EL PUEBLO DE LOS MALDITOS
EL PUEBLO DE LOS MALDITOS Reino Unido, 1960
Título original: Village Of The Damned
Dirección: Wolf Rilla
Guión: Stirling Silliphant, Wolf Rilla y George Barclay sobre la novela de John Wyndham
Producción: Ronald Kinnoch para Metro Goldwyn Mayer
Música: Ron Goodwin
Fotografía: Geoffrey Faithfull
Duración: 77 min.
IMDb:
Reparto: George Sanders (Gordon Zellaby); Barbara Shelley (Anthea Zellaby); Martin Stephens (David Zellaby); Michael Gwynn (Alan Bernard); Laurence Naismith (Dr. Willeres); Richard Warner (Harrington); Jenny Laird (Señora Harrington); Sarah Long (Evelyn Harrington); Thomas Heatchcote (James Pawle); Charlotte Mitchell (Janet Pawle); Pamela Buck (Milly Hughes); Rosamund Greenwood (Señorita Ogle); Susan Richards (Señora Plumpton); Bernard Archard (Vicario); Peter Vaughan (P. C. Gobby); John Phillips (General Leighton); Richard Vernon (Sir Edgard Hargraves); John Stuart (Profesor Smith); Keith Pyott (Dr. Carlisle)

Sinopsis

En Midwich, pequeño pueblecito de la campiña inglesa, se produce un hecho extraordinario: durante varias horas, todos sus habitantes, animales incluidos, sufren un extraño desvanecimiento. Aunque la normalidad parece restablecerse poco después, cuando todos recuperan la consciencia, al cabo de un tiempo se descubre que todas las mujeres en edad de concebir, incluso las vírgenes, están embarazadas. Los embarazos parecen normales, pero los fetos se desarrollan a gran velocidad. Pronto nacen unos extraños niños rubios y de ojos dorados, caracterizados por un desarrollo acelerado, que los hace crecer más rápido de lo normal. Existe el mismo número de niños que de niñas. Unidos por un vínculo desconocido, siempre van juntos, además de demostrar una madurez e inteligencia impropias de los infantes y poseer unos poderes mentales inexplicables. Pero lo más inquietante es que no parecen tener sentimientos, empatía ni nada semejante. La frialdad de estos niños, su sorprendente inteligencia y su desprecio por sus emocionales padres, hace sospechar a Gordon Zellaby que pueden representar una amenaza para la humanidad.

EL PUEBLO DE LOS MALDITOS adapta, con bastante fidelidad, la excelente LOS CUCLILLOS DE MIDWICH, que posiblemente sea la novela más conocida del gran maestro británico de la ciencia-ficción que fue John Wyndham.

El film del alemán Wolf Rilla se inscribe en el subgénero de invasiones alienígenas, que inaugurara H. G. Wells con su impactante LA GUERRA DE LOS MUNDOS, publicada en 1898. Pero aquí los extraterrestres no despliegan un poderoso y avanzadísimo ejercito contra la Tierra, sino que llevan a cabo su invasión de un modo tan sutil como aterrador: provocando el embarazo de las hembras humanas para que den a luz a su progenie, una raza dotada de poderes extraordinarios, que escapan a la comprensión de los hombres, y cuyo objetivo es, sin lugar a dudas, colonizar el planeta, desplazando paulatinamente a sus atrasados moradores y conducirles al exterminio total.

La historia resulta más estremecedora porque las entidades invasoras asumen el aspecto de tiernos niños de doce años. De este modo, asistimos a las dudas morales del protagonista, que va descubriendo las intenciones reales de esas criaturas y siendo cada vez más consciente de que hay que combatirlas, pero que no puede evitar verlos como los niños que en apariencia (sólo en apariencia) parecen ser.

Son precisamente los críos los que, con su frialdad extrema, con su gélida y lógica forma de razonar, y con sus actos homicidas desprovistos del menor atisbo de piedad, empujan a Zellaby a inmolarse para detenerlos, en un clímax sobrio que ha pasado a los anales del cine de ciencia-ficción.

La conclusión del film, con ese plano de la escuela en llamas y varios pares de ojos dorados como flotando en el aire, parece sugerir que, en realidad, la existencia corpórea de los niños sólo era un paso en su evolución, y, por tanto, la inutilidad del sacrificio de Zellaby. Este final abierto permitió que se filmara una secuela, LOS HIJOS DE LOS MALDITOS (CHILDREN OF THE DAMNED, Anton M. Leader, 1963), aunque más bien deberíamos hablar de una versión libre, ya que el argumento de la cinta citada difiere muchísimo del pergeñado por Silliphant, Rilla y Barclay.

Wyndham publicó su novela en 1957, y el mismo año sus derechos para el cine fueron adquiridos por la Metro. Desde el primer momento, los ejecutivos del Estudio del león tuvieron claro que debería rodarse en Gran Bretaña, ya que la acción se desarrollaba en la Inglaterra rural. Por otra parte, eso permitiría abaratar considerablemente los costes de producción, ya que los rodajes europeos solían resultar más económicos.

MGM quería darle el papel protagonista a Ronald Colman, una de las leyendas vivientes de Hollywood, que había mostrado interés por el proyecto. Pero Colman falleció en mayo de 1958 y el Estudio se decantó entonces por George Sanders, prestigioso veterano que había intervenido en un puñado de grandes clásicos como REBECA, EL FANTASMA Y LA SEÑORA MUIR y EVA AL DESNUDO. A título de curiosidad, cabe comentar que la viuda de Colman, Benita Hume, acabaría contrayendo nuevo matrimonio con Sanders poco antes de que éste comenzara a rodar EL PUEBLO D E LOS MALDITOS.

MGM estuvo a punto de cancelar el rodaje, por culpa, para no variar, de los meapilas de siempre. En revistas y periódicos ingleses y estadounidenses aparecieron varios artículos poniendo a caldo la novela de Wyndham, que algunos imbéciles tacharon de inmoral. En Inglaterra se alzaron voces contra la imagen siniestra que la historia daba de la infancia, lo que da una idea muy aproximada del nivel intelectual de quienes así pensaban. Tanto en USA como en Gran Bretaña levantaba ampollas el asunto de los partos virginales que sugería la historia, calificándolos como un insulto a las creencias religiosas de la gente. Pero en 1960 las cosas estaban cambiando y la Metro decidió seguir adelante con la película, pese a todo. Fue un acierto. El film devino en un moderado éxito en Inglaterra, pero en los Estados Unidos incluso supero a varias producciones hollywoodenses de más empaque y pretensiones.

Los efectos especiales fueron más bien básicos, limitándose a una maqueta para simular la explosión en la escuela, y a ciertos trucos fotográficos para mostrar la intensificación del brillo en las pupilas de los niños, cuando estos se disponen a emplear sus poderes. Los actores infantiles actuaron con pelucas rubias, dotadas de relleno para dar la impresión de que sus cráneos eran de mayor tamaño del normal en unos niños, para así sugerir que poseían un cerebro extraordinariamente desarrollado.

Con un metraje de apenas una hora y cuarto y una sobriedad expositiva admirable, EL PUEBLO DE LOS MALDITOS permanece como una auténtica joya de la ciencia-ficción cinematográfica de antaño, cuando lo que realmente importaba de un film era su argumento, y no, como ahora, la cantidad de efectos especiales por plano.

© Antonio Quintana Carrandi (969 palabras) Créditos