LOS CUERPOS DEL VERANO
LOS CUERPOS DEL VERANO Martín Felipe Castagnet
Título original: ---
Año de publicación: 2019
Editorial: Sigilo
Colección: En lengua materna
Traducción: ---
Edición: 2019
Páginas: 128
ISBN:
Precio: 17 EUR
Comentarios de: Héctor Horacio Otero

La muerte de la mayoría de la gente es una farsa. No queda nada que pueda morir.

Dejando de lado un posible apresuramiento en la resolución, o algunos puntos de la trama no demasiado bien explicados, esta novela me parece inobjetable en relación a su estilo, por lo cual quisiera enfocarme en los supuestos de los cuales parte.

Reconozco en ellos una dicotomía ciencia/religión (que el autor intenta sintetizar en un párrafo, sin demasiado éxito a mi juicio), la cual señala una cuestión esencial, subyacente, y sin definición.

La ficción científica asume que nuestra mente podrá ser algún día descargada digitalmente y alojada en Internet o en un soporte físico, ya sea biológico o mecánico. Esta idea me genera algunas dudas; si la descarga se produce reiteradamente en diversos momentos de mi vida, ¿habría diferentes versiones de mí? Supongamos que sólo se pueda realizar una en el momento mismo de la muerte; ¿ese conjunto de datos puede ser copiado, multiplicado, existirían varios yo con un devenir independiente a partir de ese punto? Imaginemos que por algún artilugio de software sólo pueda realizarse una única copia (irreplicable) tras el último suspiro; ¿nos constituyen nuestra memoria, nuestras habilidades, nuestra personalidad, nuestras emociones, todo este universo intangible transliterado a una sucesión de unos y ceros?

El autor plantea que sí y que la Iglesia lo aceptaría jubilosa porque en última instancia sería prueba del alma; permítanme dudarlo a partir de mi escasa experiencia en catequésis. Según el dogma, aguardaría nuestro espíritu por el juicio final en presencia divina (con diversa intensidad de gozo), hasta reencarnar en un cuerpo glorioso como el de Cristo resucitado (una de cuyas características sería que fuera imperecedero, lo cual no sucede en la novela, pero dejémoslo momentáneamente de lado).

Lo que creo es que esta disputa (irresuelta en el texto y aún en la realidad) entre ciencia y fe, respecto a la posibilidad de la existencia postmortem que el el autor plantea, soslaya aspectos propiamente prototípicos de nuestro ser, quintaesenciales me atrevería a decir.

La cita de Bukowski con la que comencé esta reflexión implica que alguien longevo va muriendo paulatinamente, de a partes. Yendo a un caso extremo para ejemplificar, alguien que sufre alzheimer o demencia senil ¿va a ser descargado así? ¿alguien decrépito, postrado por años, quien requiere asistencia permanente o se encuentra en una depresión profunda, etc.? ¿Se va a eternizar eso como legado de la persona que supo ser en un indeterminable momento ideal?

© Héctor Horacio Otero (411 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Ficción científica el 4 de agosto de 2021