EL ÚLTIMO DÍA EN LA TIERRA
EL ÚLTIMO DÍA EN LA TIERRA Francia, 2022
Título original: Le dernier voyage
Dirección: Romain Quirot
Guión: Romain Quirot, Antoine Jaunin, Laurent Turner
Producción: David Danesi
Música: Etienne Forget
Fotografía: Jean-Paul Agostini
Duración: 87 min.
IMDb:
Reparto: Hugo Becker (Paul W.R); Jean Reno (Henri W.R); Paul Hamy (Eliott W.R); Lya Oussadit-Lessert (Elma); Philippe Katerine (Locutor); Bruno Lochet (César); Emilie Gavois-Kahn (Simone); Darius Garrivier (Paul W.R enfant); Jean-Baptiste Blanc (Eliott W.R enfant)

Como toda producción independiente y realizada con más entusiasmo que claridad de ideas a esta película se le revientan las costuras cuando del guión hablamos. No se de donde se habrán sacado ciertos directores y guionistas que la falta de ideas se puede suplir con continuas eplipsis, medias palabras, sobreentendidos y pasatiempos del estilo unir los puntos.

A una producción se le pueden perdonar esa falta de medios, escenarios descuidados y actores digamos que todavía en formación, pero lo que nunca se le puede perdonar a ninguna producción de ningún tipo es una historia mal contada.

A EL ULTIMO DÍA EN LA TIERRA le sucede eso, navega como buenamente puede entre dudas y vacilaciones y no termina nunca de dejar claro que sucede y por qué, al final se dan algunas claves pero la sensación final es de que faltaba talento para contar según que cosas.

El argumento va en la línea postapocalíptica siempre vigente: la Tierra se va al carajo pero se ha descubierto una nueva fuente de energía, la Luminia, que permite estirar un poco más el chicle, sin embargo, la fuente de esa energía, una extraña luna roja, se vuelve hostil y amenaza con destruir la Tierra definitivamente. Para evitarlo Henri W. R. (Jean Reno) el científico tras la Luminia, decide enviar a su hijo Elliot (Paul Hamy) a la luna roja por ver de solucionar el asunto, sin embargo surgen ciertos problemillas y Elliot debe ser sustituido por su hermano Paul (Hugo Becker), pero éste cae en una especie de crisis existencial y desaparece, por lo que la misión corre peligro (y la Tierra también, todo sea dicho). Tras una serie de peripecias Paul se encuentra con Elma (Lya Oussadit-Lessert) una adolescente impertinente y lenguaraz, y juntos emprenden una huida hacia ninguna parte escapando de los esfuerzos de Henri por relanzar la misión y de Elliot, poseído por un algo así como maligno, que le convierte en un psicópata bastante desagradable.

Todo esto, con unas explicaciones más o menos consistentes se hubiera sostenido bastante bien, porque dentro del género no es de los argumentos más desquiciados que hemos disfrutado, el problema surge cuando el guionista y director decide que eso es una pérdida de tiempo y deja al espectador la tarea antes mencionada de unir los puntos. ¿Y hay puntos que unir? Siendo un veterano disfrutador del género no resulta demasiado complicado rellenar los huecos que Romain Quirot deja vacíos, pero no se trata de eso, en general, un relato debe, al menos, partir de las mismas referencias que tiene el receptor, si no es así, el relato está incompleto y por tanto es fallido.

En EL ULTIMO DÍA EN LA TIERRA hay mucho de eso, Quirot compone una estampa y ya, si eso, el espectador debe completar por su cuenta el contexto y las motivaciones de los personajes. Por ejemplo, hay profusión de avanzada tecnología que, debido a la decadencia general que sufre la sociedad, está en fase de decrepitud avanzada, no obstante, no se dan muchas pistas sobre la milagrosa fuente de energía que las sostiene a duras penas. Vale, proviene de la luna roja, y ya.

Tampoco se profundizan en las razones de porqué Paul es el único humano capaz de frenar el avance destructivo de la luna roja. Puede ser que en los continuos flahsback donde se habla de su infancia junto a Elliot se den las claves al respecto, pero no he sido lo suficientemente perspicaz para aislarlas entre los traumas infantiles del protagonista.

Por otro lado, la poética y la ciencia-ficción no casan demasiado bien. Por ser un género de frontera (esto es, siempre al borde de lo desconocido) da poca opción para la lírica. Si a la tristeza, la melancolía y la nostalgia, pero por lo general todas esas cosas quedan en un segundo plano cuando hay cuestiones más perentorias que atender, como puede ser la mera supervivencia. Romain Quirot se empeña en ser poético y sencillamente no funciona, incluso habiendo personajes, como la propia Elma, que marcan el camino a seguir en un mundo al borde de la destrucción.

Como hay gente para todo el enfoque de la película puede que satisfaga a cierto tipo de espectador, pero en general, lo más que provoca es desconcierto.

© Francisco José Súñer Iglesias,
(711 palabras) Créditos