ÉTICA
ÉTICA EE. UU., 1992
Título original: Star Trek TNG; Ethics
Dirección: Chip Chalmers
Guión: Ronald D. Moore, sobre un argumento de Sara y Stewart Charno
Producción: David Livingston y Herbert J. Wright
Música: Jerry Goldsmith y Dennis McCarthy
Fotografía: Marvin Rush
Duración: 45 min.
IMDb:
Reparto: Patrick Stewart (Picard); Jonathan Frakes (Riker); Brent Spiner (Data); Marina Sirtis (Troi); Gates McFadden (Dra. Crusher); Levar Burton (La Forge); Michael Dorn (Worf); Caroline Kava (Dra. Toby Russell); Brian Bonsall (Alexander); Patti Yasutake (Enfermera Alysa Ogawa).
Temporada: 5, Episodio: 16

Sinopsis

Fecha estelar 45587.3. Worf resulta gravemente lesionado por la caída de un contenedor, hasta el punto de que la doctora Crusher teme que se quede inválido. La especialista en neurocirugía Toby Russell, que se encontraba a bordo de la USS Potemkin, se traslada a la Enterprise para estudiar su caso. Russell está desarrollando una técnica quirúrgica experimental. Propone a Crusher emplearla con Worf, ya que, a su juicio, es la única opción que le queda al klingon. Beverly se opone, pues sabe que los riesgos son considerables y no existe ninguna garantía de éxito. Worf, por su parte, que está dispuesto a morir antes que quedar paralítico, accede a que Russell pruebe con él su revolucionaria y peligrosa técnica de reemplazo genetrónico.

Alexander echando una manita a Worf en su recuperación
Alexander echando una manita a Worf en su recuperación

ÉTICA es uno de los mejores episodios de la quinta temporada, que presenta unas contenidas pero interesantes reflexiones sobre la eutanasia y la investigación médica.

El caso de Worf provoca el enfrentamiento entre dos concepciones de la medicina. A un lado tenemos la que podríamos definir como clásica, representada por la doctora Crusher, que aboga por preservar la vida y minimizar en lo posible el sufrimiento, respetando ciertos principios éticos de corte humanista. En el otro, la esgrimida por la doctora Russell, dispuesta a aprovechar cualquier oportunidad para desarrollar sus revolucionarias teorías, aunque eso signifique emplear a un paciente como cobaya. Punto que deja de manifiesto, por cierto, en la impactante escena de los heridos de la Denver, cuando reconoce haber tratado a uno de los fallecidos con una droga de su invención, lo que obliga a Crusher a apartarla del servicio.

La situación de Worf es crítica. Sus lesiones, sin ser mortales, revisten enorme gravedad y todo indica que podría quedarse parapléjico. Aunque Crusher intenta animarle, hablándole de unos dispositivos que, una vez implantados en su cuerpo, le permitirían recuperar un sesenta por ciento de movilidad, el jefe de seguridad rechaza la propuesta, pues no puede soportar la idea de ser un tullido el resto de su vida. En un principio, Worf tampoco parece hacer mucho caso de Toby Russell y su tratamiento experimental. Su herencia klingon tiene un considerable peso en su ánimo, de modo que piensa que, lo mejor que puede hacer, es ser fiel a la tradición de su pueblo, realizando la ceremonia Hegh´bot, un suicidio ritual.

Worf le pide a Will Riker que le ayude a llevar a cabo el Hegh´bot, pero el primer oficial se niega a ayudar a un amigo a suicidarse. En ÉTICA tenemos la mejor interpretación de Jonathan Frakes en toda la serie, cargada de sincera emotividad. Will admira y respeta el sentido del honor y de la responsabilidad de Worf, pero no comparte en absoluto algunas de las costumbres klingon, que califica de bárbaras. El primer oficial se debate entre sus convicciones y la petición de un hombre al que respeta, de modo que le plantea la cuestión a Picard. El capitán le hace ver que, aunque para los humanos esas creencias y costumbres carezcan de significado, y hasta puedan parecer incivilizadas, para un klingon como Worf son muy importantes. JeanLuc, que sin duda también está muy preocupado por Worf, es sin embargo capaz de ponerse en el lugar del klingon, tratando de que Will entienda cómo debe sentirse aquél. Los klingon eligen a sus amigos con mucho cuidado. Si no supiera que puede contar con usted, nunca se lo hubiera pedido, le dice.

El episodio está lleno de pasajes memorables. La conversación entre Crusher y Picard, que ha ido a hablar con ella para intentar que comprenda la postura de Worf, aunque no la comparta, es uno de ellos. Los razonamientos de JeanLuc son lógicos y coherentes con el espíritu de la Federación y el respeto a la idiosincrasia de otros pueblos, en este caso los klingon. Pero los de Beverly son igualmente válidos. Si en TOS Bones era la personificación del juramento hipocrático, en TNG es Crusher quien representa ese principio ético. A ella, a pesar de su condición de oficial de la Flota, se las traen al pairo las cuestiones culturales. Worf es su paciente y su deber es salvar su vida y aliviarle en lo posible el dolor. Para ella el suicidio, aunque sea una arraigada costumbre klingon, no es una opción, y está dispuesta a hacer lo que sea por impedirlo. Pero a Picard, posiblemente la persona que mejor conoce las peculiaridades de la raza klingon en la Enterprise, le asiste toda la razón. Sabe que nadie podrá impedir que Worf se suicide si decide hacerlo, de modo que aboga porque Beverly permita a la doctora Russell probar su tratamiento con el jefe de seguridad. Al fin y al cabo, lo peor que puede ocurrir es que todo salga mal y muera. Pero JeanLuc sabe que esa clase de muerte sería más asumible para los amigos de Worf que su suicidio, porque, como le dice a la doctora Crusher: A un klingon le costará aceptar la derrota, pero será el primero en arriesgarse.

El pequeño Alexander, por su parte, está inmerso en un mar de dudas y atenazado por el dolor. No entiende las costumbres klingon, que su madre, la fallecida K´Ehleyr, consideraba estúpidas. Lo único que le importa es que su padre está muy grave y tiene intención de quitarse la vida. Deanna arropa al pequeño y trata de consolarle, en la medida de sus posibilidades. Pero también intercede por él ante Worf, explicándole que, klingon o no, Alexander es sólo un niño aterrado ante la posibilidad de perder al autor de sus días, después de haber perdido ya a su madre. Worf quiere que Alexander comprenda sus razones, pero, aunque el pequeño se esfuerza por entender la actitud de su padre, lo cierto es que no puede hacerlo.

Sin embargo, en última instancia, Worf decide no realizar el Hegh´bot y someterse al tratamiento experimental de la doctora Russell. El klingon ha comprendido que eso es lo mejor que puede hacer. Si todo sale bien, perfecto. Si no, habrá evitado a sus amigos, y sobre todo a su hijo, el dolor de saber que se quitó voluntariamente la vida. En esta decisión de Worf influye y mucho la filípica que, poco antes, le ha lanzado Riker. Will, que ha investigado sobre la ceremonia del Hegh´bot, le canta cuatro verdades al klingon, recordándole que, según las costumbres de su pueblo, la persona que debe ayudarle a quitarse la vida es su primogénito. Worf replica que Alexander es sólo un niño, y además medio humano. Pero Riker le recita la máxima klingon que afirma: El hijo de un klingon será un adulto el día que pueda sostener un cuchillo. Will admite que, si por él fuera, y aunque vaya en contra de sus principios, le ayudaría. Pero añade que ese papel no le corresponde, y que en toda la nave sólo hay una persona que debería asumirlo. Así que Worf se ve obligado a reflexionar, llegando a la conclusión de que no puede forzar a Alexander a hacer algo de lo que, sin duda, se arrepentiría toda su vida.

Y hace algo más. Sabe que hay muchas posibilidades de que muera en la mesa de operaciones, de modo que le pide a Deanna, por la que siente un inmenso respeto, que en tal caso adopte a Alexande r, pues no puede pensar en nadie más adecuado para educar al chico. Como es obvio, Troi accede, considerándolo un gran honor.

Planificando la operación
Planificando la operación

De modo que se somete a la intervención quirúrgica experimental, realizada por Russell con la asistencia de Crusher, que no está muy conforme, pero que ha cedido porque ha comprendido que el capitán estaba en lo cierto. La operación es un éxito, todo sale tal como Toby Russell esperaba..., pero Worf acaba falleciendo, para desesperación de todos. Sin embargo, en el último momento, Beverly cree ver un casi imperceptible movimiento en el klingon y se esfuerza por reanimarle. Al final, gracias a una característica biológica de los klingon, llamada Brak´lul, que consiste en la duplicación de todos los órganos y sistemas de la especie, incluidas las funciones sinápticas, Worf revive.

En la reseña de este episodio, publicada en el libro que Alberto Santos, Editor dedicó a la serie en 1994, la autora afirma que no acaba de quedar claro si se sancionan o no los métodos de la doctora Russell. Lo siento por Marisa Sánchez, pero queda clarísimo que Beverly sí condena el proceder de Russell, y eso a un trekkie debería bastarle. Pero aun hay más. Aunque en su entrevista final con Crusher la experta en neurocirugía se jacte de ello, lo cierto es que, en este caso, su proceso de replicación genética ha fracasado, pues Worf murió. La supervivencia del klingon se debió al Brak´lul, esas redundancias biológicas de su raza que a ella se le antojaban innecesarias. ¿Qué habría ocurrido con un paciente humano, sin tal característica? Que habría fallecido con una columna vertebral nuevecita. Por eso Beverly la pone en su sitio, haciendo una vehemente defensa de la investigación sensata, que a veces exige toda una vida de esfuerzos y dedicación para obtener resultados esperanzadores. La gente como Toby Russell, que prefiere tomar atajos y utilizar a los pacientes como sujetos de experimentación, denigra, a mi juicio, la profesión médica.

El espectador sensato toma partido de inmediato por Beverly Crusher, que se preocupa tanto por el estado anímico de sus pacientes como por el físico. Como mi admirado Leonard Bones McCoy, Beverly es un médico con corazón. Toby Russell, por el contrario, es una eminencia científica, pero más fría que un tempano, a pesar de sus frecuentes sonrisas y su aire falsamente afable. Ya al principio del episodio, cuando Crusher va a recibirla a la sala de transportación, Russell da un indicio de por dónde van sus intereses, cuando insiste en mantenerse a una cierta distancia para, según dice, darle a Crusher una opinión más objetiva respecto al tratamiento. En realidad, es incapaz de establecer vínculos emocionales con los pacientes, que para ella sólo representan oportunidades para seguir avanzando en sus investigaciones. Para mí está claro que Toby Russell es una auténtica trepa en su profesión, alguien a quien sólo preocupa su promoción personal y ser reconocida como una figura destacada en el desarrollo de terapias y tratamientos neurológicos, que no tiene ninguna consideración por las vidas de los enfermos. Por desgracia, me consta que en la vida real hay médicos así, aunque confío en que sean una minoría.

ÉTICA es un episodio con una enorme carga emocional, y uno de los mejores protagonizados por la doctora Crusher, que elevó bastante el nivel argumental de TNG. Lástima que inmediatamente después vendría el penoso, por lo políticamente correcto de su guión, EL PARIA.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.792 palabras) Créditos Créditos Créditos Créditos Créditos Créditos Créditos Créditos