ES DIFÍCIL VIVIR
ES DIFÍCIL VIVIR EE. UU., 1992
Título original: Star Trek TNG: Cost Of Living
Dirección: Winrich Kolbe
Guión: Peter Allan Fields
Producción: David Livingston
Música: Jerry Goldsmith y Dennis McCarthy
Fotografía: Marvin Rush
Duración: 45 min.
IMDb:
Reparto: Patrick Stewart (Picard); Jonathan Frakes (Riker); Brent Spiner (Data); Marina Sirtis (Troi); Gates McFadden (Dra. Crusher); Levar Burton (La Forge); Michael Dorn (Worf); Majel Barrett (Lwaxana Troi); Brian Bonsall (Alexander); Tony Jay (Campio); Carel Struyken (Sr. Homm); Albie Selznick (Malabarista); Patrick Cronin (Erko); Tracey D´Arcy (Mujer joven); George Edie (Poeta); Christopher Halste (Primer aprendiz)
Temporada: 5, Episodio: 20

Sinopsis

Fecha estelar 45733.6. Worf tiene serios problemas a la hora de educar a Alexander, por lo que recaba la ayuda de la consejera Troi. A pesar de los esfuerzos de Deanna, la situación entre padre e hijo no parece mejorar. Entonces llega a la nave Lwaxana Troi, que anuncia su compromiso matrimonial con un diplomático. Entre Lwaxana y el pequeño Alexander se establece una buena amistad, que acabará beneficiándolos a ambos.

Mientras tanto, la tripulación de la Enterprise debe hacer frente a un extraño parásito, que amenaza con destruir el navío.

Lwaxana llevando a Alexander por el buen camino
Lwaxana llevando a Alexander por el buen camino

En NUEVO TERRITORIO, de esta misma temporada, quedó claro que Alexander necesitaba un padre que le educara y se ocupara de él. En aquel capítulo, Worf y su hijo se comprometieron a ayudarse mutuamente a conseguir que su relación funcionase. Pero, como evidencia el comienzo de ES DIFÍCIL VIVIR, las cosas no les resultan precisamente fáciles, pues deben recurrir a la consejera Troi para limar sus diferencias. Ninguno da su brazo a torcer, por lo que Deanna sugiere que redacten una especie de contrato, que especifique los deberes y derechos de cada uno.

La cosa se complica con la llegada a la nave de Lawxana Troi, que se ha comprometido en matrimonio con un diplomático y desea celebrar la ceremonia en la Enterprise y que Picard la lleve al altar. Casualmente, Lawxana se entera de lo que ocurre entre Worf y su hijo, y, como era de esperar, se inmiscuye en el asunto con su desparpajo habitual. Desaprueba la solución que pretende darle Deanna al conflicto paterno-filial, insiste en que Alexander es un niño y no pueden exigírseles según qué cosas, y hasta, en cierto modo, toma al chico, al que llama mi pequeño guerrero, bajo su tutela.

La relación que se establece entre la madura Lawxana y Alexander beneficia extraordinariamente a éste, constreñido hasta entonces bajo las pesadas y ominosas alas paternas. El pequeño klingon conoce, por fin, a un adulto que no está obsesionado con las reglas, como su padre, y que se preocupa porque sea feliz y se divierta. Pero a partir de cierto momento, las tornas se invertirán, y será Alexander quien, involuntariamente, ayude a Lawxana a superar la crisis de la madurez que la atormenta, acabando por darle pasaporte al imbécil y engreído de Campio. Al final, la visión optimista de las cosas de Lawxana, una mujer siempre dispuesta a mandar al carajo la rigidez formal de algunas personas y a disfrutar del lado lúdico de la vida, se impone, y hasta su hija y Worf, aunque éste un tanto a regañadientes, acceden a compartir un baño de lodo con ella y el pequeño Alexander.

Puede que Deanna sea empática y tenga un doctorado en psicología, pero, en lo que se refiere a Worf y Alexander, da la impresión de andar más perdida que un pulpo en un garaje. Sólo así se explica que intente conseguir que ambos se reconcilien siguiendo pautas humanas, como esa tontería del contrato, pasando por alto la particular idiosincrasia de la raza klingon. Para cualquier trekkie resulta evidente que, a pesar de la buena opinión que tiene Picard de ella, Troi no es, ni de lejos, la mejor consejera de la Flota Estelar.

La trama complementaria, definida por algunos cantamañanas de tediosa, es bastante efectiva, aunque a Rick Berman acabó por no convencerle. El problema, en mi opinión, es que fue pergeñada tan sólo para completar metraje y meter algo de ciencia-ficción en el episodio. Con un desarrollo más cuidadoso y profundo, habría podido servir como argumento para otro capítulo. Por otra parte, la acción transcurre en el siglo XXIV, en una nave estelar poblada de alienígenas, y la historia la protagonizan un niño klingon y una mujer betazoide. Si eso, por sí solo, no es ciencia-ficción, que baje Dios y lo vea.

En resumen: un episodio un tanto atípico en TNG, que parece proponernos que nos tomemos un poco menos en serio a nosotros mismos, y que procuremos disfrutar de la vida en lo posible, pues ésta siempre es, invariablemente, demasiado corta.

© Antonio Quintana Carrandi, (678 palabras) Créditos