LA DESCENDENCIA
LA DESCENDENCIA EE. UU., 1990
Título original: Star Trek TNG: The Offspring
Dirección: Jonathan Frakes
Guión: Rene Echevarria
Producción: Ira Steven Behr
Música: Ron Jones
Fotografía: Marvin V. Rush
Duración: 45 min.
IMDb:
Reparto: Patrick Stewart (Picard); Jonathan Frakes (Riker); Brent Spiner (Data); Gates McFadden (Dra. Crusher); Marina Sirtis (Troi); Levar Burton (LaForge); Michael Dorn (Worf); Wil Wheaton (Wesley); Hallie Todd (Lal); Nicholas Coster (Almirante Haftel); Judyanne Elder (Teniente Ballard); Leonard John Crowfoot (Lal como robot).
Temporada: 3, Episodio: 16

Sinopsis

Fecha estelar 43657.0. Tras asistir a una conferencia sobre cibernética, Data, decidido a reproducirse, crea un nuevo androide a su imagen y semejanza, al que bautiza como Lal. Éste, una vez activado, elige adquirir la forma exterior de una mujer. La aparición de esta nueva forma de vida artificial, tan similar a Data, preocupa al mando de la Flota, que envía a la Enterprise al almirante Haftel, que pretende llevarse a Lal para estudiarla y educarla, a lo que Data se niega.

Data dándole la «charla» (¿qué charla?) a Lal

Para Patrick Stewart, Jonathan Frakes y Brent Spiner, LA DESCENDENCIA es su capítulo preferido de toda TNG. Y no es para menos, porque este episodio es uno de los mejor planteados de toda la producción, con un guión bien estructurado, portentosas interpretaciones y una excelente puesta en escena. A título exclusivamente personal, y como fan irreductible de la ciencia-ficción de tema robótico, debo decir que también es uno de mis favoritos.

LA DESCENDENCIA desarrolla más en profundidad el tema de la vida artificial, ya expuesto magistralmente en la temporada precedente en el estupendo LA MEDIDA DE UN HOMBRE. En aquella ocasión, Picard hubo de luchar denodadamente contra los prejuicios del oficial Maddox, que se negaba a reconocer la condición de persona de Data y pretendía tratarlo como una cosa, como una propiedad de la Flota Estelar. En LA DESCENDENCIA se plantea la misma cuestión desde otro ángulo. A estas alturas nadie cuestiona que el oficial científico de la Enterprise sea un ser consciente y libre. Pero cuando éste construye otro ser como él, el mando de la Flota reacciona un tanto visceralmente, tratando de hacerse con el control de esa criatura cibernética, y olvidando convenientemente que, según la ley promulgada poco antes por la propia Federación, a Lal le asisten los mismos derechos que a su progenitor.

A Picard, aunque en principio parezca cuestionar las acciones de Data, le basta intercambiar impresiones con el oficial androide para comprender que a éste le asiste toda la razón. Pero Haftel, que cree defender intereses más elevados, no está de acuerdo y quiere llevarse a Lal con él. Como hizo en LA MEDIDA DE UN HOMBRE, JeanLuc se erige en valedor de los derechos de Lal.

LA DESCENDENCIA supone un hito importantísimo en el desarrollo del personaje de Data. Nuestro admirado androide estudia meticulosamente a los humanos, a los que busca parecerse lo más posible. La paternidad, dar la vida a un nuevo ser, es uno de los aspectos de la humanidad que más le fascinan, así que, tras asistir a cierta convención científica, Data decide que ha llegado el momento y crea a Lal, que para él es como un hijo. O como una hija, ya que el androide decide adoptar imagen y personalidad femeninas. La insistencia de Data en considerarla como su hija, y actuar con ella como un padre humano, no es más que su forma de reivindicar el respeto a los derechos establecidos por la Federación para los androides, a raíz de los acontecimientos narrados en LA MEDIDA DE UN HOMBRE.

Lal es un ser inocente, para el que todo es nuevo. A pesar de poseer la apariencia física de una mujer adulta, es como una niña que se fascina por todo y a la que deben explicársele hasta las cosas más elementales. El proceso de aprendizaje de Lal le sirve a Data para apreciar más claramente las ventajas y también las limitaciones inherentes a su condición. Pero aun conociendo los límites que impone una naturaleza como la suya, trata de influir en Lal para que vaya más lejos que él, y eso le equipara a un padre humano, pues, al igual que éste, Data quiere que su hija consiga todo aquello que él no ha podido tener. Este esfuerzo de Data conmueve profundamente a sus compañeros y a los espectadores. Y, en cierto modo, Lal consigue aquello que su padre no puede alcanzar: logra sentir. Aunque a la postre ello le cuesta la vida, pues es una especie de efecto colateral del fallo de sus redes neurales positrónicas. Ello da pie a una de las escenas más emotivas no sólo de TNG, sino de toda Star Trek: el momento en que Lal, antes de perecer, le confiesa a Data que le quiere.

La desaparición de Lal es un punto de inflexión en la existencia del androide. Se supone que Data no posee la capacidad de sentir, pero en la última escena del episodio, cuando ocupa su puesto en el puente, planea sobre su supuestamente inexpresivo rostro algo así como una tenue sombra de tristeza, que induce al buen trekkie a preguntarse si, en realidad, el prodigioso androide creado por el doctor Soong no estará sufriendo, a su modo, por la pérdida de su hija. Poco antes, a mitad del capítulo, la doctora Crusher expresó el sentimiento de todo buen trekkie cuando, ante la observación de Data de que él puede darle atención a Lal, pero no cariño, musitó: ¿Y por qué será que me cuesta tanto creerlo?.

El almirante Haftel es uno de los personajes más negativos vistos en TNG. Su mentalidad es la de un burócrata, no la de un alto mando de la Flota, y suponemos que, siguiendo instrucciones de sus superiores, está dispuesto a pasar por encima de la ley para lograr sus propósitos. Por suerte, Picard puede ser cualquier cosa menos un oficial acomodaticio, y le planta cara con firmeza apoyándose en razones sólidas. En el último momento, cuando Lal sufre un fallo neural masivo, Haftel se muestra dispuesto a ayudar a Data, y poco después, al revelarse que no hay nada que hacer, que Lal está condenada, el almirante comprende por fin que para Data era realmente una hija y se arrepiente de su actitud. Esto le redime un tanto ante la audiencia, pero, de todos modos, para los trekkies siempre será un personaje notablemente negativo, alguien que jamás debió alcanzar el almirantazgo.

Brent Spiner se supera a sí mismo en este episodio, ofreciéndonos la que probablemente sea la mejor interpretación de su carrera. Es increíble cómo logra transmitirnos toda una amplia gama de emociones encarnando a un personaje que, en principio, no tiene ninguna. Es, sin ninguna duda, el mejor actor que ha trabajado en cualquier serie Trek.

La bella Hallie Todd encarna maravillosamente a Lal. Con una sola mirada consigue transmitirnos la turbación y las dudas de la androide en su paso a la consciencia. El de Lal era un personaje muy difícil de interpretar, pero esta sensible actriz logró emocionar a los espectadores con su actuación, cargada de pequeños matices. A título de curiosidad, cabe comentar que Hallie Todd es una trekkie que se propuso trabajar en Star Trek, si alguna vez volvía a rodarse, tras ver a su padrastro en el episodio clásico LOS TRIBBLES Y SUS TRIBULACIONES.

Un último apunte para elogiar la labor de Frakes, que con LA DESCENDENCIA, su primera incursión tras las cámaras, se reveló como un director muy eficaz, además de sensible y notablemente mesurado. Tras este impresionante debut en la realización, Frakes dirigiría los episodios REUNIÓN, EL JUICIO DEL TAMBOR, CAUSA Y EFECTO, CAPACIDAD DE VIDA, LA CAZA, ENLACE y SUB-ROSA.

© Antonio Quintana Carrandi (1.194 palabras) Créditos