Durante la Guerra Fría se desarrolló un tipo de ciencia-ficción que podríamos calificar de paranoica. Hubo un montón de novelas que reflejaban lo tenso del ambiente y el miedo a la invasión y los espías. La más representativa quizá sea AMOS DE TÍTERES, de Robert A. Heinlein, en la que unos sibilinos invasores extraterrestres poseían
a inocentes ciudadanos y se infiltraban de a poco e las instituciones de Estados Unidos.
Jack Williamson no podía sustraerse a esa moda y ese mismo año publicó LA CÚPULA DE AMERICA en la que, a la inversa, mostraba a unos Estados Unidos paranóicos y aislados del resto del mundo.
Para ello concibe una gigantesca cúpula que cubre Estados Unidos con el fin de proteger a la nación de los devastadores efectos de un objeto cósmico que arrasa con la superficie del planeta, convirtiéndolo en un erial de aspecto lunar, mientras que dentro de la cúpula se mantienen las condiciones adecuadas de vida.
Dentro de la cúpula se ha propagado la idea que la tecnología fue ofrecida al resto del mundo que la rechazó estúpidamente condenando a la extinción al resto de la humanidad. ¿A toda? No, regularmente se producen intentos de penetrar ¡y salir! de la Cúpula, de ahí que exista la Guardia, encargada de evitar que nadie la traspase.
Pero un día Barry Thane, flamante miembro de la Guardia, descubre un extraño objeto que se acerca a ella y resulta ser un vehículo que viene nada menos que desde la Vieja Europa, donde habían desarrollado sus propios métodos para sobrevivir al desastre y, 200 años más tarde, vienen para interesarse por la tecnología yanki. Capturado el capitán Glenn Clayton, tripulante del vehículo, y durante el interrogatorio, Barry descubre que la historia del rechazo de la tecnología de la cúpula no es del todo exacta. En un arranque de audacia, Barry, mediante la transformación quirúrgica de sus rasgos faciales, se convierte en Clayton y se lanza a una increíble aventura de espionaje en una potencia enemiga
de la que hasta entonces no habían tenido la menor noticia.
La novela no deja de ser una típica space-opera de acción, con sus gotas de novela distópica, si bien resulta interesante comprobar como Williamson hace un esfuerzo para retratar como ve el mundo exterior a la América aislada. Eso es importante porque en el aspecto científico la novela carece por completo de sentido, ni los efectos del objeto cósmico, no la tecnología necesaria para crear la cúpula son creíbles, por eso hay que pensar que a Williamson le interesaba más las implicaciones de unas políticas aislacionistas y la distorsión de la visión que tenían el uno del otro los bloques políticos de la época, con las tensiones territoriales y expansionistas de unos y otros.
Como narrativa tampoco se sale de los estándares de la época, personajes bien perfilados pero planos, al servicio de la historia, mucha imaginación en lo que respecta a la tecnología y los artefactos utilizados, aunque no se sostuviera en nada consistente, muchos estereotipos que a día de hoy ya resultan más que vistos, aunque por la época supongo que debían causar el efecto deseado.
LA CÚPULA DE AMÉRICA no es una obra de arte ni una novela profunda, es hija de una época donde se conformaban los bloques que marcarían la geopolítica de los siguientes treinta años, y que ofrece la interesante idea de que los victoriosos Estados Unidos se pueden ver de una forma muy distinta desde el exterior que aquella que los propios yankis tienen formada de si mismos.