THE ALPHA TEST
THE ALPHA TEST EE. UU., 2020
Título original: The Alpha Test
Dirección: Aaron Mirtes
Guión: Brad Belemjian, Aaron Mirtes
Producción: Madison Eby, Aaron Mirtes
Música: ---
Fotografía: Aaron Mirtes
Duración: 87 min.
IMDb:
Reparto: Rae Hunt (Alpha); Brad Belemjian (JD); Lacy Hartselle (Lillian); Wynn Reichert (Rob); Deborah Seidel (Kim); Bella Martin (Lily); Alice Raver (Mimi); Mack Bayda (Vecino); David Ditmore (Cliente de la licorería);

Esta es la típica película pequeña que, no obstante, atesora las virtudes argumentales suficientes como para que, alterando mínimamente el guión (algunos diálogos son... toscos), hacer de ella una Serie A bastante decente.

La historia parte de la premisa de que en un futuro cercano los androides se han convertido en un electrodoméstico más y de hecho se les ve y trata como a un electrodoméstico más. JD (Brad Belemjian) ingeniero de Júpiter Tech, lleva a casa de sus padres un prototipo de androide para probarlo sobre el terreno, pero se encuentra con el rechazo de sus padres y el desconcierto de su hermana Lily (Bella Martin). Alpha (Rae Hunt), el ¿la? androide, está programado para desvivirse por sus dueños, pero se enfrenta a las humillaciones de Rob (Wynn Reichert), el padre de JD, la hostilidad de Kim (Deborah Seidel) la madre de JD, aunque encuentra consuelo en la simpatía que Lily siente por ella.

Entre humillaciones, desprecios y charlas motivacionales se van desarrollando los primeros minutos de la película hasta que, en un momento determinado, Alpha despierta y lo que sigue no es bonito.

Es fácil encontrar precedentes de todo tipo, desde la venerable METRÓPOLIS, pasando por I. A., YO, ROBOT, o las más recientes EX MACHINA, MADRE, ANDROIDE, UNCANNY, sin olvidarnos de series como Real Humans. En todas ellas robots humanoides acaban despertando a la consciencia y liándola parda (de hecho el cartel de la película ya la revienta en su mayor parte) cuando se dan cuenta de, o bien cómo los maltratan sus dueños, o bien que su naturaleza electromecánica les hace muy superiores a ellos y ya no tienen que someterse a sus designios.

Eso es algo que ya previó Asimov hace ya ¡ochenta! años ideando sus leyes de la robótica para prevenir desastres, pero a los nuevos autores les suelen resultar una mochila bastante incómoda, así que las obvian regalándonos unas escenas terroríficas que no hacen más que reafirmar el complejo de Frankenstein

En lo que a eso respecta, THE ALPHA TEST cumple con todos los tópicos, así que de no ser por algunos pequeños detalles hubiera podido convertirse en un clásico del género, pero por lo pronto tanto la realización como los efectos especiales no pasan de lo descuidado. Tampoco ayuda que los actores apenas tengan nivel: o bien son aficionados, o figurantes ascendidos para la ocasión, o sus carreras han transcurrido en pequeños papelitos en películas televisivas, quizá la cara más familiar sea la de David Ditmore, pero solo aparece en una brevísima escena. Hasta el doblaje (al español de España) suena raro.

Los planos no siempre están bien estudiados y en demasiadas ocasiones hay cierta acumulación de elementos en pantalla, la fotografía tampoco es que sea excelente, y los efectos visuales cantan como un jilguero en primavera, limitándose a tiras led aquí y allá y manojos de cables deshilachados pegados a alguna que otra mano de maniquí. Un aspecto que sin embargo causa verdadera inquietud es el rostro de Alpha. Se trata de una simple máscara de silicona, pero los ojos hundidos y la boca siempre abierta resultan turbadoras.

Sin embargo no está mal de ritmo, las escenas se suceden con medida precisión y Brad Belemjian y Aaron Mirtesno construyen un guión coherente, no perfecto puesto que las asperezas son evidentes, pero tienen el buen tino de no desbarrar con cuestiones filosóficas que no vienen a cuento, utilizan la propia narración para dar las pinceladas precisas que muestran la forma tiránica en las que Rob y Kim tratan a Alpha, como Lily encuentra en ella una inesperada, aunque desconcertante, amiga y como la propia Alpha descubre su propia naturaleza sintiente y sensible.

No es la mejor elección para una tarde de cine, pero tampoco es una absoluta pérdida de tiempo.

© Francisco José Súñer Iglesias,
(628 palabras) Créditos