón o no, fuera o no esta la intención del guionista, lo que está claro para mí es que la impresión que todavía me produce este episodio casa muy bien con el espíritu que impregnó la primera temporada de la serie, y que le valió a Espacio: 1999 el sobrenombre de la Space Opera filosófica.

La actriz invitada, que encarna a la sirviente del Guardián­, es Catherine Schell, una de las intérpretes europeas más bellas de los años 60 y 70. En la segunda temporada encarnaría a la metamórfica Maya, siendo este el papel que le otorgaría fama mundial. De hecho, cuando se retiró de la actuación a mediados de los 90, abriendo una casa de huéspedes en la región del Loira, Francia, su establecimiento se convirtió en destino obligado para los entusiastas de Espacio: 1999.

© Antonio Quintana Carrandi,
(681 palabras) Créditos