Mis cinco libros de ciencia-ficción, 4
GRABADO A FUEGO
por Enric Quílez Castro

Generalmente, los primeros libros que lees suelen ser los que más marca te dejan. Cuando dibujas en un lienzo blanco, los primeros grabados son los más perdurables. Después, como en un palimpsesto, se van incorporando nuevas lecturas y más ideas y reflexiones y el trazo inicial se ha desdibujado, pero en el fondo, esas primeras lecturas son las que han marcado buena parte de nuestro paisaje mental. Son las que han preparado el terreno para posteriores lecturas, en función de si las primeras gustaron o fueron relegadas al olvido, pero incluso en ese caso, la influencia es innegable.

Dejando a parte algún libro de Julio Verne, que podríamos clasificar con ciencia-ficción primigenia o pre-ciencia-ficción, las lecturas que más me influyeron en mi juventud y cuyos ecos aún siguen resonando en mayor o menor medida en mi mente fueron:

LAS FUNDACIONES

La trilogía de la Fundación narra la caída del Imperio Galáctico y el resurgimiento de un nuevo poder, las Fundaciones, que reducirán el interregno de barbarie previsto por la ciencia de la Psicohistoria de diez milenios a uno solo. Está claramente inspirado en LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO de Edward Gibbon y ha servido también como fuente de inspiración a multitud de novelas y películas.

La trilogía debe leerse como una única cosa, porque en el fondo no deja de ser un fix-up de relatos y novelas cortas que se suceden unas a otras. Se trata de una obra hasta cierto punto de aventuras, pero con pocas batallas y con unos personajes bastante estereotipados, casi de cartón piedra, pero con una cierta intelectualidad. No abundan las metáforas, pero sí las reflexiones y las especulaciones.

La influencia en mí fue enorme, hasta el punto que durante mucho tiempo, Asimov y autores parecidos fueron mis autores favoritos del género y no solía probar otras cosas. Siempre me había gustado la historia y el olorcillo a Imperio Romano que despedía la obra era muy atractivo para mí. Pero también el espacio, los imperios, las maravillas tecnológicas, unos héroes muy diferentes a los clásicos superhéroes de los cómics, que nunca acabaron de convencerme. En definitiva, mis héroes eran científicos, matemáticos e historiadores y de eso hay bastante en la trilogía de la Fundación.

2001, UNA ODISEA ESPACIAL

En lo relativo a 2001 y 2010, que leí conjuntamente, aunque son libros separados por una cierta distancia temporal, fueron una verdadera revolución para mí. Aquí descubrí lo que es la idea de trascendencia y de utopismo, que destilan algunas obras de Clarke y que es difícil de encontrar en otros lugares de la ciencia-ficción. Por sus páginas desfilaba una evolución dirigida de la Humanidad, unos extraterrestres tan avanzados que no tenían presencia física y que estaban representados por un enigmático monolito y que, en el fondo, se ocultaban y una cierta idea de que la inteligencia era algo muy preciado en el universo. Unas ideas muy positivas, en mi opinión y muy diferentes de las clásicas batallitas de las space opera de otras novelas, series o películas clásicas de ciencia-ficción.

Debo decir que en mi caso, como en otros tantos, primero vi la película (2001) a los 14 años y posteriormente (un par de años después) leí los libros, que me encantaron, porque la verdad, la primera vez que vi la película no entendí nada. Para que os hagáis una idea, nos la proyectaron en el colegio en varios rollos de Super 8. Dado un momento, el profesor se equivocó en el orden de los rollos y hasta pasado bastante rato, no nos dimos cuenta del error.

VISITANTES MILAGROSOS es una novela de ciencia-ficción de ideas, con unos personajes verdaderamente sorprendentes y que no me he vuelto a leer en mi vida por miedo a que haya envejecido terriblemente. Su impacto fue inmenso. Siempre había sido un apasionado de los ovnis y el enfoque que daba en sus páginas del fenómeno me cortocircuitó el cerebro. Una novela rara, rara, rara, que no sé si habrá sobrevivido al paso del tiempo. Espero volvérmela a leer antes de palmarla.

EL JUEGO DE ENDER

EL JUEGO DE ENDER no representó ninguna revolución intelectual en mi joven mente. Pero me gustó mucho. La idea de empatía y cómo Card jugaba con esta fue lo que me sorprendió. Por otro lado, el protagonista era un niño, ni si quiera un adolescente, superdotado, un líder y un estratega nato, seleccionado genéticamente, pero no acababa convertido en un emperador de todas las cosas, sino más bien en una criatura con dudas y problemas de conciencia más que notables. Por otro lado, la idea de xenocidio también se abría paso en mi cabecita y reforzaba la idea de la inteligencia es algo precioso en el universo, que también se destilaba en 2001 / 2010.

TIERRA es una novela bastante gruesa que leí mucho más tarde. A los veinte años. Habla de un futuro a medio plazo de la TIERRA y de la Humanidad, bastante distópico, con graves problemas ambientales, de superpoblación y de escasez de recursos, con una exploración del espacio prácticamente parada, pero aún así, con amenazas tecnológicas más que notables.

Si me preguntáis por qué me impactó tanto TIERRA os contestaré que no estoy seguro. David Brin me gusta bastante como autor, pero me molesta un poco su lema implícito de qué buenos que somos los humanos o somos lo mejor del Universo. Pero TIERRA se aparta bastante de esas tendencias.

Es una novela ecologista en una época en que ese tipo de narraciones no abundaban. Y aunque es distópica, también destila una cierta esperanza en el futuro. Cosa todavía más rara.

Para acabar, dejadme que añada un relato que me influyó tanto como una novela entera. Se trata de LOS PRIMEROS HOMBRES, contenido en la recopilación AL BORDE DEL FUTURO, de Howard Fast, en la que se habla de la Humanidad, con hache mayúscula, como una especie que contiene el germen de algo superior y en cómo una educación adecuada puede favorecer el nacimiento de esa nueva especie maravillosa. En cierta manera, se parece bastante a la novela EL FIN DE LA INFANCIA, de Arthur C. Clarke, aunque el enfoque es algo distinto.

© Enric Quílez Castro (1.062 palabras) Créditos