ESTADOS ALTERADOS
ESTADOS ALTERADOS Paddy Chayefsky
Título original: Altered States
Año de publicación: 1978
Editorial: Grijalbo
Colección: Edibolsillo
Traducción: Ángela Pérez
Edición: 1978
Páginas: 272
ISBN:
Precio: Descatalogado
Comentarios de: Daniel Salvo

J. G. Ballard dijo alguna vez que la ciencia-ficción debía ocuparse más del espacio interior que del espacio exterior. Parece que Paddy Chayefsky decidió tomarse al pie de la letra esta expresión, pero desde una perspectiva basada en el uso de ciertas sustancias que provocan estados alterados de conciencia. Drogas pues.

Para empezar, tenemos al protagonista, el científico Edward Jessup, obsesionado con el recuerdo de las visiones religiosas que tuvo de niño. Al hacerse mayor, Jessup decide buscar lo que el llama la Verdad Última, el fundamento de todas las cosas, en las experiencias místicas importadas de la India, las cuales puede reproducir en el laboratorio, ya sea usando un tanque de inmersión (que lo aísla de todo estímulo externo) o bien recurriendo a drogas alucinógenas.

Hasta ahí, tal vez no haya nada distinto a lo experimentado por los universitarios de cualquier parte del mundo, con mayores o menores recursos, y acaso sin tanque de inmersión. El LSD y otras drogas fueron consideradas, en su momento, sustancias amplificadoras del área de consciencia.

Pero en el camino de Jessup se cruza una droga nueva, extraída de un hongo utilizado por una tribu de indios mexicanos en sus ceremonias. Según los usuarios, mediante el empleo de esta droga se pueden ver y experimentar sucesos ocurridos en el pasado más remoto. Jessup experimentará con la droga, combinándola con el uso del tanque de inmersión, y logrará no solo obtener visiones de su pasado, sino un sorprendente efecto colateral: la alteración temporal de su configuración física. Transcurrido un tiempo en el tanque de inmersión, Jessup emerge con sangre en el rostro, siendo incapaz de hablar. Solicita por escrito que se le tomen radiografías del rostro y la garganta, a lo que sus colegas acceden. El examen posterior de las radiografías de Jessup no dejan lugar a dudas: muestran la estructura ósea propia de un simio y no la de un ser humano. ¿Es posible que la mente pueda alterar la materia viviente hasta ese punto? Según lo experimentado por Jessup, parece que sí. Obviamente, sus descubrimientos provocan una conmoción entre la comunidad científica.

Sin embargo, para Jessup esto no es más que el principio. Sus obsesiones religiosas infantiles parecen haber vuelto, transfiguradas en una insana obsesión por llegar a la última verdad de la existencia, el principio mismo de la vida.

Aquí el autor parece recular ante su propia audacia, y cambia de registro hacia el tópico científico loco que quiere jugar a Dios. Jessup, a espaldas de sus colegas investigadores, decide experimentar con una dosis masiva de la droga. Pero esta vez los resultados del experimento irán más allá de un mero cambio fisiológico.

Parece que su pasado de guionista televisivo pesó mucho sobre Chayefsky, pues algunos diálogos de la novela son muy poco naturales y estereotipados. La esposa de Jessup se la pasa diciéndole que es una mujer solitaria que necesita amor (sic), mientras que Jessup no pierde ocasión de declarar su amor a la ciencia mediante el uso de unas parrafadas intensas que es preferible ignorar. El resultado final de la novela, por suerte, es superior a algunas de sus partes.

© Daniel Salvo (521 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Velero 25 el 20 de febrero de 2007