Mis cinco libros de ciencia-ficción, 1
CINCO NOVELAS
por Francisco José Súñer Iglesias

Desde primeros de abril Nacho Illarregui llevaba publicando en C varios artículos breves de los colaboradores habituales de la web donde exponían las cinco novelas que, a su juicio, más habían influido en la ciencia-ficción, o al menos las que más habían impresionado a cada uno de ellos.

La iniciativa me gustó, porque más allá del típico barniz académico con el que suelen envolverse estas iniciativas, las selecciones acababan inclinándose por los gustos y preferencias personales de cada partícipante. De modo que comenté a Nacho que, si no le importaba, replicaría la serie en el Sitio, y aquí estamos.

Por supuesto, con la ingente cantidad de novelas y antologías que se han publicado desde que Gernsback bautizara al género, y por supuesto toda la producción anterior asimilable al mismo, hay infinitas posibilidades donde elegir.

Particularmente me resulta complicado no ya solo seleccionar, sino incluso recordar que cinco libros me han resultado más impactantes desde que descubrí esto de la ciencia-ficción. De eso hace ya más de 45 años, y por supuesto me es imposible tener en cuenta todos y cada uno de los que he leído, empezando por aquel infame EL MISTERIO DEL HALO, que fue mi primera lectura al respecto (si dejamos de lado a Julio Verne) y que me encauzó hasta el día de hoy que, todo hay que decirlo, tengo bastante abandonado el género en particular y la lectura en general.

En realidad soy más de autores, leer un libro sorprendente me llevaba a buscar más y más de ese autor hasta completar, en la medida de lo posible la lectura de toda su obra. Por eso, para mi propia selección voy a hacer un poco de trampa, y aunque haga referencia a un libro de cabecera, se debe tener presente que es más el global de la obra del autor que la única obra citada. Lo malo es que ni siquiera haciéndolo así es posible ser concluyente al respecto. Esta es una selección más de sensaciones que de absolutos en cuanto a calidad y relevancia, se me quedan muchas en el tintero.

EL INVENCIBLE

EL INVENCIBLE­, de Stanislaw Lem.

Stanislaw Lem siempre me ha generado una extraña fascinación. Pese a la inevitable traducción, los giros y esa prosa densa, a veces demasiado espesa, su narrativa es hipnótica, capaz de evocar milimétricamente los escenarios en los que se mueven sus personajes y sentir con ellos las vivencias que relata. En ésta novela enfrenta al hombre con la máquina, pero más allá de la perversidad maligna con la que se suele revestir a estas útimas, cuya única obsesión parece ser destruir la humanidad, en éste caso se trata de la mera supervivencia, la perpetuación mecánica sin el menor rastro, como también suele ser habitual en Lem, de consideraciones éticas o morales respecto a al humanidad. Solo indiferencia por su naturaleza. Por otro lado, la tripulación del Invencible debe combatir las amenazas de Regis III a la vez ejecutan escrupulosamente las tareas rutinarias del crucero estelar, enfrentando su destino con resignada fatalidad, algo que, extrañamente, les da un relieve excepcional.

HUEVO DE DRAGÓN

HUEVO DE DRAGÓN, de Robert L. Forward.

Las aventuras de los cheela, diminutas criaturas planas que sobreviven como pueden a la gravedad masiva del mundo donde habitan, me absorbió completamente. Forward no solo es capaz de describir minuciosamente el mundo, obra y milagros de esas pequeñas maravillas del Universo, sino que además les dota de una sorprendente personalidad lo que, al menos en mi caso, consiguió identificarme con ellos. Aquellos épicos viajes atravesando con grandes esfuerzos las líneas del campo magnético, o el atrevimiento intelectual necesario para comprenden la tercera dimensión son dignas de las epopeyas griegas. Por no hablar de el humor socarrón con el que Forward impregna la sociedad cheela, fundándose sobre todo de la nuy diferente visión que tienen de la vida y la muerte, muy alejada de la nuestra y que, por contraste, proporciona momentos realmente divertidos.

QUE SE MUERAN LOS FEOS

QUE SE MUERAN LOS FEOS­, de Boris Vian.

Desternillante aventura entre clones y experimentos genéticos que saca a relucir la cara más gamberra de Boris Vian. No es Vian un autor que entre dentro del canon (¿qué canon?) pero digno heredero de Alfred Jarry, escribió una serie de novelas entre lo fantástico, lo onírico dignas de ser tomadas muy en cuenta. Esta novela, en la línea de su producción noir, es la que más tiene los pies pegados al suelo. En otras, la vertiente onírica hace que el lector vea las situaciones y personajes como distantes y etéreos, pero en esta desquiciada aventura de policías desconcertados, guaperas moldeados en gimnasios y científicos locos en la costa californiana, en donde Boris Vian se desmelena y ofrece su cara más divertida.

LA PIANOLA

LA PIANOLA­, de Kurt Vonnegut.

En el momento de su lectura, pese a impresionarme, no caí en la obvia lectura política que se puede, y debe, hacer de esta novela. En esencia, las máquinas se han hecho cargo de casi todo y la sociedad se ha dividido en dos estratos que conviven pacíficamente, los ociosos, que tienen cubiertas, aunque modestamente, todas sus necesidades y no precisan trabajar puesto que el Estado les provee de todo, y los ingenieros, que son los que mantienen funcionando el sistema productivo. Por supuesto, y pese a lo idílico de la situación, nadie está contento, Los trabajadores, ahora ociosos, se aburren vegetando en un ambiente uniforme y despersonalizador. Los ingenieros, viven en una conspiración continua por ascender en la cadena trófica. Un interesante adelanto de la sociedad del ocio, si bien Vonnegut no se adentra en cuestiones más controvertidas como en que se actividades se ocuparía ese ocio.

LOS CHASCH

CICLO DE TSCHAI, de Jack Vance.

Y acabamos con Vance, el paradigma de la ciencia-ficción exótica y aventurera. Puede que no fuera un fino estilista, sus personajes pecaran de estilizados y arquetípicos, y se repitiera como el ajo, pero como creador de mundos y civilizaciones no tiene parangón. De su imaginación han surgido las culturas humanas más extravagantes y los alienígenas más inescrutables. Es esta gran aventura la que mejor ejemplifica el talento de Vance. Adam Reith se mueve entre los múltiples matices de los pueblos humanos del planeta Tschai, fuertemente condicionados por los otros cuatro pueblos alienígenas con los que comparten en planeta: los chasch, los wankh, los dirdir y los pnume, radicalmente distintos entre ellos y que además no solo no resultan civilizaciones homogéneas, sino atesoran múltiples matices internos. No voy a decir que sea la obra cumbre de la space-opera, pero está en dura lucha por ocupar la cima.

Estas son mis cinco novelas, pero más allá de la literatura el cómic también me ha influenciado de forma notable, pero me veo en la tesitura de dejar fuera cosas como EL GARAJE HERMÉTICO. Al igual que con Lem, contemplar la primera viñeta de Moebius y cambiar mi visón del mundo (bueno, no dramaticemos. Total, era un adolescente impresionable y todo asombra) fue todo uno. Aquellas llanuras áridas pero llenas de matices, aquellos diálogos refinados, aquellos personajes en busca de si mismos, me marcaron en su momento, y convirtieron a Moebius en todo un referente artístico, y hasta literario, para mi.

Como verán me he hecho trampa al solitario y he logrado citar al menos siete obras, pero hay muchas más, quizá algún día retome la idea y desgrane otro quinteto (o sexteto, o vaya usté a saber) de novelas que considero imprescindibles (Ballard, ¡Cielos! no he hablado de Ballard, Scalzi, O´Donell...) o, al menos, conformaron parte de mi educación sentimental.

© Francisco José Súñer Iglesias (1.253 palabras) Créditos