ESTOS SON LOS CONDENADOS
ESTOS SON LOS CONDENADOS Reino Unido, 1962
Título original: The Damned
Dirección: Joseph Losey
Guión: Evan Jones, sobre la novela de Henry L. Lawrence
Producción: Anthony Hinds para Hammer Films/Columbia Pictures
Música: James Bernard
Fotografía: Arthur Grant
Duración: 87 min.
IMDb:
Reparto: MacDonal Carey (Simon Wells); Shirley Anne Field (Joan); Alexander Knox (Profesor Bernard); Viveca Lindfors (Freya Nielsen); Oliver Reed (King); Walter Gotell (Comandante Holland); James Villiers (Capitán Gregory); Brian Oulton (Dingle); Kenneth Cope (Sid); Barbara Everest (Miss Lamont)

Sinopsis

Un americano maduro, Simon Wells, es atraído a una trampa por una jovencita inglesa, Joan, siendo atracado y apaleado por el hermano de la muchacha y su banda de mozalbetes descarriados. Pero, poco después, la chica, que se ha sentido atraída por el yanqui, contacta de nuevo con él. Fascinado por la joven, que parece estar harta de su hermano y sus manejos, se la lleva en su pequeño barco hasta una escarpada zona de la costa británica, a una casa que parece abandonada, pero que en realidad es la residencia temporal de Freya, una artista muy peculiar. En ese mismo lugar existe una instalación militar secreta, dirigida por el profesor Bernard, buen amigo de Freya, en la que se experimenta con unos niños muy particulares.

Mis lectores habituales saben que soy un fan irreductible del cine fantástico que hacía la británica Hammer Films, que, además de remozar y poner al día las principales figuras del terror gótico, produjo un puñado de excelentes cintas de ciencia-ficción. Pero la película que nos ocupa es, posiblemente, la menos lograda de toda su historia. Podría haber devenido en una cinta de culto, como la trilogía del doctor Quatermass, pero su interesante premisa argumental acabó diluyéndose en un film carente de ritmo narrativo, algo caótico y lastrado por interpretaciones poco convincentes y una inadecuada puesta en escena. El responsable de todo el desaguisado fue su director, Joseph Losey (1909-1984), un cultureta de izquierdas exiliado de USA por aquello de la Caza de Brujas.

Lo cierto es que ni siquiera en Hollywood logró destacar Losey por su talento cinematográfico, pues, si exceptuamos sus incursiones en el cine negro, correctas pero muy inferiores a las de otros realizadores, tales como EL MERODEADOR (THE PROWLER, 1951), M (Ídem, 1951, remake de la obra maestra realizada por Fritz Lang en Alemania en 1931), LA LARGA NOCHE (THE BIG NIGHT, 1951) y EL FORAJIDO (THE LAWLESS, 1950), su producción destacó por sus ínfulas artísticas, pero también por su irrelevancia. Losey, que, ojo al dato, provenía de una familia acomodada y no tenía nada de obrero, no ocultaba sus veleidades izquierdistas. En consecuencia, fue de inmediato incluido en la denominada lista negra de Hollywood, lo que le empujó a exiliarse en Europa.

Losey se declaraba partidario de un cine que tenga algo que decir, por lo que resulta sorprendente que dirigiera una película para la Hammer, productora que se caracterizó por su decidida apuesta por el cine de género. En realidad, esta fue su única colaboración con el estudio británico, y la realizó no por gusto, sino por estrictas necesidades alimenticias.

La situación económica de Losey a principios de los 60 era pésima. Según parece, Carl Foreman, otro exiliado hollywoodense que quería ayudarle, contactó con Anthony Hinds, al que le unía una buena amistad, rogándole que le echara una mano a Losey. Hinds, uno de los socios más importantes de Hammer Films, se avino a ello contratando al director.

ESTOS SON LOS CONDENADOS se basa en la novela LOS NIÑOS DE LA LUZ (THE CHILDREN OF LIGHT) de H. L. Lawrence. Losey encargó el guión a Ben Barzman, con el que había trabajado en varias ocasiones, que también estaba en la lista negra. Sin embargo, su trabajo no le satisfizo, o, por alguna razón desconocida hasta la fecha, se enemistó con él. El caso fue que Barzman abandonó el proyecto y nunca más volvería a hablarse con Losey. Este le reemplazó por Evan Jones, guionista teatral y televisivo, que no supo darle a la historia el tono adecuado. El resultado fue un film muy irregular, que no funcionó en taquilla, siendo pronto retirado de los cines, convirtiéndose así en el primer fiasco de Hammer Films.

Como digo, la premisa argumental de la película podía haber dado mucho juego con un guión más trabajado y, sobre todo, en manos de un realizador competente, que no estuviera obsesionado, como Losey, con estúpidos mensajes ideológicos. El concepto de unos infantes radiactivos, que pueden transmitir esa radioactividad a los demás, como auténticos mensajeros de la muerte, sin que sus propios organismos se vean afectados por ella, es inquietante, así como la experimentación a que son sometidos por el gobierno. Pero lo que podría haber sido una aceptable historia de ciencia-ficción sin más, se vino abajo por el empecinamiento de Losey en desvirtuarlo todo, en aras de la crítica hacia la era de violencia absurda que, según él, invadía a la sociedad en los 60, y su intento de ofrecer una amarga reflexión sobre el mundo que vamos a legar a nuestros descendientes.

ESTOS SON LOS CONDENADOS es un film desigual, con notables altas y bajas en el ritmo narrativo y actuaciones regulares, tirando a malas, del elenco protagonista. Pero lo peor es que Losey obvió el sabio consejo de ese maestro indiscutible del séptimo arte que fue Howard Hawks: Lo más importante, al hacer una película, es no aburrir.

© Antonio Quintana Carrandi (818 palabras) Créditos