SOLARIS
SOLARIS URSS, 1968
Título original: Солярис (Solyaris)
Dirección: Boris Nirenburg, Likiya Ishimbayeva
Guión: Nikolay Kemasky
Producción: Televisión Central Soviética
Música: A. Kliot
Fotografía: G. Engyeeva
Duración: 143 min.
IMDb:
Reparto: Vasily Lanovy (Dr. Kris Kelvin); Vladimir Etush (Dr. Snaut); Viktor Zozulin (Dr. Sartorius); Antonina Pilyus (Harey)
Comentarios de: Magda Revetllat

Argumento

Kris Kelvin llega a la estación espacial que está en órbita alrededor de Solaris, planeta cubierto por una entidad comparable a un océano. Distintos intentos de comunicación han sido infructuosos y hasta se ha comentado la posibilidad de cerrar la estación, pero eso supondría reconocer el fracaso. El océano hace réplicas de lo que ha quedado sumergido en él, personas y cosas, y también lo que percibe de los recuerdos de los habitantes de la estación, de manera que Kris se reencontrará con Harey, la que fue su esposa y que murió años atrás. La estación está habitada por los científicos que estudian el planeta los cuales se hallan en un precario estado emocional y mental.

La película

Rodada para la televisión en blanco y negro y con escasos recursos fue la primera versión para la pantalla que se hizo de la obra original de Lem, en ella se incide en el efecto emocional que el planeta provoca en los científicos y en Kris, el psicólogo enviado. A lo largo del filme hay diálogos entre ellos en busca de respuestas a lo que está ocurriendo, al por qué de la recreación de personas, objetos y estructuras. Los efectos lumínicos son interesantes en esta versión en blanco y negro, la franja de luz sobre los ojos de Harey al aparecer en la estación en contraste con el fondo de oscuridad de la pared o de las persianas que dan al exterior, el conjunto da un ambiente de misterio, pero sin caer en imágenes angustiosas. La nueva Harey es tan joven como lo era la Harey original en el momento de morir y pronto se da cuenta que algo no encaja, que ella no debería estar allí y lo deduce por algún comentario de Kris o por documentos que encuentra en la habitación. Del mismo modo los científicos de la estación crean una atmósfera de desasosiego por su carácter temperamental, parecen en algún momento el prototipo del científico loco que aparece en tantas películas de décadas atrás, y el efecto es reforzado por escenas en las que la fotografía juega un interesante papel en los contrastes de blanco y negro jugando con las sombras sobre los rostros. El espectador puede sentir más inquietud generada por estos dos personajes que por las sucesivas apariciones de Harey, que siempre se mantiene como una joven tímidas y sensible, que percibe que la situación es extraña.

La escena final cuando la segunda Harey, de la que Kris se ha enamorado, desaparece, resume el final de la novela pues el protagonista se interroga sobre la posibilidad de una comunicación con Solaris. Kris dudará a la hora de volver a la Tierra pensando que si se queda tal vez el planeta vuelva a crear otra Harey, una tercera copia extraída de sus recuerdos.

La sencilla producción para televisión fue filmada íntegramente en interiores, en ningún momento hay escenas del planeta o de la Tierra, como si ocurre en la versión de Tarkovski. El director era reconocido por su trayectoria y premiado en reconocimiento a su contribución en documentales. La sobriedad del filme resume el proceso interior de Kris, sus dudas, miedos y sentimiento de pérdida en un entorno de aspecto técnico, sin lujos ni estética de ninguna clase, donde no parece haber espacio para nada que no sea razonamiento frío y objetivo de parte de quienes lo habiten.

La novela original

A Lem nunca le gustaron ni la primera ni la segunda versión cinematográfica, y por lo visto la tercera de Soderbergh en 2002 no la vio. Si bien él centraba la trama en la imposibilidad de comunicación con una entidad alienígena dirigiendo la mayor parte de la atención a Solaris y en segundo plano se relataba el desconcierto de los habitantes de la estación, las películas primaban las relaciones entre los científicos y en especial entre Kris y Harey dejando a Solaris en segundo plano. Lem, en el tono humorístico que nutre algunas de sus obras, escribió:

Como autor de SOLARIS, me permitiré repetir que solo quería crear una visión de un encuentro humano con algo que ciertamente existe, quizás de manera poderosa, pero no puede reducirse a conceptos, ideas o imágenes humanas. Por eso el libro se tituló SOLARIS y no AMOR EN EL ESPACIO EXTERIOR.

Stanislaw Lem, diciembre 2002.

Su humor le llevaba a escribir obras como VACÍO PERFECTO, una sucesión de comentarios sobre libros inexistentes, o los DIARIOS DE LAS ESTRELLAS en las que un piloto espacial sufre un sinfín de divertidas peripecias. Otras obras sin embargo tal como lo es SOLARIS son una profunda reflexión sobre temas eternos como también lo es ASTRONAUTAS, en la que cada personaje de una expedición espacial es descrito a fondo por el autor.

La lectura de SOLARIS debe ser tomada con serena lentitud para apreciar todos las observaciones de Kris Kevin en profundidad y también las escenas de una gran belleza como la del final cuando el psicólogo hace pie en el planeta, Kris acercará la mano hacia el fluido y éste se retira de una manera envolvente, una analogía de la relación de los humanos con el planeta, cercana pero alejada a la vez. También son descritas en la novela las construcciones que se forman en la superficie, reflejos de los pensamientos de quienes llegaron al planeta tiempo atrás, reproducciones efímeras de estructuras terráqueas.

Tres son las versiones llevadas a la pantalla y las tres destacan las relaciones entre humanos por encima de la que se establece con el planeta, pero ya es sabido que la versión de una obra siempre será una reinterpretación, pocas veces una reproducción del original, en este caso de lo que sería un primer intento de contacto con una entidad tan distinta a la humana en el espacio exterior.

© Magda Revetllat, (949 palabras) Créditos