Hacia los orígenes de la ciencia-ficción Latinoamericana, 20
¿EXISTIÓ UNA ESCUELA DE LA CIENCIA-FICCIÓN ARGENTINA?
por Gastón Germán Caglia

Comprendían esta vez que el incendio había estallado sobre todo el planeta, y que nadie se salvaría.

LA LUNA ROJA. Roberto Arlt
LO MEJOR DE LA CIENCIA-FICCIÓN LATINOAMERICANA

En 1980 el escritor y traductor belga Bernard Goorden, luego de una serie de idas y vueltas por los intersticios literarios y editoriales logra publicar, junto al escritor A. E. van Vogt, una compilación de cuentos titulado en inglés THE BEST LATIN-AMERICAN SCIENCIE-FICTION.

El libro contó con sendos prólogos de ambos escritores. Allí A. E. van Vogt se despachó con la idea de que en los años 1960 hubo dos acontecimientos relevantes, uno fue la denominada Nueva Ola o New Wave, y otra el boom de una ciencia-ficción literaria tanto en Latinoamérica como en Europa.

Por su parte Bernard Goorden bajo el título de NUEVO MUNDO, MUNDOS NUEVOS se introduce ya en el segundo párrafo en lo que nos interesa. Luego de señalar las principales características de la ciencia-ficción latinoamericano, numerosa, de relatos cortos, de carácter original, establece la existencia de una escuela argentina de ciencia-ficción con tempranos precursores, a su vez grandes clásicos de la literatura nacional.

Hace, sin más, referencia a cuatro autores: Eduardo Holmberg, Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga y Roberto Arlt. Y con estos autores dice que acaba la prehistoria de la ciencia-ficción en América Latina, que por cierto, para él, es bastante desconocida.

Si bien no podemos negar que la prehistoria de la ciencia-ficción en Latinoamérica es ciertamente poco conocida, en principio no podemos adherir a que estos cuatro autores conformen ellos solos esta prehistoria o proto-ciencia-ficción. Aceptar ello sería olvidarnos de Clemente Palma, Felisberto Hernández, Pablo Palacio, y un largo etc.

No menos cierto es que, como comenta Goorden, cuando irrumpe Adolfo Bioy Casares en 1940 con su novela LA INVENCIÓN DE MOREL hace un parte aguas entre todo lo anterior y el futuro que comienza con esa obra.

Como corolario este escritor belga nos dice que esa escuela primigenia ha dejado hijos, los bellos frutos, todos de la generación que se centró sobre el hombre, a la que en definitiva se dedican en esta antología, la de los 1960. Enumera a Eduardo Goligorsky, Angélica Gorodischer, o Alfredo Grassi.

Sin embargo Daniel Arella en el prólogo a RELATOS PIONEROS DE LA CIENCIA-FICCIÓN LATINOAMERICANA, en el punto 2. ¿Fantaciencia o vanguardia? El nacimiento del género en Latinoamérica, describe algo en lo que no podemos estar más de acuerdo:

Los escritores y críticos de ciencia-ficción Bernard Goorden y A. E. Van Vogt destacan el carácter literario de la ciencia-ficción latina en su antología Lo mejor de la ciencia-ficción latinoamericana, en contraposición a la ciencia-ficción dura, como si la etiqueta literario quisiera significar casi lo mismo que fantástico o fantasía, recordando la clásica oposición entre ciencia-ficción dura y ciencia-ficción blanda.

Para más adelante abordar el tema que introduce Goorden para negar que la prehistoria de la ciencia-ficción se agote en estos autores argentinos.

... pero, sin duda, es verdad que sus orígenes pioneros son bastantes desconocidos en la actualidad. Mientras que los norteamericanos se enfrascaban en la parte científica, los latinoamericanos preferían, por su naturaleza, la parte fantástica, imaginativa e inventiva. Por esta razón tan simple, las obras pioneras de la ciencia-ficción latinoamericana demuestran una ventaja alta en cuanto a su literariedad, con la complejidad implícita que pueda acarrear este término...

Sirva esta breve introducción para coincidir con Arella en lo atinente a lo que podría ser un tanto desmesurado de parte de Goorden pero que sirve de excusa para hablar un rato sobre estos escritores.

Con relación a Eduardo Holmberg ya me he referido en otra oportunidad. Goorden destaca las obras VIAJE MARAVILLOSO DEL SR. NIC NAC, de 1875 y HORACIO KALIBANG O LOS AUTÓMATAS.

En cuanto a Leopoldo Lugones resalta la obras LAS FUERZAS EXTRAÑAS, una obra que ... relatos de ciencia-ficción, un poco ahogados en una fantasía lujuriosa que ha engendrado la muy impresionante escuela de escritores locales más allá de J. L. Borges.

Horacio Quiroga
Horacio Quiroga

En relación a Horacio Quiroga, de nacimiento uruguayo y doble nacionalidad pero que los argentinos hacemos nuestro, destaca EL HOMBRE ARTIFICIAL, de 1910. Publicó más de trescientos cuentos en diarios, revistas y semanarios argentinos como Caras y Caretas, El Hogar, La Nación, entre otros. Sin embargo EL HOMBRE ARTIFICIAL, fue publicado bajo el pseudónimo de Fragoso Lima.

En EL HOMBRE ARTIFICIAL tres científicos, con Donissoff a la cabeza, crean a Biógeno, un nuevo hombre, un ser artificial que cobra vida a través de la electricidad. Un ser humano cargado por una pila.

Además tenía nombre. Como desde los primeros momentos en que se pusieron a la obra, habían sentido la necesidad de llamar de algún modo a su hombre en formación, Ortiz había propuesto llamarle Biógeno, esto es: Engendro vida.

Por ello esta obra es comparada o tratada como la Frankenstein argentina. La cuestión existencialista o humanista está puesta de manifiesto cuando nos enteramos que lo que carga la pila es el dolor, y que mejor que la tortura para ello.

Por ello, pese a darle vida los científicos, este ser termina siendo una persona desgraciada. Viejo problema de estos escritores de cambio de siglo que retratan desde el positivismo imperante a científicos que no buscan otra cosa que transgredir las barreras de lo posible, de lo material, para coquetear con los misterios de la vida, de imitar el mito de Prometeo. Finalmente el experimento acaba en tragedia, para la ciencia y para Donissoff.

Empero esta no fue la única obra de Quiroga por el fantástico o la ciencia-ficción, ya conocemos sus trabajos más cercanos al darwinismo imperante en la época con EL MONO QUE ASESINÓ, HISTORIA DE ESTILICÓN y EL MONO AHORCADO, obras a las que ya me he referido.

Casualmente son obras que se encuentran muy relacionadas a las de Lugones, como por ejemplo YZUR, donde juegan desde un punto de vista de la literatura fantástica con la teoría evolutiva de Charles Darwin, o cuanto menos con una lectura vulgarizada de ella. Lo humano en lo animal y viceversa, la evolución desde una particular forma de pensar.

Como dato anecdótico, tanto Quiroga como Lugones, se suicidaron con diferencia de un año, el 18 de febrero de 1938 Lugones y Quiroga el 19 de febrero de 1937. Ambos fueron amigos, y si bien las causas que originaron sus suicidios son diferentes, uno por desamor, Lugones, y otro por una enfermedad incurable, Quiroga, es un mal de la época la de los escritores suicidas.

Roberto Arlt
Roberto Arlt

Roberto Arlt (Argentina, 1900-1942) cierra el cuarteto donde destaca que en su obra se mezclan la ciencia-ficción, fantasía y psicología destacando la nouvelle VIAJE TERRIBLE, de 1941. Debido a su particular forma de escribir, su obra más importante debe ser Aguafuertes porteñas o EL JOROBADITO como así también LOS SIETE LOCOS, destilaba un estilo directo, poco estético para los modernistas de la época, se lo consideró un escritor descuidado o poco pulido. Sin embargo luego de su prematura muerte su reconocimiento aumentó.

En VIAJE TERRIBLE, publicado en 1941, destaca su faceta fantástica en lo que sería su última producción literaria. En esta historia, narrada en primera persona, un muchacho que huye de la Justicia junto a su primo se embarca en un crucero, el Blue Star, un barco con funestos pronósticos. Durante la primera parte de la obra esta transcurre por los carriles casi costumbristas. Sin embargo al llegar a la última parte la obra da un giro misterioso.

Un cierto astrólogo me dijo un día que mi signo zodiacal anunciaba, entre otros accidentes, peligrosas amenazas a temer durante viajes por el mar. Sonreí con suavidad, puesto que no creía en la influencia de los astros. De modo que al principio de mi viaje hacia Panamá, no pensaba ni un instante que me esperaban tan increíbles aventuras como las que me permiten escribir esta crónica.

En 1937 publica el cuento LA OLA DE PERFUME VERDE. Este es un relato con todas las características de la ciencia-ficción catastrofista cuando una nube de perfume petróleo-clavel inunda las ciudades del mundo provocando la modorra y el adormecimiento de las personas. Sin embargo ese será el único efecto de lo que luego se sabrá son las consecuencias del paso de un cometa, los efectos de los hidrocarburos cometarios.

A las cuatro de la madrugada no había un solo habitante de nuestra ciudad que durmiera, ni la fachada de una sola casa que no mostrara sus interiores iluminados. Todos miraban hacia la bóveda estrellada. Nos encontrábamos a comienzos del verano. La luna lucía su media hoz de plata amarillenta, y los gorriones y jilgueros aposentados en los árboles de los paseos piaban desesperadamente.

Acá Roberto Arlt juega a la perfección con los viejos miedos que generaban el paso de los cometas y otros astros celestes cerca de nuestra Tierra, como bien lo retratara casi treinta años antes Clemente Palma con EL DÍA TRÁGICO de 1910.

Finalmente nos encontramos con una de sus obras quizás más conocidas.

LA LUNA ROJA es un relato publicado en el libro de cuentos EL JOROBADITO en 1933. En este caso el Apocalípsis es inminente:

Súbitamente se apagaron los focos. En las tinieblas, junto a las mesas de mármol, los hombres y mujeres que hasta hacía unos instantes se debatían entre las argucias de sus pensamientos y el deleite de sus sentidos, comprendieron que no debían esperar. Ocurría algo que rebasaba la capacidad expresiva de las palabras, y entonces, con cierto orden medroso, tratando de aminorar la confusión de la fuga, comenzaron a descender silenciosamente por las escaleras de mármol.

El cuento utiliza la señal apocalíptica, el bíblico ojo rojo en el cielo, para relacionarla o contarnos con unos años de antelación la Guerra Total que desataría la locura nazi pero que en este caso lleva a la destrucción total.

A modo de conclusión:

Si bien no podemos hablar en los escuetos términos de Bernard Goorden de una Escuela de ciencia-ficción Argentina, no menos cierto es que estos autores, junto a otros tantos que son olvidados por el escritor belga producto de lo apretado del ensayo esgrimido en el prólogo, son fuente permanente de referencia para los cultores de la ciencia-ficción en Latinoamérica, en particular en el Río de la Plata si queremos ser honestos al reconocer la doble nacionalidad de Horacio Quiroga.

Estos autores gozaron de éxito en su momento de producción artística pero con el paso del tiempo sus figuras se fueron ensanchando haciendo de ellos próceres de la literatura argentina.

Bueno es cerrar diciendo que lo de Bernard Goorden fue solo un artilugio, una gambeteada maradoniana, una cebada de mate amargo, un che boludo, para traer estos autores al tapete.


Notas

Un recorrido por el continente (siglos XIX y XX­). https://sdcf.es/opinion/op02943.htm.

Trafalgar Medrano o la sociología de un charlatán. https://sdcf.es/opinion/op03078.htm.

Daniel Arella. RELATOS PIONEROS DE LA CIENCIA FICCIÓN LATINOAMERICANA. Fundación Editorial El perro y la rana. 2015. Caracas, Venezuela.

Eduardo Holmberg y sus autómatas (Siglos XIX y XX). https://sdcf.es/opinion/op02953.htm.

Espiritismo, ciencia y ficción en una cosmogonía creada por Lugones (I, II, III). https://sdcf.es/opinion/op03062.htm.

Horacio Quiroga (1878-1937). Nacido en Uruguay, vivió la mayor parte de su vida entre Buenos Aires y Misiones, al norte de Argentina. Produjo la mayor parte de su obra en medios argentinos.

Es una constante entre los escritores argentinos el colocar nombres extranjeros en los científicos, en este caso de ascendencia rusa.

Lugones y Quiroga se habían conocido en uno de los viajes habituales del uruguayo, cuando junto a un amigo se animó a tocar el llamador de la casa del poeta. El cordobés era apenas mayor, pero hacía un año que vivía en Buenos Aires y ya había publicado Las montañas del oro, libro que lo convertiría en el símbolo del modernismo en el Río de la Plata. Venimos de Montevideo, somos admiradores suyos, le dijeron, y allí se estableció una amistad. Se distanciarían muchos años después, cuando el ya indiscutido poeta nacional declaró en Ayacucho que había llegado la hora de la espada. Fue entonces cuando Quiroga, que habitualmente no opinaba sobre política, escribió: Subleva el alma que sea a veces un alto intelectual ľun amigo— quien se expresa de esa atroz manera. A partir de allí no se verían más.https://www.lanacion.com.ar/cultura/lugones-y-los-suicidas-de-los-anos-30-nid2113900/.

Los orígenes de las distopías en la ciencia-ficción Latinoamericana, II. https://sdcf.es/opinion/op03034.htm.

© Gastón Germán Caglia,
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