EL CRISOL DEL TIEMPO
EL CRISOL DEL TIEMPO John Brunner
Título original: The crucible of time
Año de publicación: 1983
Editorial: Ediciones B
Colección: Nova ciencia-ficción nº 71
Traducción: Márgara Auerbach
Edición: 1995
Páginas: 430
ISBN:
Precio: Descatalogado
Comentarios de: Jorge Armando Romo

Uno de los sub-géneros más apreciados dentro de la ciencia-ficción es el de la vida extraterrestre. Y es que numerosos autores no han parado de escribir centenares de novelas y cuentos en donde se exploran todas las posibles variantes del asunto: primer contacto, guerras interestelares, aventuras en mundos alienígenas exóticos, invasiones, etc. Y justo cuando los editores estadounidenses se animan a armar una nueva antología del género es común que en la selección se decida incluir algún cuento sobre esta temática para elevar las ventas del libro en preparación. Pero si el lector lo piensa con calma, siempre hay humanos interaccionando con seres de otros mundos y resulta verdaderamente difícil rastrear alguna obra que se centre por completo en los extraterrestres. ¿Eso quiere decir que después de centenares de narraciones nadie se ha animado a contar una historia alienígena en la que nunca aparezcan los humanos?

El esfuerzo para recordar alguna obra que retrate únicamente a una civilización alienígena sin presencia humana resulta curioso pero casi infructuoso. Obras tan clásicas y épicas como MISIÓN DE GRAVEDAD (Hal Clement, 1954) y EL HUEVO DEL DRAGÓN (Robert L. Forward, 1980) cuentan grandes aventuras en mundos alienígenas, pero los humanos, aunque personajes más bien secundarios, siguen estando presentes. Por ahí aparece el cortometraje animado de origen inglés que lleva por título SKYWHALES (1983), mismo que se puede ver en Youtube y ahí sí, los humanos nunca aparecen. Pero la memoria llegaba hasta ahí y fue necesario un largo rastreo para encontrar una novela que efectivamente retratara un mundo extraterrestre en toda su extensión sin mención alguna de los seres humanos. EL CRISOL DEL TIEMPO (1983), escrita por el autor británico John Brunner, resultó una curiosa pero a su vez retadora sorpresa.

La novela retrata buena parte de la historia de una civilización alienígena, desde su antigua prehistoria hasta el desarrollo de los viajes espaciales. Muy pronto, estos seres descubren que su sistema se dirige hacia una región de su galaxia muy masiva y repleta de escombros, misma que producirá toda clase de catástrofes que diezmarán a la población a lo largo de su historia. No obstante, estos seres serán persistentes e irán reconstruyendo su civilización una y otra vez hasta encontrar la forma de escapar de su mundo antes de que este sea consumido por las estrellas cercanas.

A diferencia de las novelas épicas y clásicas de Clement y Forward, la obra que ahora comentamos se aleja por completo de la aventura para ofrecer una historia multigeneracional a lo largo de miles de años, sin grandes viajes por el mundo extraterrestre y sin sorpresivos giros de guión. Su carácter es más documental e histórico al mostrar el día a día de los alienígenas, así como sus discusiones científicas, su organización social, cultural y religiosa, así como parte de su naturaleza biológica. En este sentido, esta estructura resulta compleja y retadora para el lector y puede causar que éste se aleje rápidamente al no encontrar el sentido de la aventura característico de autores tan clásicos como Jack Vance.

En siete secciones principales, Brunner cuenta cómo estos seres desarrollan la astronomía y descubren el terrible destino que le espera a la especie en los próximos milenios. Asimismo, relata cómo es que este mundo cuenta con toda clase de formas de vida que les permiten desarrollar tecnologías biológicas muy útiles para el crecimiento de su civilización: en un mundo con una cantidad muy baja de metales, las exóticas formas de vida alienígena resultan ser fácilmente moldeables.

Pero el autor por momentos es sumamente descriptivo con muchos aspectos de la ecología e incluso de la fe religiosa de aquellos seres y, a su vez, sólo ofrece algunos pincelazos en torno al sistema planetario o a la propia forma de los alienígenas. Se sabe que son seres de origen botánico que se reproducen por gemación, pero los detalles de su estructura morfológica y fisiológica nunca resultan totalmente claros, de forma que Brunner invita al lector a imaginar su propia versión de estos seres. Por otra parte, el autor describe cómo es que sus extraterrestres pueden entrar en estados de irracionalidad y salvajismo ante la falta de una buena alimentación, aspecto que los puede llevar a cometer terribles actos de barbarie. Así, resulta sumamente descriptivo en los aspectos históricos, sociológicos y ecológicos del mundo que plantea, pero a su vez es bastante ambiguo en muchos detalles del planeta y su especie dominante (de hecho, el lector nunca se entera de cómo se llama aquel mundo o el nombre que los seres se dan a sí mismos).

Un aspecto que resalta en toda la historia es una visión del triunfo de la ciencia y la técnica frente a la religión. Los alienígenas crean a lo largo de la historia diferentes religiones que buscan explicar de forma mágica el mundo que habitan y el por qué sufren constantemente de catástrofes. El sectarismo e incluso las teorías de la conspiración aparecen en escena como el aspecto peligroso e irracional que puede llevar aquel mundo hacia una inminente catástrofe. Incluso los movimientos religiosos marcados por posturas anti científicas son denunciados por Brunner y expuestos como la parte más primitiva y absurda de una civilización. Por otra parte, la ciencia y la técnica ofrecen realmente conocimientos confiables sobre el universo en el que se habita y no sólo eso, sino que permiten el desarrollo de tecnologías que pueden resultar determinantes para la sobrevivencia de la especie. Esto resulta central en la historia: quienes se quedan del lado de la religión morirán irremediablemente a la espera de que ocurran milagros, mientras que los seres que confíen en la ciencia y la técnica sobrevivirán al aprovechar los avances que éstas ofrezcan.

Un aspecto a resaltar es el romanticismo que se desprende de varias secciones del libro. Aquellos seres botánicos deciden estudiar las estrellas y se preguntan constantemente si son las únicas formas de vida inteligentes en el universo. Sus discusiones y especulaciones no sólo resultan conmovedoras, sino que también le ofrecen al lector un guiño dado que éste seguramente se ha planteado la misma pregunta. En complicidad con la novela, éste sólo puede sonreír y responderles a los protagonistas que por supuesto que no son la única especie inteligente en el vasto universo.

Y lo mejor de lo mejor: no hay humanos. En la ambigüedad descrita por el autor, no se sabe si la historia ocurre en la Vía Láctea o en otra galaxia, o en qué tiempo se encuentra ubicado el periodo de milenios que transcurren para que la civilización alienígena salga a las estrellas.

En definitiva, una obra retadora que puede que no sea del agrado de todos los lectores. Si bien no está a la altura de las grandes obras de John Brunner y pasó un tanto desapercibida en su momento, su estilo cotidiano y casi documental, así como su esfuerzo por imaginar todo un mundo extraterrestre, ofrecen una historia que no dejará indiferente a los lectores del género.

© Jorge Armando Romo,
(1.158 palabras) Créditos