Sinopsis
Fecha estelar 44741.9. En la Enterprise se celebra un encuentro de arqueólogos, que será inaugurado por un discurso de bienvenida de Picard. Una de las asistentes es Vash, quien planea unas excavaciones en una zona prohibida por la Federación. Para acabar de complicar las cosas, Q se presenta ante el capitán, ofreciéndole concederle un deseo, como pago a la ayuda que Jean-Luc le prestó cuando el Continuo le desterró y despojó de sus poderes. Picard rechaza la pretensión de Q, pero este, llevado por su talante jocoso y bromista, traslada al capitán y a sus oficiales al bosque de Sherwood, donde Jean-Luc será Robin Hood y Q el malvado Sheriff de Nottingham.

Q ha vuelto. El único ser de todo el universo capaz de sacar de sus casillas a nuestro estoico capitán reaparece una vez más en TNG, dispuesto a sumergir a nuestros héroes en una aventura delirante. Pero en esta ocasión el pobre Jean-Luc tiene que enfrentarse no sólo a las ocurrencias del extravagante Q, sino también a la amoral y cínica Vash, que, todo hay que decirlo, hace muy buena pareja con el irreverente y cargante diosecillo.
Q nos tiene acostumbrados a sus bromas pesadas, pero esta vez riza el rizo de la genialidad, convirtiendo a Picard en un atípico trasunto de Robin Hood y a Vash en una imposible Lady Marian. Los oficiales de mando de la Enterprise asumen, no por voluntad propia precisamente, los roles de los integrantes de la banda del mítico bandido generoso. El resultado es una de las aventuras más trepidantes y desenfadas de toda Star Trek, repleta de gags memorables y frases ingeniosas e hilarantes, no hay más que ver al pobre Worf convertido en Will Scarlett y diciéndole al capitán: ¡Señor, he de protestar...! ¡¡Yo no soy ningún bufón!!
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El personaje de Vash había sido creado por el productor y guionista Ira Steven Behr para el episodio LAS VACACIONES DEL CAPITÁN, de la temporada anterior, revelándose como un gran hallazgo. Es una mujer decidida y muy independiente, inteligente y con sentido común; y como, además, también es tremendamente atractiva, simpática, seductora y una experta arqueóloga, no resulta sorprendente que Picard acabara cediendo ante su innegable encanto en el capítulo antes mencionado. Claro que la chica, como todos nosotros, posee un lado más oscuro, pues también es egoísta, no observa más ley que la suya propia, inspirada exclusivamente por sus intereses personales, y, aunque sus sentimientos hacia nuestro admirado capitán son reales, profundos y sinceros, no permite que interfieran con sus objetivos. Por eso su relación con Jean-Luc, aunque intensa, adolece de cierta fragilidad, ya que Vash está más que dispuesta a renunciar a las delicias de un romance, si tiene oportunidad de adueñarse de algún objeto antiguo, al que pueda sacarle un buen beneficio.
En cuanto a Q, está claro que disfruta de lo lindo poniendo a Picard en situaciones comprometidas. En esta ocasión se supera a sí mismo, lanzando al capitán y a sus oficiales a una aventura disparatada en pleno bosque de Sherwood.
En QPIDO también se nos ofrecen unas pinceladas sobre la situación de la relación entre Jean-Luc y Beverly. La secuencia entre la doctora y Vash, en el camarote del capitán, sugiere que la bella pelirroja, que acostumbra desayunar con Picard, está algo celosilla de esa hermosa entrometida, por la que Jean-Luc parece sentirse atraído, y que encima comparte con él su pasión por la arqueología.

El episodio no da un respiro al espectador, que, sobre todo desde el momento en que Q traslada a Vash, Picard y su gente a la Inglaterra del siglo XII, se lo pasa en grande con las peripecias del grupo.
Gates McFadden y Marina Sirtis declararían, algún tiempo después, que disfrutaron del rodaje de una historia tan atípica y desenfadada. Pero criticaron con ironía su desempeño en las escenas de acción, calcadas de una película de aventuras del Hollywood clásico. Para ayudar a Picard y los demás, Beverly y Deanna se limitan a romper unas cuantas cabezas con sendos jarrones, cuando, en la vida real, ambas actrices practicaban artes marciales, lo que las capacitaba para propinar una soberana somanta de palos a sus compañeros masculinos.
El recurso de TNG a Robin Hood no era gratuito, pues poco antes se había puesto de nuevo de moda el personaje, al estrenarse la peculiarísima versión del mismo protagonizada por Kevin Costner en ROBÍN HOOD, PRÍNCIPE DE LOS LADRONES (ROBIN HOOD, PRINCE OF THIEVES, Kevin Reynolds, 1991). Posiblemente, esto influyó en Behr, a la hora de ambientar las aventuras y desdichas de Picard y los suyos.
Por supuesto que, al contrario que en el cine clásico, Robin (Picard) no se queda con Marian (Vash), sino que ésta se decanta por el Sheriff de Nottinghan (Q), aceptando acompañarle en sus viajes por el universo. Una sociedad cuyas consecuencias conoceríamos en SIN Q, de la primera temporada de DS9.
EE. UU., 1991