TAPIZ
TAPIZ EE. UU., 1993
Título original: Star Trek TNG: Tapestry
Dirección: Les Landau
Guión: Ronald D. Moore
Producción: Peter Lauritson
Música: Jerry Goldsmith y Dennis McCarthy
Fotografía: Jonathan West
Duración: 45 min.
IMDb:
Reparto: Patrick Stewart (Picard); Jonathan Frakes (Riker); Brent Spiner (Data); Marina Sirtis (Troi); Gates McFadden (Dra. Crusher); Levar Burton (La Forge); Michael Dorn (Worf); John de Lancie (Q); Ned Vaughn (Corey Zweller); J. C. Brandy (Marta Batanides); Clint Carmichael (Nausicano); Rae Norman (Penny); Clive Church (Maurice Picard)
Temporada: 6, Episodio: 15

Sinopsis

Sin fecha estelar. Picard es transportado a la Enterprise gravemente herido, tras un encuentro diplomático fallido. La descarga energética ha fundido un componente vital de su corazón artificial. De pronto, Jean-Luc se encuentra en un extraño lugar, rodeado de blancura por todas partes. Se le aparece Q y le comunica que ha muerto. O, mejor dicho, que está a punto de morir por culpa de su víscera cardiaca artificial. Q afirma que, si hubiera tenido un corazón normal, podría haber sobrevivido, pero lo perdió en una estúpida pelea de su juventud. No obstante, está dispuesto a darle una oportunidad de enmendar sus errores del pasado. Si lo consigue, Picard evitará la muerte y volverá a tener un corazón orgánico.

Q y Picard, negro sobre blanco
Q y Picard, negro sobre blanco

Nos encontramos ante el mejor episodio en el que intervino John de Lancie, encarnando al miembro más jocoso e irreverente del CONTINUO Q. En esta ocasión asume el rol de Dios, y como tal se presenta ante un confundido Picard. El capitán, claro está, duda que la Eternidad esté regida por alguien tan amoral, de modo que planta cara a Q. Este le muestra lo ocurrido en el pasado, cuando era un joven alférez bastante pendenciero, que no dudó en enfrentarse a un grupo de nausicanos, uno de los cuales le apuñaló por la espalda, atravesándole el corazón. Q le ofrece la oportunidad de revivir aquellos días y corregir lo que Jean-Luc piensa que hizo mal, y que le llevó a tener que depender de un corazón artificial.

En su pasado, Picard se reencuentra con sus dos mejores amigos de la Academia, que, como él mismo, acaban de graduarse como alféreces y esperan con ilusión su primer destino. Sin embargo, este Jean-Luc, al que ellos ven como un jovencito de veintipocos años, pero los espectadores vemos con su apariencia actual, se comporta de un modo algo distinto, lo que desconcierta a Corey y Marta. El joven noble, pero también revoltoso, pendenciero y mujeriego de antes, parece haberse vuelto más serio y reflexivo.

Dispuesto a evitar como sea el enfrentamiento con los nausicanos, Jean-Luc llega incluso a enfrentarse con Corey, lo que termina por desconcertar del todo a sus amigos. Logra cambiar el pasado, de modo que Q le devuelve al presente. Pero la alteración provoca que la realidad actual, siendo básicamente la misma, sea muy distinta para Picard. Ya no es el capitán de la Enterprise, sino sólo un modestísimo tenientillo, más insulso que un descafeinado con leche desnatada y sacarina. El Jean-Luc alternativo, si bien sirve en la nave insignia de la Flota Estelar, da la penosa impresión de servir para muy poco. No obstante, trata de acomodarse a la situación lo mejor posible. Sin embargo, la conversación que sostiene con Riker y la consejera, en la que plantea a sus superiores su deseo de promocionarse y prosperar en su carrera, acaba por quitarle la venda de los ojos. El Picard de esta realidad, el que ha evitado perder el corazón en una pelea con los nausicanos, se ha convertido en un individuo pusilánime, sin empuje, un anodino oficial poco valorado por Riker y Troi, y, suponemos, por el resto de los oficiales del puente.

Jean-Luc comprende la verdad y exige a Q que le dé una nueva oportunidad. Alega que prefiere morir siendo capitán de la Enterprise, a vivir una vida larga y gris como un hombre que jamás destacará por nada. Q se apiada de él, y le transporta otra vez al pasado, donde Picard se asegura de que todo ocurra tal como había ocurrido. Cuando recobra el conocimiento en la Enterprise, con el pecho abrasado por un disparo de energía, Crusher, Riker y los demás se quedan atónitos ante la reacción de un hombre que, pese a encontrarse casi a un paso de la muerte, ríe feliz.

Más tarde, ya recuperado, Jean-Luc se sincera con Will y le cuenta su extraordinaria experiencia, que no sabe si fue real o una broma de Q. Pero admite sentirse en deuda con él, porque le ha ayudado a comprender que incluso los errores que cometió en el pasado han contribuido a hacer de su vida lo que es. La conclusión del capítulo, con un exultante Picard comenzando a narrarle a Riker una de sus aventuras de juventud, es realmente memorable.

Ronald D. Moore, el guionista, quiso hacer una versión Trek del celebérrimo CUENTO DE NAVIDAD de Charles Dickens, con Picard como un peculiar Scrooge y Q asumiendo el rol conjunto de los tres fantasmas que le visitan. El texto de Moore era muy extenso y detallado, pero hubo que alterarlo para que la historia se ajustara al metraje de un episodio normal, y también al presupuesto disponible, que no era muy espléndido. De modo que se eliminaron las partes que mostraban a Jean-Luc de niño y, años más tarde, sirviendo a bordo de la USS Stargazer. En la realidad alternativa del Picard pusilánime, el capitán de la Enterprise debía ser Edward Jellico, el de CADENA DE MANDO. Pero eso habría obligado a contratar a Ronny Cox, con el consiguiente desembolso. La papeleta se solucionó mencionando sólo el nombre del nuevo capitán del navío, Thomas Holloway.

La actriz J. C. Brandy, que entonces apenas contaba diecisiete años de edad, estaba muy nerviosa por trabajar junto a un veterano actor consagrado. Además, los productores temían que, en la breve escena romántica entre ellos, que acaba en una noche de pasión, Picard pareciera un viejo verde seduciendo a una inexperta jovencita. Como el guión especificaba que Marta Batanides tenía veinticuatro años, Landau se preocupó de que peinado y maquillaje le hicieran aparentar más años de los que realmente tenía. Brandy declararía que había sido un honor y un privilegio trabajar con Stewart, que en todo momento la hizo sentirse muy cómoda.

Vemos por primera vez a los nausicanos, especie que ya había sido mencionada en SEÑUELO SAMARITANO. Los compañeros de Carmichael, que interpreta al nausicano principal, fueron encarnados por los especialistas Nick Dimitri y Tom Morga.

El fondo casi cegadoramente blanco del cielo en el que Q recibe a Picard dio algún problema, sobre todo porque de Lancie debía vestir una túnica también blanca, y a West le preocupaba que el actor apareciera en pantalla como una cabeza flotante. Sin embargo, las tomas quedaron perfectas una vez filmadas, dándole a la escena una sensación de irrealidad que le vino muy bien al episodio.

Hubo algunos detalles que no se tuvieron en cuenta a la hora de rodar TAPIZ. Por ejemplo, el capitán comentó en Trampa que se había despachado a gusto con uno de los nausicanos, espetándole lo que pensaba de él, de sus amigos y su planeta, además de mentarle la parentela.

Se barajaron varios títulos posibles, pero al final se impuso el de TAPIZ porque, según Michael Piller, todos nosotros debemos componer nuestra parte del tapiz de la vida.

Por cierto, Piller comentó que, con TAPIZ, uno de sus mayores miedos, cuando empezó a trabajar en Star Trek, se había concretado en una realidad: una versión trek de ¡QUÉ BELLO ES VIVIR! Por desgracia, ni siquiera alguien como Piller, al que se le supone un mínimo de inteligencia, pudo evitar caer en las majaderías progres. Según su opinión, cuando una serie se vuelve aburrida, se plagia el argumento de la película de Frank Capra en un episodio. Uno no puede evitar que, al leer semejante estupidez, se le crucen los cables de buen trekkie. Porque, aparte de algunos episodios insulsos, concentrados casi todos ellos al inicio de la producción, ¿cuándo ha sido aburrida La Nueva Generación? De traca. Menos mal que, a renglón seguido, Piller arregló algo el desaguisado, comentando que en este capítulo Picard aprende a aceptarse a sí mismo, y aprender a aceptarse a uno mismo es la mayor de las aventuras.

Para no variar, TAPIZ también provocó cierta polémica. René Echevarría sostuvo que el episodio glorificaba la violencia, algo defendido por muchos trekkies que, tras su emisión, escribieron a la productora indignados, quejándose de que el mensaje del episodio iba contra todo lo defendido por Star Trek. Jeri Taylor fue más allá. Según ella, las protestas eran justas, porque, en sus propias palabras: No se debe utilizar la fuerza para resolver los problemas. Yo, por mi parte, trekkie de la Vieja guardia, pero plenamente consciente de que una cosa es la idílica visión ficticia trek, el denominado Espíritu Roddenberry, y otra muy distinta la realidad pura y dura, sostengo que se debe evitar el empleo de la violencia siempre que sea posible. Pero defiendo que, en determinadas circunstancias, y frente a quienes no entienden otro lenguaje, no hay más solución que actuar en consecuencia.

Pero el de la acción y la violencia en Star Trek será tema para un próximo artículo. De momento, disfrutemos de uno de los episodios más redondos de la sexta temporada de TNG.

© Antonio Quintana Carrandi,
(1.357 palabras) Créditos