Hacia los orígenes de la ciencia-ficción Latinoamericana, 12
LOS ORÍGENES DE LAS DISTOPÍAS EN LA CF LATINOAMERICANA, I
por Gastón Germán Caglia

Las utopías del siglo pasado fueron profundamente negativas. Con el devenir del s. XX adquirieron distintas designaciones: contra utopía, utopía negra, cacotopía, anti utopía o la más conocida y que ha sido aceptada por el mainstream, distopía.

Para hablar de la, o las distopías, primero debemos referirnos a la utopía, ese concepto de sociedad perfecta y armónica que no está en ningún lado pero al que se anhela llegar. Es en definitiva el sueño de perfección social o modelo de república ideal.

Sin embargo en estos dos párrafos ya se han deslizado algunas palabras claves para la distopía. Lo perfecto y armónico no siempre lo es para todos, o para alguien en particular. Los sueños suelen convertirse en pesadillas. Lo social suele chocar contra lo individual.

Esa perfección social suele variar con el paso del tiempo, es decir, guarda mucha relación con el momento histórico y el contexto socio-político en que se escribe la obra. Pero sin abundar en mayores detalles: es el lugar en que todos quisieran vivir.

Ahora bien, pasando por alto los últimos quinientos años, desde Tomas Moro en adelante, tema que ya se ha tratado hasta el hartazgo durante estos siglos, se han intentado desarrollar imágenes del futuro, claro que tomando como cenit del desarrollo humano a la cultura occidental, puede ser también burguesa y por qué no también capitalista.

Sin embargo el comienzo del s. XX trae aparejado una inversión de tal corriente de pensamiento utópico que comienza a rechazarlo, luego a negarlo y por último a hacer nacer el concepto de distopía. No hay que perder de vista que las utopías del ayer hoy nos podrían parecer sumamente repelentes.

Esta distopía propia del s. XX ya no es ese ideal modelo a alcanzar, esa sociedad justa, ese sueño de orden de vida justo y verdadero. Es todo lo contrario, es el sueño hecho pesadilla. Es esa realidad indeseable que comienza a alcanzarnos, a rozarnos con sus dedos descarnados cargados de pesimismo, quizás producto de un quiebre en la fe en el progreso, en descubrir el otro lado del espejo de la ciencia.

Las armas se hacen más mortíferas y más democráticas, son para todos. El conocimiento empieza a torcerse en aras de mentes siniestras. Los gobiernos pisan las cabezas de los disidentes con mayor soltura e impunidad, avanza el militarismo, los totalitarismos y también sus imitaciones más lavadas, las dictaduras y las democraduras.

Contra todo esto se alza la distopía como concepto estético y artístico. Ella comienza a denunciar, a través del arte, de la literatura en una primera etapa, todos esos reales y también hipotéticos avances de la ciencia y del gobierno de las cosas perniciosa para las personas.

Lo particular de las distopías es que a diferencia de las utopías, aquellas parten del presente para ir hacia el futuro. A través de una elucubración mental lleva a los extremos las realidades presentes.

LA MÁQUINA DEL TIEMPO

Así con el cambio de siglo encontramos a H. G. Wells reflejando en su obra la desesperanza y la angustia de la condición humana como en LA MÁQUINA DEL TIEMPO de 1895, CUANDO EL DURMIENTE DESPIERTA, de 1899 o de HOMBRES COMO DIOSES, de 1923, una aparente utopía en el que encontramos un mundo donde el hambre y la pobreza se han erradicado y los gobiernos han desaparecido, donde la higiene es cuanto menos que forzada y el ocio una obligación haciendo que la idea de libertad devenga en algo inexistente.

Pero si en HOMBRES COMO DIOSES estamos ante una utopía que repele nuestra piel desde lo más profundo, es con el ruso Zamiatin y su novela NOSOTROS, de 1924, que nos encontramos con una sociedad en que directamente el concepto de individuo ha desaparecido.

Desde allí nos veremos con obras de la talla de RUR o LA GUERRA DE LAS SALAMANDRAS de Karel Capeck, y UN MUNDO FELIZ de Huxley, 1984, de George Orwell y FAHRENHEIT 451, de Ray Bradbury, todas en idioma inglés, estas últimas tres consideradas como la trilogía fundadora del género distópico en la literatura universal.

El gran problema radica en que la literatura inglesa es la única con la que aparentemente se la puede considerar fundacional de un género o estilo literario. Sin embargo qué pensarían si dijera que hay una obra que desarrolla la idea del Ministerio de la Censura antes que en 1984, que hay replicantes o autómatas que se encuentran dispersados por el planeta antes que SUEÑAN LOS ANDROIDES CON OVEJAS ELÉCTRICAS, seres humanos que se combinan con automóviles haciendo del transhumanismo algo novedoso pero un siglo antes que la ciencia-ficción clásica, o grandes cataclismos ecológicos cien años antes que EL DÍA DESPUÉS DEL MAÑANA o 2012. Sin duda pensarán que les estoy vendiendo la moto, pues entonces pasemos a ver estos temas con mayor profundidad desde la óptica de la literatura latinoamericana.

Quizás el poema FUTURA (1896), de José Asunción Silva, pueda considerarse como la primera ficción poética distópica propiamente dicha, mucho después y más acá en el tiempo que los apologéticos peruanos del s. XVII, que ya tratáramos. En este poema se relata una ciudad distópica del s. XXIV en donde el nihilismo triunfa sobre la religión.

  • FUTURA.
  • Es en el siglo veinticuatro,
  • en una plaza de Francfort,
  • por donde cruza el tren más rápido
  • de Liverpool para Cantón
  • 5 La multitud que se aglomera
  • de un pedestal alrededor,
  • forma un murmullo que semeja
  • el del mar en agitación
  • Suena la música de Wagner
  • 10 y el estampido del cañón,
  • y entre los hurras populares
  • sube a su puesto el orador.
  • ...
  • 50 como de una sola voz,
  • que ladra: ¡Abajo los fanáticos!
  • ¡Abajo el culto! ¡Abajo Dios!.
  • Es un mitin de nihilistas,
  • y en una súbita explosión
  • 55 de picrato de melinita,
  • vuelan estatua y orador.

Es entonces que a finales del s. XIX y comienzos del siguiente cuando la literatura prospectiva comienza a desperezarse y a producir verdaderos relatos de ciencia-ficción, y en el caso que tratamos, distópicos. Estos puede que se originen en la asfixia que producía los mecanismos de control impuestos por la tecnología que comenzaba a gobernar las vidas y el comienzo de la complejización de la vida moderna como también a factores locales que describiremos.

Los escritores latinoamericanos de las primeras décadas del s. XX no intentaron escribir ciencia-ficción, sino de escribir literatura más allá de los géneros o rigores científicos, que sí era propio de la ciencia-ficción norteamericana, tan apegada a la tecnología y el progreso. En cambio nuestra literatura se vio bañada de un exhibicionismo positivista mezclado con ciencias de lo oculto o pesudociencias, esoterismo y experimentaciones narrativas.

Así, para mi sorpresa recopilatoria, podemos clasificar algunas de las variadas temáticas distópicas a tener en cuenta dentro de la literatura latinoamericana.

Distopías Ecológicas:

Con la llegada del mundo europeo occidental al continente americano se produjo una transformación radical en el paisaje, siendo los ecosistemas duramente castigados por el capitalismo extractivo. Esto pudo haber dado letra y que pensar para algunos relatos y novelas que se exponen:

LA CORRIENTE DEL GOLFO (1920), de Juan Manuel Planas, considerado el Julio Verne de Cuba por la influencia de este escritor francés y por las temáticas abordadas en su obra por Planas. Es este caso la novela es una mezcla de ucronía y distopía en donde el autor introduce en su novela a través de un enigmático científico, el profesor Duna, la idea de crear un bloqueo climático para controlar las mareas y el viento y así perjudicar a España en la guerra de Independencia cubana. La idea del profesor Duna es la de arruinar económicamente a España desviando el curso de la corriente del golfo de México para alterar radicalmente el clima de Europa.

Es interesante la temática del cambio climático como elemento militar y geoestratégico que desarrolla este autor en años tan tempranos. Las preguntas que rondan en la cabeza del autor son muy actuales: y que tal si modificamos el medio ambiente para incidir en la meteorología y así provocar sequías o inundar otras regiones.

EL FIN DE LA RAZA (1910), del peruano Eduardo Herrera. En esta obra se produce un colapso natural al punto de que el hielo enfría toda la superficie del planeta siendo América el único refugio para la raza humana en un mundo que está en una perpetua oscuridad. Un joven matrimonio se erige en esas tierras como el nuevo Adán y Eva de la nueva raza venciendo el amor al miedo y al mundo devastado.

ALBERICÓ (1907), del paraguayo Rafael Barret. El relato describe el encuentro con un ser diminuto que le cuenta que su especie ha decidido recluirse a vivir en el bosque dado que el progreso tecnológico excesivo ha ocasionado grandes desastres.

Distopías políticas:

Las convulsiones políticas de la región fueron una constante desde las luchas de independencia de la metrópolis. Los países de la región sufrieron sangrientos golpes de estado y gobiernos democráticos apañados por el fraude. Esto puede no haber escapado a la mirada negativa de los escritores.

UN PAÍS EXTRAÑO (1919 en Madrid y 1925 en la publicación argentina La Novela Semanal), de Miguel A. Calvo Roselló. Con un extraño sarcasmo este autor puertoriqueño de origen español expone las peores pesadillas adelantándose casi un cuarto de siglo a 1984 de G. Orwell.

Es la historia de un escultor que sufre un accidente, pierde el conocimiento y cuando despierta se encuentra en un país extraño en donde todo está absolutamente automatizado. Cuando se levanta de su cama las sábanas se enrollan y él es bañado y vestido por una máquina. Pronto descubre que se encuentra en Ciudad Nro. 3 del País Libre, un país en el que reinan las libertades y en donde los personajes se llaman por letras y números. Si bien el extenso relato comienza con visos de comedia al avanzar en la trama en la que una sociedad mecanizada y perfecta en la que los técnicos son seres superiores y el arte es una desviación mental que debe tratarse para que el ser humano no se desvíe de su destino productivo, luego se transforma en un drama distópico cuando vemos el asesinato de los que quieren escapar de ese estado totalitario. Quizás el autor se vio influenciado por la revolución rusa para escribir este cuento que es una dura visión negativa del comunismo.

Me sería imposible explicar cómo llegué a ese extraño país: cuanto me ocurrió en él ha quedado profundamente impreso en mi memoria, pero, en cambio, se han esfumado mis recuerdos anteriores hasta un extremo tal, que solamente logro reconstituir difusas líneas generales, detalles aislados, con grandes vacíos entre sí, que, a pesar de insistentes esfuerzos de recordación, no puedo llenar...

—Nuestras familias —aclaró entonces don 57-4— no están constituidas como las vuestras, porque así resultaría imposible mantener la igualdad que nos patrocina. Todos tenemos la obligación de reproducirnos, casándonos al cumplir los veinte años de edad (antes no, bajo tremendas penas), para lo cual el Estado, que lleva los registros, avisa oportunamente a cada uno, instándole a cumplir su deber; pero a los hijos provenientes del matrimonio no los retienen sus progenitores, pues se volvería con ello a las protecciones y privilegios tan detestados, sino que se entregan inmediatamente a la Casa común, donde quedan confundidos todos; allí, a los enfermos, a los débiles, a los incapacitados, se los elimina.

—¿Se los elimina?

—Desde luego; son seres inútiles para la sociedad y, naturalmente, se los destruye, como se destruye también a los deformes, que podrían ocasionar el decaimiento de la raza...

Martín Luis Guzmán
Martín Luis Guzmán

CÓMO ACABÓ LA GUERRA EN 1917 (1917), del mexicano Martín Luis Guzmán. Narrado en primera persona, un ignoto empleado de la maquinaria del Estado relata la peculiar máquina, un cerebro electrónico, que es utilizado por el gobierno para censurar, a través de las Oficinas Centrales de la Censura Departamento de Lenguas Romances, pero que luego se transforma en un oráculo para tomar control de todas las cosas.

Ninguna tarea se avino mejor con mi carácter que aquella sistemática inquisición de los afanes privados de los hombres y del final destino humano y cósmico...

El procedimiento general, lo diré de una vez, era bien sencillo. De cada carta sometida a la censura —todas lo estaban— se hacía en una ficha de cartón, mediante determinadas perforaciones, un transporte minucioso y cabal...

¿Cómo se salvó esta porción del mundo en la cual me hallo? No lo sé. La luz que me alumbra no puede ser la del sol...

Distopías sociales:

El positivismo biologicista y racista de fin de s. XIX hace mella en los escritores como ya hemos desarrollado en otro lugar.

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EUGENIA: ESBOZO NOVELESCO DE COSTUMBRES FUTURAS (1919), del escritor mexicano Eduardo Urdaiz, en donde se desarrolla ampliamente la idea de la utilización de la eugenesia como de la gestación ectópica por los hombres.

Esta novela introduce un provocador y urticante panorama en el que en un futuro cercano la sociedad ve sus valores transformados por los avances de la ciencia. En la novela, donde los protagonistas son un triángulo amoroso, las nociones de amor y vida familiar se han redefinido bajo la óptica de la Eugenética en donde el Estado se apropia de las funciones reproductivas en pos del perfeccionamiento de la especie humana, un ser humano que vive en Villautopía, un lugar con bicicletas voladoras, calles en movimiento y un mundo que ha olvidado el hambre y las epidemias.

Así asistiremos al drama de la desaparición de costumbres propias del ser humanos como la maternidad o el amor y el deseo por acción de un Estado totalitario que controla la reproducción. Este provocador panorama nos trae a la mente UN MUNDO FELIZ de Huxley, solo que esta obra fue escrita trece años después que EUGENIA.

LA ÚLTIMA RUBIA (1904), del peruano Clemente Palma. Este es un relato corto enmarcado en lo que fue su temprana obra literaria de ficción grotesca y bizarra. Fue conocido por sus publicaciones de tinte racista y xenófobas y este cuento es la expresión más viva dentro de su obra ficcional. En él el personaje principal se embarca en la búsqueda de la última mujer rubia de una civilización agonizante en el año 3025. El motivo: los rasgos corporales se han desvanecido, siendo totalmente homogéneos y en ese contexto el gran problema es la falta de oro, que ya no existe más, pero a través de la alquimia, al parecer se lo pueden volver a procurar. Para ello necesita cabellos de una mujer verdaderamente rubia, el problema es que no hay más gente rubia, es un mundo físicamente dominado por los rasgos orientales. Así se embarca en una misión destinada al fracaso.

En el año 2279 los mongoles y los tártaros, esas malditas razas amarillas, habían inundado el mundo y malogrado las razas europeas y americanas con la mezcla de su sangre impura. No había rinconcillo del mundo donde no hubiera llegado y estampado la huella de su maldición étnica...

Y sin perder el tiempo regresé a Tombuctú... Probablemente no volverá a existir oro en el mundo y, más probablemente aún, tendré que casarme en Tombuctú con alguna joven de ojillos oblicuos, tez amarillenta y cabellos negros a hirsutos.

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BABY H. P. (1952) del escritor y actor mexicano Juan José Arreola. En este breve relato ya se habla de un exoesqueleto. La sociedad necesita energía eléctrica y esta se logra de las rabietas de los niños. La deshumanización de la crianza de un hijo toca extremos apocalípticos en donde se podría encontrar una crítica a la sociedad de consumo que abusa del uso de la tecnología por una sociedad pragmática y perversa que a través de la propaganda deja de lado los sentimientos.

El Baby H. P. Es una estructura de metal muy resistente y ligera que se adapta con perfección al delicado cuerpo infantil, mediante cómodos cinturones... Las ramificaciones de este esqueleto suplementario recogen cada uno de los movimientos del niño, haciéndolos converger en una botellita...

Para ese fin se recomiendan las golosinas azucaradas, que devuelven con creces su valor. Mientras más calorías se añadan a la dieta del niño, más kilovatios se economizan en el contador eléctrico.

Finalmente, por ahora, queda un último interrogante: ¿HORACIO KALIBANG es un cuento distópico?

No hace falta abundar en detalles sobre este gran relato de Eduardo Holmberg, al que ya nos hemos referido. El final del relato, la carta en que el constructor de autómatas expone sus razones y deseos es un tanto escalofriante. Con la toma de conocimiento acerca del ejército de autómatas que pueblan el planeta sin que los humanos sepamos distinguir entre ellos y nosotros es una llamada de atención que no debe pasar desapercibida. Es la llamada a hacernos tantas preguntas como nuestras almas puedan soportar. ¿Esos autómatas están destinados a suplantarnos? ¿Qué sucederá cuando ellos sean superiores en fuerza e inteligencia a nosotros o tomen conciencia de su poder y se aseguren el dominio completo del mundo? (Continuará).

Quien desee ampliar las lecturas de estos relatos puede bucear en la siguiente bibliografía:

Arella, D. RELATOS PIONEROS DE LA CIENCIA-FICCIÓN LATINOAMERICANA. Rebeca Roca Ilustraciones.

Pierini, M. PRESENCIAS DE ESPAÑA EN LA NOVELA SEMANAL DE BUENOS AIRES, en https://www.memoria.fahce.u[...]b_eventos/ev.350/ev.350.pdf.

Capanna, P. EL SENTIDO DE LA CIENCIA-FICCIÓN. Ed. Columba. 1966.

López-Fellisa, T y Kurlat, S (Eds.). HISTORIA DE LA CIENCIA-FICCIÓN LATINOAMÉRICA I. Madrid/ Frankfurt. 2020.

Palacios, J. EL MALÉVOLO CLEMENTE PALMA. MODERNISMO, DECADENCIA Y LUCIFERISMO.


Notas

https://www.ciencia-ficcion.com/opinion/op02982.htm.

https://www.ciencia-ficcion.com/opinion/op02953.htm.

© Gastón Germán Caglia,
(2.912 palabras) Créditos