DESASTRE
DESASTRE EE. UU., 1991
Título original: Star Trek TNG: Disaster
Dirección: Gabrielle Beaumont
Guión: Ronald D. Moore, sobre argumento de Ron Javis y Philip A. Scorza
Producción: David Livingston
Música: Jerry Goldsmith y Dennis McCarthy
Fotografía: Marvin Rush
Duración: 45 min.
IMDb:
Reparto: Patrick Stewart (Picard); Jonathan Frakes (Riker); Brent Spiner (Data); Marina Sirtis (Troi); Gates McFadden (Dra. Crusher); Levar Burton (La Forge); Michael Dorn (Worf); Colm Meaney (O´Brien); Michelle Forbes (Ro Laren); Rosalind Chao (Keiko O´Brien); Erika Flores (Marisa Flores); John Christopher Graas (Jay Gordon); Max Supera (Patterson); Cameron Arnett (Alférez Mandel); Jana Marie Hupp (Teniente Monroe)
Temporada: 5, Episodio: 05

Sinopsis

Fecha estelar 45156.1. La dotación de la Enterprise disfruta de un breve periodo de descanso entre misiones. De pronto, un filamento cuántico choca contra la nave, provocando muchos desperfectos en ella, agravados por el posterior impacto de otro filamento. El ordenador central resulta seriamente dañado, al tiempo que las distintas secciones de la nave quedan incomunicadas. Desperdigados por todo el navío, Picard y sus oficiales se ven obligados a aguzar su ingenio para sobrevivir al desastre y evitar que la Enterprise sea destruida.

Deanna enfrentándose a la soledad del mando
Deanna enfrentándose a la soledad del mando

Javis y Scorza, autores del argumento en que se basa el espléndido guión de Moore, eran escritores free-lance que participaron muy ocasionalmente en TNG, por lo que decidieron marcar con un sello muy especial su paso por la producción, colocando a la Enterprise en la situación más dramática por la que hubiera pasado. Así nació este fabuloso DESASTRE, versión Trek de las grandes cintas catastrofistas como LA AVENTURA DEL POSEIDÓN o EL COLOSO EN LLAMAS.

La situación extrema por la que atraviesa la nave no ha sido provocada por un ataque enemigo o por una avería, sino por un accidente producido cuando dos filamentos cuánticos chocan con ella, generando unos efectos similares a los de un terremoto, aunque en el espacio profundo. Con esa idea base, Scorza, Javis y Moore desarrollaron una historia coral, en que los protagonistas van superando una serie de peripecias para intentar sobrevivir al desastre del título.

Empecemos por Picard. El capitán debe ejercer de guía de un trío de críos que ha resultado ganador en un concurso escolar. Jean-Luc y los tres guajes quedan atrapados en un turboascensor, que en cualquier momento puede precipitarse al vacío. Para acabar de empeorar las cosas, el capitán resulta herido en una pierna, por lo que es problemático que consiga salir de allí. Ducho en el trato con los infantes, Jean-Luc se las arregla para tranquilizar a los asustados niños, nombrándolos algo así como una tripulación honorífica, cuyo primer oficial será la decidida y valiente Marissa. Picard conmina a los niños a ponerse a salvo, pero Marissa se niega a abandonarle, afirmando que, o se salvan todos, o perecen todos. Admirado por el coraje de esa niña de doce años, que a pesar de estar terriblemente asustada hace gala de una resolución más propia de un adulto, el capitán se las arregla para sacar al grupo de allí, a través del conducto del turboascensor.

Por su parte, Riker y Data tratan de llegar a ingeniería a través de los tubos Jefferies. A fin de salvar un obstáculo imprevisto, el androide idea un plan que dejará fuera de combate su cuerpo mecánico, excepto su cabeza, donde se aloja su portentoso cerebro positrónico. Las vicisitudes de Will con la cabeza suelta del androide no tienen desperdicio.

La parte más heroica del episodio les corresponde a La Forge y Crusher, que se encontraban en un hangar de carga cuando sobrevino el desastre, que para colmo ha provocado un incendio cuya radiación amenaza con matarlos. Además, en el hangar hay una serie de contenedores llenos de una sustancia que se vuelve inestable y muy explosiva cuando es irradiada. La situación es tan desesperada, que la única salida que se le ocurre a La Forge es despresurizar la bodega, abriendo las compuertas exteriores y desconectando el campo de fuerza, para que así los peligrosísimos contenedores sean arrastrados al espacio, al igual que el aire, y la súbita falta de éste extinga el fuego. Como no hay otra opción, Geordi y Beverly procuran tomárselo con filosofía y hasta hacen chistes al respecto. Y tenemos también los intentos de la doctora por convencer a La Forge para que participe en la obra teatral que está montando, basada en un libreto de Gilbert y Sullivan. Ver al ingeniero jefe cantando I am The Very Model Of a Modern Major-General, de The Pirates of Penzace, es una auténtica gozada.

Casi en cualquier peli de desastres que se precie hay una embarazada, que se pone a dar a luz cuando más apurada está la cosa, en medio de un incendio, una inundación, un terremoto, un naufragio, etcétera. En esta ocasión se trata de Keiko, la esposa de O´Brien, que se pone de parto en el momento menos conveniente ante un perplejo Worf, que debe ejercer de comadrona. Es sin duda la parte más distendida y divertida del capítulo, que nos permite apreciar el hasta entonces insospechado sentido del humor de la costilla de Miles, y que Worf, como buen klingon, no se arredra ante nada.

Picard reclutando a la futura tripulación
Picard reclutando a la futura tripulación

Mientras tanto, en el puente se encuentran Deanna Troi, Ro Laren y Miles O´Brien. Muerta la teniente Monroe, que estaba al mando en el momento de colisionar con los filamentos cuánticos, debe ser reemplazada por el oficial de mayor graduación, que es la Consejera. Deanna carece de experiencia, y, aunque al principio acepta las sugerencias de O´Brien y Ro, acaba por enfrentarse a esta última por los pasos a seguir. Aunque están incomunicados con el resto de la nave y no saben cuántos supervivientes hay y dónde se encuentran, Troi asume que debe haber mucha gente viva y no quiere abandonar a nadie.

El problema es que las averías son tan graves, que la nave podría estallar en cualquier momento. El único modo de salvar la mayor parte de la Enterprise sería separar la sección del platillo del resto, algo que Ro quiere hacer cuanto antes, pero que Deanna sólo contempla como último recurso. Ambas tienen razón en sus planteamientos, aunque la actitud de Troi sólo puede definirse como indecisa y muy peligrosa. Se supone que todos los oficiales de la Flota, independientemente del puesto que ocupen, están capacitados para tomar el mando de una nave en caso de necesidad, pero Deanna demuestra ser la excepción a la regla.

Sí, queda muy heroica, muy políticamente correcta y buenista su preocupación por las vidas de los que se encuentren en la sección inferior de la nave, la que alberga, entre otras cosas, ingeniería, con el núcleo de curvatura y las nacelas factoriales. Pero, por muy dura, egoísta e incluso inhumana que pueda parecernos la actitud de Ro, de acuerdo con los protocolos de actuación de la Flota Estelar, y el más elemental sentido común, queda claro que la bajoriana está en lo cierto. De haber supervivientes, la gran mayoría deben encontrarse, por fuerza, en la sección del platillo. La situación es crítica, y en momentos así un oficial de mando debe ser capaz de tomar decisiones arriesgadas e incluso drásticas. Esto quedó de relieve en la secuencia del Psicotest, del episodio MAYORÍA DE EDAD de la primera temporada, cuando Wesley tuvo que decidir entre la vida de dos seres humanos.

Pero, contra toda lógica, Deanna se emperra en mantener su postura frente a una supuestamente indisciplinada Ro, negándose una y otra vez a ordenar la separación del platillo, y poniendo así en riesgo las vidas de casi mil personas por salvar las de unas docenas. Un buen oficial habría optado por poner a salvo primero la sección de disco y sus ocupantes, y tratar de ayudar después al resto. Lo único que se me ocurre, como trekkie de la Vieja Guardia y buen conocedor del universo roddenberryano, es que ese día la Consejera tenía la suerte de cara, pues la verdad es que faltó muy poco para que se cargara la Enterprise con toda su dotación.

La Consejera demostraría definitivamente su incompetencia absoluta en el episodio TU PROPIO TÚ, de la última temporada, donde suspendió una y otra vez las pruebas para comandar una nave estelar, llegando a irritar al mismísimo Riker, que, aunque la ama, acabó por espetarle: Deanna, déjalo. Lo peor es que, a fuerza de insistir, la Consejera acabó por aprobar, aunque imagino que por los pelos. Desde luego, no sería yo quien se embarcara en una nave que la tuviera a ella de capitán.

Puesto que la acción se desarrolla en la nave, DESASTRE resultó un episodio muy económico. Obviando algunos detalles de lo ocurrido en el puente de mando, estamos ante una de las historias más amenas y dinámicas de la presente temporada. Lo que viene a demostrar, por enésima vez, que TNG no necesitaba grandes presupuestos ni elaborados trucajes para ofrecernos episodios memorables.

© Antonio Quintana Carrandi (1.375 palabras) Créditos