YO, BORG
YO, BORG EE. UU., 1992
Título original: Star Trek TNG: I, BORG
Dirección: Robert Lederman
Guión: Rene Echevarria
Producción: David Livingston
Música: Jerry Goldsmith y Jay Chattaway
Fotografía: Marvin Rush
Duración: 46 min.
IMDb:
Reparto: Patrick Stewart (Picard); Jonathan Frakes (Riker); Brent Spiner (Data); Marina Sirtis (Troi); Gates McFadden (Dra. Crusher); Levar Burton (La Forge); Michael Dorn (Worf); Whoopi Goldberg (Guinan); Jonathan Del Arco (Hugh, el Borg)
Temporada: 5, Episodio: 23

Sinopsis

Fecha estelar 45854.2. La tripulación de la Enterprise descubre en una luna una nave Scout borg accidentada, con todos sus tripulantes muertos menos uno, gravemente herido. Ante la insistencia de la doctora Crusher, Picard accede a transportar al borg a la nave, aunque manteniéndolo en estricto aislamiento. Mientras estudian al ser tecno-orgánico, el capitán acaricia la posibilidad de infectarlo con una especie de virus informático, para que se lo transmita a los suyos y así provocar una epidemia entre los Borg que extermine a esa peligrosa raza. Pero La Forge y la doctora Crusher, encargados del estudio del cyborg, descubren que el ser, al que llaman Hugh, está desarrollando una personalidad independiente, al margen de la mentalidad colectiva Borg. Esto hace que Picard se replantee la moralidad del acto que pensaba llevar a cabo.

Hugh el Borg haciendo amigos
Hugh el Borg haciendo amigos

LO MEJOR DE DOS MUNDOS fue, sin ninguna duda, el mejor episodio de TNG. La emisión de sus dos partes provocó una verdadera conmoción entre los trekkies, que empezaron a solicitar de inmediato la producción de más episodios protagonizados por los peligrosísimos cyborgs. La Paramount quería contentar a la audiencia, pero el asunto se fue demorando, en espera de un guión que permitiera recuperar para TNG a los temibles e indestructibles enemigos de la Federación, sin tener que devastar media galaxia. Además, un episodio que mostrase un enfrentamiento épico entre la Flota Estelar y los Borg habría de tener, necesariamente, un coste prohibitivo. En aquel momento ya se acariciaba la idea de traspasar TNG a la pantalla grande, como había ocurrido con TOS, por lo que algunos ejecutivos de Paramount abogaron por reservar ese espectacular planteamiento para un vistoso largometraje. Esto llegaría en 1996, con el estreno de PRIMER CONTACTO, segunda aventura fílmica de Picard y los suyos. No obstante, tres años antes, cuando TNG aún estaba en producción, el episodio piloto de DS9 comenzaría con unas impactantes secuencias, que mostraban la batalla de Wolf 359, mencionada en LO MEJOR DE DOS MUNDOS y que significaría una espantosa derrota para la Flota Estelar.

Tras la emisión de LO MEJOR DE DOS MUNDOS, surgió una pregunta entre los trekkies: ¿Cómo se explicaba que la destrucción de la poderosa nave Borg pasara inadvertida para los de su raza? Si tan avanzados estaban, lo más lógico habría sido esperar que, al tener noticia de lo ocurrido, enviaran una flota de cubos para asimilar la Federación, ¿no? Esta pregunta quedó sin respuesta, hasta la fecha no se ha explicado convincentemente esta cuestión y mucho me temo que quede sin explicar.

El caso fue que, cuando a Echevarria le encargaron el guión de este episodio, le dejaron claro que debía encontrar una manera de recuperar a los Borg, sin pasarse del presupuesto de un episodio normal y sin incendiar el universo Trek. Y el guionista, autor de las historias de V, V y V, superó la prueba con matrícula de honor. Porque YO, BORG, es un episodio genial, que no sólo ofrece una perspectiva nueva de esa raza de cyborgs, sino que, con su final abierto, permitió que el tema fuera recuperado con brillantez más adelante.

El entonces jovencísimo actor Jonathan Del Arco realizó una conmovedora actuación, encarnando al en principio amenazante cyborg, que, conforme va interactuando con sus captores humanos, sobre todo con La Forge, se revela poco a poco como una criatura en cierto modo desvalida y llena de inocencia. A pesar de la mecánica inexpresividad característica de los Borg, Del Arco logró transmitir al espectador, a través de sutiles cambios en su tono de voz, en sus movimientos y en sus miradas, la lenta pero progresiva evolución de Hugh, que pasa de ser un despersonalizado miembro más del colectivo cyborg, a adquirir conciencia de su individualidad. El actor se benefició del maquillaje que realizó para él Michael Westmore, que también se ocupó de diseñar su impresionante brazo robótico y el impactante ojo holográfico. Pero sería Jeri Taylor, no acreditada en los títulos, quien más influiría en su modo de interpretar a Hugh, pues le sugirió adoptase un aire similar, que no idéntico, al de Johnny Depp en EDUARDO MANOSTIJERAS (EDWARD SCISSORHANDS, Tim Burton, 1990).

Hugh evoluciona, pero también lo hace Picard. Jean-Luc odia a los Borg, a los que considera poco menos que engendros biomecánicos que se expanden por el universo como una plaga de langostas, destruyéndolo todo a su paso. En este episodio todavía está muy reciente su terrible experiencia de asimilación por el colectivo, cuando, siendo plenamente consciente de lo que hacía pero sin poder evitarlo, dirigió a los seres tecno-orgánicos en su ataque contra la Federación. Pero, a pesar de todo, Picard logra mantener un mínimo de ecuanimidad, no se cierra en banda ante los argumentos de La Forge y Crusher, y, después de entrevistarse con el nuevo Hugh, acaba modificando sus planes originales.

Guinan, por su parte, tiene aún más motivos para odiar a los Borg, porque éstos asimilaron (léase exterminaron) a su raza, de la que sólo quedan unos pocos supervivientes esparcidos por la galaxia. Por eso la elauriana no puede entender que Picard haya autorizado que esa cosa sea transportada a la nave, y en una de las escenas más impactantes del capítulo, mientras práctica la esgrima con el capitán al tiempo que discuten el asunto del cyborg, emplea una argucia para vencer a Jean-Luc, dándole a entender así las consecuencias de mostrar piedad hacia los enemigos. Pero incluso ella, cuando por fin acepta ver a Hugh, acaba por admitir que éste ya no es un monstruo biomecánico. La honestidad profesional de la doctora Crusher, unida a la profunda humanidad de Geordi, van transformando paulatinamente la opinión negativa que sobre el nuevo Hugh alberga la tripulación.

La evolución del joven Borg es innegable, así que Picard opta por una nueva estrategia más coherente con los principios y valores de la Federación. El capitán decide que, en vez de seguir adelante con el proyecto original, que contemplaba la aniquilación física del colectivo, utilizarán a Hugh para dispersar entre sus congéneres el virus de la individualidad, confiando en que, de este modo, los Borg dejen de representar una amenaza.

Esta solución, devolver la individualidad a los Borg, parece que no fue del agrado de la responsable del artículo sobre este episodio, que apareció en el libro de 1994 STAR TREK: LA NUEVA GENERACIÓN, editado por Alberto Santos en la colección Bibliotrek. La autora hizo una reflexión muy progre, que no venía a cuento, sobre ciertas culturas que, según ella, desaparecieron o se transformaron en algo distinto cuando chocaron con otras, perdiendo su esencia cultural, por así decirlo. Evidentemente, esa colaboradora del libro antes citado no tiene una idea muy clara de lo que son los Borg, de modo que, para que nadie se deje cegar por el patético y absurdo buenismo que últimamente lo emponzoña todo, tendré que insistir en algo que debería saber todo buen trekkie: tal como se los presentó en TNG, los Borg no eran una cultura. Se limitaban a absorber (asimilar) las características tecnológicas y biológicas de sus víctimas, desechando todo lo demás. No evolucionaban por sí mismos, sino que avanzaban gracias al expolio de especies enteras. Carecían de arte, de literatura, de filosofía, de historia... Se limitaban a vivir como los insectos sociales, hormigas y abejas. Pero mientras éstas últimas son beneficiosas, pues cumplen una función en el proceso de la vida, los Borg eran descritos simplemente como depredadores que asolaban el Universo exterminando civilizaciones; criaturas insensibles que destruían fríamente a otras. Monstruos, en una palabra. Por eso me sorprendió y me repelió, a partes iguales, que esa autora reconociera que le preocupaba la alegría y el alivio que los protagonistas de TNG mostraron ante la decisión de Picard, y que el supuesto final feliz de la historia le había dejado un regusto amargo.

Obviando apreciaciones tan disparatadas como la mencionada, estamos ante uno de los grandes episodios no ya de la temporada, sino de toda TNG. La puesta en escena es muy eficaz, casi brillante, lo que en gran medida se debe a la excelente labor tras la cámara de Robert Lederman, montador de TNG y DS9, que en este episodio se estrenó en la dirección.

El personaje de Hugh, primer Borg individualista, caló entre los fans, razón por la cual fue recuperado en la segunda parte del episodio doble DESCENSO, que hizo de puente entre la sexta y séptima temporadas de TNG. El argumento de este episodio inspiraría también la creación del personaje Siete de Nueve, la hermosa borg interpretada por Jeri Ryan en Voyager. Tanto Hugh como Siete de Nueve aparecerían en la muy posterior Star Trek: Picard.

© Antonio Quintana Carrandi (1.437 palabras) Créditos