Espacio 1999, 1.05
EL OTRO DOMINIO DE LA MUERTE
EL OTRO DOMINIO DE LA MUERTE Reino Unido, 1975
Título original: Space 1999: Death´s Other Dominion
Dirección: Charles Crichton
Guión: Anthony Terpiloff, Elizabeth Barrows
Producción: Gerry y Sylvia Anderson
Música: Barry Gray
Fotografía: Frank Watts
Duración: 50 min.
IMDb:
Reparto: Martin Landau (comandante John Koenig); Barbara Bain (Dra. Helena Russell); Barry Morse (profesor Victor Bergman); Prentis Hancock (Paul Morrow); Nick Tate (Alan Carter); Zienia Merton (Sandra Benes); Clifton Jones (David Kano); Anton Phillips (Dr. Bob Mathias); Suzanne Roquette (Tanya Aleksandr); Brian Blessed (Dr. Cabot Rowland); John Shrapnel (coronel Jack Tanner); Mary Miller (Freda); David Ellison (Ted)

Sinopsis

La Luna llega a las proximidades de un planeta con atmósfera respirable, pero clima ártico, desde el cual se recibe una transmisión invitando a los alfanos a visitar dicho mundo, Última Thule. Sin embargo, otra voz conmina a los terrícolas a no desembarcar en ese lugar maldito. A pesar de ello, el comandante Koenig decide arriesgarse. Junto con la doctora Russell, el profesor Bergman y Alan Carter, desciende al planeta en el Águila 1. Obligados por las extremas condiciones climáticas a buscar el origen de la transmisión a pie, Koenig, Russel y Bergman están a punto de perecer congelados, pero son salvados en el último momento por los thulianos. Alan Carter, que se ha extraviado al separarse del grupo, decide regresar a la nave. Mientras tanto, John, Helena y Victor recobran el conocimiento en las grutas subterráneas donde habitan los thulianos, que se presentan como los tripulantes de una nave espacial de la Tierra desaparecida años antes. Lo más sorprendente es que afirman ser inmortales y poder dotar de esa misma inmortalidad a los alfanos. La doctora Russell y el profesor Bergman abogan por colaborar con los thulianos y su líder, el doctor Rowland. Pero Koenig, intrigado por las palabras y la actitud del aparentemente desequilibrado coronel Tanner, que les insta a abandonar cuanto antes Última Thule, sospecha que Rowland les oculta algo.

En este capítulo de la mítica Espacio: 1999, los guionistas adaptan el argumento de la celebérrima HORIZONTES PERDIDOS (LOST HORIZON, Frank Capra, 1937), basada a su vez en la novela del mismo título de James Hilton. La historia es similar y transita por derroteros casi idénticos, aunque en otros aspectos, por razones obvias, es muy diferente.

Última Thule es un trasunto de Shangri La, el valle imaginado por Hilton y puesto en imágenes por Capra. El planeta está habitado por una comunidad humana, la antigua tripulación de la nave Urano, desparecida en el espacio profundo allá por 1996, según la cronología de ficción de la serie. Pero, debido a una extraña paradoja temporal, no satisfactoriamente explicada en el guión, resulta que, en realidad, Rowland y su gente llegaron allí nada menos que ochocientos años atrás. Por alguna razón, esas personas han alcanzado la inmortalidad, sin haber envejecido ni un día durante esos siglos.

Estableciendo relaciones con los nativos
Estableciendo relaciones con los nativos

Helena y Victor se muestran fascinados ante la posibilidad de alcanzar la inmortalidad, por lo que se prestan voluntariamente a cierto experimento cerebral de Rowland, que está obsesionado con desentrañar los misterios de la vida eterna. John no lo ve nada claro, tiene muchas dudas sobre el asunto y trata de hacer recapacitar a sus compañeros. Pero el modo de vencer a la muerte es algo que la humanidad lleva siglos buscando, así que la doctora y el profesor están dispuestos a correr cualquier riesgo para ayudar a Rowland a dar con el secreto de la inmortalidad.

Las reticencias de Koenig se ven acrecentadas por el extraño comportamiento de Jack Tanner, antiguo comandante de la nave Urano, que actúa como si estuviera mentalmente desequilibrado. Sin embargo, algunas de las cosas que dice intrigan sobremanera a John, haciéndole desconfiar de ese supuesto paraíso al que han llegado. Será Tanner quien revele a Koenig las espantosas consecuencias de los experimentos cerebrales fallidos de Rowland: una gruta poblada por auténticos muertos en vida, personas zombificadas llamadas por los thulianos los venerados. Jack explica al comandante de Alfa que también él se prestó a los manejos de Rowland, y que, aunque estuvo durante mucho tiempo en aquella siniestra cueva, por algún motivo logró recuperarse y salir de aquel infierno silente, aunque, evidentemente, algo tocado.

Este descubrimiento horroriza a Koenig. Sin embargo, a pesar de ello, Helena y Victor piensan que el secreto de la inmortalidad vale cualquier riesgo. A todo esto, Koenig logra establecer contacto con Alfa gracias a Tanner, que repara la supuesta avería del equipo de comunicación de Última Thule, en realidad saboteado por Rowland. Carter y el doctor Mathias se trasladan a la colonia. El primer piloto se muestra igualmente fascinado por la posibilidad de vivir para siempre, y no duda en apoyar los argumentos de Victor y Helena, posicionándose en contra del comandante.

Rowland trata de convencer a Koenig, tentándole con lo que la inmortalidad puede representar para el futuro de la especie humana. John no tiene otro remedio que ceder, pues la gente de Alfa tiene derecho a conocer la situación y elegir con libertad. Rowland se ofrece a ir a la Luna para defender su postura ante los alfanos. Freda, la compañera de Jack Tanner, también quiere acompañarlos, para rebatir los argumentos del científico. Tanner suplica vehementemente a Freda que no vaya, lo que deja no poco perplejo al comandante, que siempre ha sospechado que el aparentemente desquiciado coronel sabe mucho más de lo que dice. Asegurándole a la mujer que él defenderá su caso ante los alfanos, Koenig y su gente, acompañados por Rowland, emprenden el regreso a la Luna.

Durante el viaje de vuelta, John le dice a Carter que le gustaría contar con su apoyo, pero el primer piloto reconoce que en esa ocasión no puede ponerse de su lado. Abatido, el comandante teme que Rowland convenza a los alfanos para que le sigan. Pero entonces se escucha el alarido de terror de Helena. Cuando Koenig y Carter llegan junto a ella, descubren, horrorizados, que el doctor Rowland se ha transformado, en cuestión de segundos, en un despojo humano, en un cadáver putrefacto.

Los perniciosos efectos de alejarse de Última Thule
Los perniciosos efectos de alejarse de Última Thule

En la conclusión del episodio, los thulianos, ahora acaudillados por Jack Tanner, deciden no seguir adelante con las investigaciones de Rowland y centrarse en el cuidado de los reverenciados, lo que complace a un Koenig emocionado, que no puede evitar sentir compasión por aquellas personas para las que el supuesto don de la vida eterna es, en realidad, una maldición.

Un aspecto apenas esbozado en el guión, seguramente por cuestiones de metraje, es el de la esterilidad que lleva aparejada la inmortalidad, pues, como Freda le comenta a Helena, aquí no puede haber niños. Tampoco se explica cómo demonios pudo prever Tanner la arribada de la Luna a ese lugar. Este último punto es el que más chirria del guión, aunque no resta ni un ápice de interés a la historia que se cuenta.

Como comenté al principio, Última Thule es, en EL OTRO DOMINIO DE LA MUERTE, como Shangri La en HORIZONTES PERDIDOS: una especie de ecosistema cerrado, cuya beneficiosa influencia desaparece cuando se abandonan sus límites. Resulta evidente, por la progresión de los hechos narrados en el episodio, que el planeta se encuentra en el interior de una especie de anomalía espaciotemporal, como suspendido en el tiempo, de manera que, en realidad, éste no transcurre allí.

Desde el inicio de los tiempos, la humanidad se ha sentido fascinada y horrorizada, a partes iguales, por la muerte. La naturaleza de ésta y de la vida han obsesionado a generaciones de filósofos, que han tratado, infructuosamente, de encontrarles un sentido a ambas. Las disquisiciones filosóficas de Rowland y Koenig no son muy profundas, pero sí que empujan al espectador a reflexionar sobre el tema. La sentencia del comandante, la muerte es lo que nos define, sería enunciada también por JeanLuc Picard en STAR TREK VII: LA PRÓXIMA GENERACIÓN. A título personal, debo admitir que el argumento de este episodio fue el que más me impresionó de Espacio: 1999, cuando vi la serie por vez primera, siendo un adolescente.

La puesta en escena es tan brillante como en cualquier otro capítulo de esta mítica producción. Destaca la perfecta recreación, para la época, del mundo subterráneo de los thulitas. La superficie de Última Thule, rodada en los estudios Pinewood, es un auténtico infierno helado, casi continuamente azotado por tormentas de nieve. Las temperaturas nocturnas descienden hasta 70 grados bajo cero. No obstante, Rowland menciona la existencia de ciertos animales en la superficie, y, de hecho, su gente aparece ataviada con pieles. Cabe preguntarse si también esos animales son inmortales.

© Antonio Quintana Carrandi,
(1.099 palabras) Créditos