NUEVO TERRITORIO
NUEVO TERRITORIO EE. UU., 1992
Título original: Star Trek TNG: New Ground
Dirección: Robert Scheerer
Guión: Grant Rosenberg, sobre un argumento de Sara y Stuart Charno
Producción: David Livingston
Música: Jerry Goldsmith y Dennis McCarthy
Fotografía: Marvin Rush
Duración: 46 min.
IMDb:
Reparto: Patrick Stewart (Picard); Jonathan Frakes (Riker); Brent Spiner (Data); Marina Sirtis (Troi); Gates McFadden (Dra. Crusher); Levar Burton (LaForge); Michael Dorn (Worf); Georgia Brown (Helena Rozhenko); Brian Bonsall (Alexander); Richard McGonagie (Dr. Ja´Dar); Jennifer Edwards (Profesora Kyle); Sheila Franklin (Alférez Felton); Majel Barrett (Voz del Ordenador)
Temporada: 5, Episodio: 10

Sinopsis

Fecha estelar 45376.3. La Enterprise va a probar un nuevo sistema de aceleración, basado en la denominada Onda Solitón. Mientras tanto, Worf recibe la visita de su madre adoptiva humana, Helena, y de su hijo Alexander. Helena le explica que el comportamiento de Alexander ha empeorado, pues ahora el niño se ha vuelto desobediente y mentiroso. Según ella, Alexander necesita un padre que le eduque y se ocupe de él, por lo que sugiere que el niño se quede con Worf a bordo de la nave.

Worf meditabundo pensando lo que se le viene encima

El nuevo territorio del título se refiere tanto al revolucionario sistema de la Onda Solitón, que en teoría permitiría a una nave alcanzar velocidad factorial sin motores de curvatura, como al inestable terreno en que se adentra Worf en su función de padre.

El personaje de Alexander, hijo natural de Worf y la embajadora K´Ehleyr, había aparecido en Reunión, de la temporada anterior. En aquella ocasión su rol había sido el de un mero secundario. En NUEVO TERRITORIO, en cambio, el pequeño Alexander adquiere más protagonismo, pues gracias a él se pudo desarrollar una faceta inimaginable del klingon, enfrentándole a sus deberes como responsable del cuidado y educación de un hijo, tareas para las que no cree tener aptitudes.

Estamos ante una historia de personajes, en la mejor línea de Star Trek. Worf tiene que bregar con un crío indisciplinado, que miente y roba constantemente y que además, como le cuenta la profesora Kyle, se comporta como un matón. Nuestro klingon favorito nunca se ha visto a sí mismo como padre, su vida es la Flota Estelar y su servicio a bordo de la Enterprise, y ha relegado todo lo demás a un segundo plano. Pero cuando su madre se presenta en la nave con Alexander, y le pone al tanto de los problemas del niño, el férreo sentido del honor del klingon se impone y trata de adaptarse a la situación y ayudar a su hijo, sirviéndole de ejemplo. Alexander no parece estar por la labor, porque su comportamiento deja mucho que desear en todos los sentidos, así que Worf decide, en última instancia, enviarle a un internado klingon, donde espera que el chico aprenda los principios y valores característicos de su raza. La consejera Troi, por su parte, intenta ayudar a Worf, ayuda que este rechaza en principio, pero que al final acaba aceptando. Si en otros episodios Deanna da muestras de una incompetencia increíble en una empática, en este capítulo acierta de pleno cuando le dice a Worf lo que ella piensa que le ocurre a Alexander. El jefe de seguridad de la Enterprise no tiene más remedio que admitir que su hijo se siente abandonado, y que él mismo teme asumir una responsabilidad que no escogió y para la que no cree estar preparado. Worf acaba comprendiendo que su hijo, que ya pasó por el trauma de perder a su madre, se encierra en sí mismo por el desinterés que cree que su padre siente por él. Repara también en que Alexander no quiere comportarse como un klingon, porque la única persona que podría explicarle lo que significa pertenecer a esa raza no sólo le resulta desconocida, sino que parece incapaz de mostrarle cariño. Pero Alexander es un klingon a pesar de todo, de ahí que, ante un conflicto emocional tan intenso, reaccione como lo hace. Por suerte, Worf acabará aceptando que le está tratando de una forma demasiado fría e incluso egoísta, reaccionando en consecuencia.

Worf dando consejos de vida a su retoño

En el clímax del episodio, cuando el accidente provocado por el experimento con la Onda Solitón amenaza con destruir el laboratorio de Biología, Alexander, que es rescatado por Worf y Riker, insiste en que salven también a los Gilvos, esos animalitos del planeta Corvan II con los que se ha encariñado. El hecho de que su padre acceda a hacerlo le demuestra que su progenitor se preocupa por él, y acaba asumiendo que su conducta rebelde e indisciplinada sólo le perjudica. Al final, comprendiendo que ha obrado mal, se resigna a ser internado en un colegio klingon. Pero Worf también ha aprendido una lección. Reconoce que, antes de intentar educar a un niño, es necesario tomar plena conciencia de lo que eso significa y olvidar egoísmos y prejuicios que, de algún modo, puedan condicionar esa educación. Así que, dispuesto a conocer mejor a su hijo, llega a un acuerdo con él y Alexander accede a quedarse a bordo de la Enterprise.

La sub-trama de la Onda Solitón aporta al episodio el necesario elemento de ciencia-ficción, aunque algunos fans la consideraron prescindible. Los efectos especiales están bien resueltos y son muy convincentes, pero parece que el revolucionario sistema de propulsión estelar dio más problemas que otra cosa, porque, que yo sepa, nunca se volvió a ver nada semejante en posteriores entregas Trek.

En REUNIÓN el papel de Alexander fue interpretado por Jon Steuer, que hizo un buen trabajo. Pero Brian Bonsall, que apareció en las últimas temporadas de la célebre sitcom Los problemas crecen, le supera con creces. A partir de aquí, interpretaría a Alexander en todos los episodios en los que apareció este personaje. Años más tarde volveríamos a encontrarnos con el hijo de Worf, ya crecidito y convertido en todo un guerrero, en DS9.

© Antonio Quintana Carrandi (875 palabras) Créditos