MEDIA VIDA
MEDIA VIDA EE. UU., 1991
Título original: Star Trek TNG: Half Of Life
Dirección: Les Landau
Guión: Peter Allan Field, sobre un argumento escrito en colaboración con Ted Roberts
Producción: David Livingston
Música: Jerry Goldsmith y Dennis McCarthy
Fotografía: Thomas F. Denove
Duración: 45 min.
IMDb:
Reparto: Patrick Stewart (Picard); Jonathan Frakes (Riker); Brent Spiner (Data); Marina Sirtis (Troi); Gates McFadden (Dra. Crusher); Levar Burton (La Forge); Michael Dorn (Worf); Colm Meaney (O´Brien); Majel Barrett (Lwaxana Troi); David Ogden Stier (Dr. Timicin); Michelle Forbes (Dara); Terrence E. McNally (B´Tardat); Caryl Struyken (Sr. Homn)
Temporada: 4, Episodio: 22

Sinopsis

Fecha estelar 44805.3. El doctor Timicin, un científico kaeloniano, llega a la Enterprise para poner en práctica una teoría que podría revitalizar la estrella moribunda de su sistema planetario. Casi al mismo tiempo que Timicin, se transporta a la Enterprise la madre de la Consejera Troi. Ambos coinciden en el turbo-ascensor y pronto surge entre ellos una relación sentimental. Sin embargo, Timicin no puede comprometerse en serio con Lwaxana, pues está a punto de cumplir sesenta años y, de acuerdo con las costumbres de su pueblo, al alcanzar tal edad debe suicidarse en un ritual conocido como La Resolución.

Lwaxana y su nuevo ligue

Me consta que muchos de mis lectores habituales van a sorprenderse por lo que voy a decir, pero MEDIA VIDA es uno de los episodios de TNG que menos me agradan. En su primera emisión en USA, el 6 de mayo de 1991, generó bastante polémica entre los trekkies y, todavía hoy, sigue siendo uno de los capítulos más polémicos de la serie.

Y no es para menos. En MEDIA VIDA se nos presenta una sociedad, la del planeta Kaelon II, que es xenófoba, o sea, racista, hasta el punto de recluirse en su sistema estelar. Sólo la amenaza que representa la extinción de su sol les lleva a aceptar, si bien a regañadientes, la ayuda de la Federación. Pero lo peor es que, como descubre Lwaxana a través de Timicin, los kaelonianos practican un bárbaro ritual, por el que toda persona debe quitarse la vida al cumplir sesenta años de edad.

Lwaxana, como no podía ser menos, se rebela ante esa aberración. Intenta convencer a Timicin para que no siga adelante con esa atroz costumbre, y casi lo consigue. Timicin ama a Lwaxana y desea seguir a su lado. Por otra parte, aunque su experimento ha fallado, sabe que, con algo más de tiempo, resolverá el problema de su estrella. Pero se encuentra bajo una enorme presión, ya que los usos y costumbres de su pueblo pesan muchísimo sobre su ánimo, y, además, el gobierno de Kaelon II está dispuesto a hacer lo que sea para que acceda a llevar a cabo La Resolución. Incluso a atacar la Enterprise, si Timicin insiste en pedir asilo a Picard. Todo esto genera una gran tensión dramática, en la que el espectador sensato toma partido de inmediato por Lwaxana Troi, cuyos argumentos en contra de esa absurda tradición son poco menos que irrebatibles.

Picard simpatiza con Lwaxana, pero una cosa es su postura personal, y otra su obligación como oficial de la Flota Estelar. Está obligado a respetar la Primera Directriz, que establece que la Federación no puede intervenir en los asuntos que conciernan a otra civilización. Así pues, el capitán no tiene más remedio que decirle a la señora Troi que no puede hacer nada, además de advertirle que está obligado a tomar las medidas oportunas, si ella trata de interferir en las costumbres kaelonianas.

Las dudas de Timicin son despejadas por la oportuna visita a la Enterprise de su hija Dara, cuyas palabras acaban por convencerle de que, lo mejor que puede hacer, es regresar al planeta y someterse a La Resolución como sus padres antes que él. Como era de esperar, Timicin recupera la cordura, por decirlo de algún modo, y regresa a su mundo para suicidarse. Lwaxana, que no ha tenido más remedio que aceptar las cosas como son para esa gente, decide asistir a la ceremonia para honrar a su amado.

La conclusión del episodio es coherente, según algunos, con lo que se ha dado en definir como el espíritu trek, pero lo cierto es que la sociedad alienígena aquí descrita tiene muy poco de civilizada. Dejando aparte las idioteces antropológicas sobre los ritos de paso y otras monsergas semejantes, eso de obligar a la gente a suicidarse a los sesenta es una autentica barbaridad. Aunque Timicin le explica a Lwaxana los antecedentes culturales e históricos de tal práctica, su argumentación es más endeble que un castillo de naipes. En realidad, parece como si quisiera convencerse a sí mismo de las bondades de La Resolución, más que a Lwaxana.

Lo cierto es que, de un tiempo a esta parte, el término cultura se ha convertido en algo así como un comodín, que sirve para excusar y justificar cualquier cosa, por descabellada o delirante que sea. Cuando el gobierno español intentó, hace unos años, prohibir por ley la costumbre de comprometer en matrimonio a los menores, aberrante práctica de cierta etnia, no faltaron los progresistas que lo definieron como un ataque a la cultura de esa gente. Por no hablar de la política que definió a los Latin Kings, una de las bandas criminales juveniles más peligrosas, como una asociación cultural latina. Tal y como lo plantean en este capítulo de Star Trek, entre eso de La Resolución y la ablación femenina, practicada todavía por muchas culturas terrestres, no hay tanta diferencia.

Por las razones que he expuesto en los párrafos anteriores, MEDIA VIDA me parece uno de los episodios más desafortunados de TNG, a pesar de contar con magníficas interpretaciones de los actores invitados, sobre todo de Majel Barrett. Lo mejor del capítulo es ver esta nueva faceta de la señora Troi, muy diferente de la que ya conocíamos.

Michelle Forbes bailó con la más fea al encarnar a Dara, la hija de Timicin, uno de los personajes más estúpidos y patéticos vistos en Star Trek. Por suerte, en la siguiente temporada asumiría el rol de Ro Laren, sin duda uno de los mejores secundarios de la producción.

© Antonio Quintana Carrandi (922 palabras) Créditos